Las vidrieras que luce hoy la Catedral no son las originales. Aquellas fueron destruidas durante la guerra civil. Las primitivas las finalizaron los maestros burgaleses Diego de Santillana y Francisco de Somoza en 1510, siguiendo el modelo de las ejecutadas en la librería de la Catedral de León.
El deterioro comenzó poco después y tuvieron que ir cerrándose ventanales. Entre 1923 y 1925, el abogado y fotógrafo ovetense Luis Muñiz Miranda costeó una profunda reforma de las vidrieras, que desaparecieron durante el cerco a Oviedo. Tras la reconstrucción, será la primera vez que se restauren.