Los refugiados saharauis disfrutan del verano como unas auténticas vacaciones. Acostumbrados a la vida en el desierto, sin agua corriente y bajo temperaturas que en muchos casos provocan la muerte de algunos, comprueban con asombro cómo la vida se transforma en Oviedo. «Los niños pueden llegar a ganar hasta 15 kilos de peso durante el verano», y regresan al Sáhara «con suficientes reservas», explica el representante de la Delegación Saharaui en Asturias, Bachir Salek.
La comida no es el único aliciente, bañarse en una piscina es «algo increíble. He apuntado a mi niña a un cursillo para que aprenda a nadar, va todos los días», comenta un familiar que acoge durante el verano a una de los chavalas.
Los juegos son, también, otra parte importante. Por ello, Salek acudió ayer, junto a Carmen Manjón, concejal delegada de Cooperación al Desarrollo, y Jesús Isasa, director del Palacio de los Niños, a la presentación del programa de actividades de entretenimiento para los 42 niños saharauis acogidos por familias ovetenses. Se celebrarán esta tarde en dicho palacio.
A la rueda de prensa también asistieron una representación de los niños saharauis que, desde hace unos días, disfrutan de las vacaciones de verano con sus familias de acogida. La adaptación de todos ellos es, en la mayoría de los casos, sorprendente: «Aprenden a hablar castellano en apenas dos semanas, aunque reciben cursos durante gran parte de año», explica Manjón. El objetivo es que cuando crezcan puedan estudiar en países como Cuba, Argelia o Libia, y desarrollar una carrera profesional para ganarse la vida.
Según Salek, «Asturias es, en proporción a su población, la comunidad con mayor número de refugiados saharauis alojados en familias durante el verano», con un total de 303 niños. Muchas de ellas llevan varios años cooperando. Es el caso de Marta, que desde hace tres acoge a Yuli, un niño de 10 años de edad. Su experiencia no se limita a la época veraniega, como muchos otros visita en invierno el campamento de refugiados en el Sáhara. «No entiendo cómo la gente puede subsistir allí. El día que vi aquello, me di cuenta de que realmente viven en medio de la nada», detalla.
'Vacaciones en paz'
Las actividades de esta tarde se enmarcan en el programa 'Vacaciones en Paz', que desde el 2000 se dedica a recoger niños refugiados de entre 7 y 12 años para que abandonen durante unos meses la precaria situación que sufren durante la mayor parte del año y disfruten de una vida decente junto a sus familias de acogida.
No obstante, el trabajo humanitario se remonta a 1995, cuando los refugiados comenzaron a asistir a campamentos de verano. Manjón agradeció el sacrificio de las familias ovetenses, quienes, desde un principio y con «voluntad propia, costeándose el mantenimiento de los niños», permiten el desarrollo del programa humanitario apoyado por un presupuesto consensuado con las ONGs y los grupos políticos.