El Rey dedicó el párrafo más relevante de su discurso de bienvenida a Benedicto XVI a desear que el terrorismo y la violencia, ante los que no se puede permanecer «impasible», sean «borrados de la faz de la tierra».
De este modo, en referencia a la tregua de ETA, marcó ante el Pontífice una de las prioridades de la vida pública española. No es ningún secreto que el Gobierno espera que el Papa mencione el asunto, aunque ayer de momento no lo hizo.
El monarca, acompañado de doña Sofía, definió España ante Benedicto XVI como un país «moderno, dinámico y solidario», en el que domina «la concordia y el respeto mutuo», al tiempo que ensalzó la familia, principal preocupación del Papa en este viaje, como «núcleo esencial de la vida». Ratzinger también saludó poco después, en su breve visita a la estación de metro de Jesús, a los Príncipes de Asturias.
En realidad, entonces se produjo, aunque de una forma tan rápida que no delataba la trascendencia del momento, el que ha sido el primer encuentro de Benedicto XVI con don Felipe y doña Letizia. El contacto con la Casa Real culminó por la tarde con la recepción a los Reyes y el resto de la familia, celebrada en el Palacio de la Generalitat valenciana.
Los Príncipes acudieron de nuevo, esta vez con su hija, la infanta Leonor. Luego fueron llegando las infantas doña Elena y doña Cristina, con sus esposos e hijos, y las hermanas del Rey, las infantas doña Pilar y doña Margarita.
El encuentro se desarrolló de forma festiva e incluyó una fotografía de familia, momento en el que el Pontífice jugó unos instantes con los niños.