La costera del bonito se está caracterizando este año por buenas capturas y baja cotización, aproximadamente un 17% menos que el año anterior por las mismas fechas, que los expertos achacan a la competencia que las importaciones provocan, especialmente en el sector conservero.
Los datos son elocuentes. En la rula de Gijón, el precio medio del bonito en estas mismas fechas de 2005 no bajaba de 2,7 euros, mientras que este año llegó ya a los 2,26 euros. Bien es cierto que la inestabilidad es otra característica y que, así como hay noticia de que en una lonja de Cantabria el precio del kilo llegó a estar por debajo de los 1,7 euros, también hay días con ligeros repuntes, que obviamente se producen cuando menos barcos entran.
La abundancia de oferta viene dada también por la prematura incorporación a la pesquería de la flota de tanqueo, con mayor capacidad de extracción que la que utiliza caña, de forma que los barcos más pequeños y artesanales apenas cubren costes.
Esa participación anormalmente prematura de la flota de tanqueo en la campaña se debe a que el bonito se adentró ya en el golfo de Vizcaya, tal vez como consecuencia del cambio climático, y eso propicia la faena de los barcos que utilizan la técnica de cebo vivo (tanqueo).
La flota que utiliza caña o curricán es la que sale tradicionalmente a buscar los bancos de túnidos en torno a las Azores (a mediados de julio) y continúa la exclusiva hasta cerca de agosto, que es cuando los peces se adentran en el Cantábrico. La flota de caña es más pequeña y su técnica de pesca permite realizar viajes más o menos largos sin temor a que el cebo, meros señuelos, muera. Los tanqueros tienen que esperar, pero este año las cosas se adelantaron.
Con las cosas así, la principal preocupación para las lonjas no es ya conseguir barcos, sino lograr compradores realmente interesados en producto de máxima calidad, para conseguir buenos precios y no decepcionar las expectativas de los pescadores ni mermar la propia facturación de las rulas.
En las pescaderías también se nota que la temporada está avanzada. Las ofertas de bonito entero, inimaginables al comienzo de la costera por el alto precio y especialmente habituales a mediados de agosto, son ya profusamente anunciadas en los escaparates de las pescaderías.
No obstante, la caída de precios tiene menor reflejo en las pescaderías del que cabría esperar y eso tiene también su explicación. Las importaciones de bonito congelado y procedencia lejana pueden ser una alternativa para las conserveras, pero no para el consumo en fresco. Los pescaderos están obligados por las circunstancias a buscar la mejor calidad del bonito del Cantábrico. Durante julio de 2005, la rula de Gijón vendió 370.000 kilos de bonito y en los primeros 12 días del mes actual lleva subastados 160.000. Para hoy están anunciados 65.000 kilos más, de forma que todo hace pensar que la cantidad aumente. Otra cosa es la cotización.