Jorge Arnaldo Hernández había nacido en la localidad peruana de Piura hace 26 años. Era uno de los 3.328 militares extranjeros integrados en el Ejército español. Tomando como ejemplo la Legión francesa, el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, apostó en 2002 por reclutar a jóvenes de otras nacionalidades ante la falta de vocación autóctona.
En la actualidad, representan casi un 4% de los militares profesionales; nunca podrán superar el 7%. La mayoría son ecuatorianos (1.427) y colombianos (1.241), seguidos muy de lejos por bolivianos (148) y peruanos (123). Guatemala y Costa Rica sólo aportan uno.
La posibilidad de entrar en el Ejército español está restringida a los nacidos en 18 países, todos latinoamericanos, menos Guinea Ecuatorial. Deben tener el permiso de residencia y firman un compromiso de seis años. Si no obtienen la nacionalidad española, no acceden a suboficiales o mandos. Su sueldo bruto en 2006 es de 13.372,34 euros al año, como mínimo.
A finales de 2004, José Bono, sucesor de Federico Trillo en el Ministerio de Defensa, comprobó que el 20% de los paracaidistas que estaban desplegados en Afganistán eran latinoamericanos.