LOS presidentes del PP de Asturias y Galicia, Ovidio Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, celebraron en Santiago de Compostela una reunión de trabajo sobre asuntos que interesan a ambas comunidades autónomas. Los dos dirigentes políticos constataron que la autovía del Cantábrico acumula un retraso en su ejecución de cuatro o cinco años, así que decidieron desplegar una amplia iniciativa parlamentaria, que comprende mociones en los respectivos parlamentos autónomos, así como en el Congreso y el Senado, para exigir que dicha infraestructura esté terminada en el año 2009.
Hay una cierta contradicción entre advertir que una autovía lleva varios años de retraso en su construcción y exigir, a renglón seguido, que esté finalizada para dentro de dos años. Si la desviación en los plazos es tan grande como señalan Ovidio y Feijóo, no hay maquinaria administrativa capaz de hacer cumplir el calendario previsto ¿Qué podemos decir de la denuncia de los presidentes regionales del PP?
De entrada, dos precisiones. La autovía del Cantábrico ha acumulado retrasos hasta donde abarca la memoria. Los gobiernos de González, Aznar y Zapatero han corrido las fechas de los calendarios ministeriales, unas veces con el argumento de los argayos, otras veces dando cuenta de dificultades técnicas sobrevenidas, y en toda ocasión echando la culpa al anterior gobierno por realizar proyectos defectuosos o tramitaciones administrativas incorrectas. Todos los gobiernos rectificaron sus previsiones o, simplemente, la realidad demoró las ceremonias de inauguración de la autovía. Esto no quita para que algunos tramos, como el que va de Gijón a Villaviciosa se hayan abierto con antelación.
La otra precisión tiene que ver con la supuesta eficacia de los distintos gobiernos con las autovías. En esto conviene que nos dejemos de monsergas: las autovías se construyen con el viento del crecimiento del PIB moviendo las velas del gasto público, de forma que si decae el impulso de la economía nacional no hay presidente ni ministro que cumpla un solo compromiso de construcción de infraestructuras. Debemos aprovechar la prolongación de la bonanza económica, porque sin fondos estructurales pronto llegará el parón.