La Comisión Intereclesial de Justicia y Paz de Colombia, que dirige Cecilia Naranjo, tiene como objeto recuperar la memoria histórica de los pueblos indígenas desarraigados de sus territorios, fortalecer su identidad y su capacidad de diálogo con el Estado para reclamar su tierra y sus derechos. Hoy se reúne con la Agencia Asturiana de Cooperación y Soldepaz.
-¿Cuál es su trabajo?
-El acompañamiento integral de los desplazados en Colombia. Estamos con ellos las 24 horas. Organizamos zonas humanitarias donde la gente se recoge para no involucrarse en el conflicto armado. Salen por el día a cultivar y vuelven para dormir.
-¿Qué proyecto están llevando a cabo en este momento?
-Nuestro proyecto más importante es la recuperación de las tierras de la cuenca del Curavadó. En 1997 hubo una masacre del ejército colombiano, que desplazó a miles de personas. Al regresar en 2001 se encontraron que su tierra estaba sembrada de palma africana.
-Según el Gobierno colombiano, estas plantaciones de palma sustituyen los cultivos de coca.
-Eso dice el Gobierno, pero la realidad es otra. Eran zonas campesinas donde la gente vivía muy bien cultivando la yuca, el plátano y comercializándolo. Con el bombardeo les echaron de sus tierras o les obligaron a vender bajo presión. Pero ahí no había coca.
-¿Cómo se ponen en contacto con los indígenas?
-Ellos son los que nos piden ayuda cuando se ven asediados por los paramilitares.
-¿Con qué medios cuentan para poder ayudarles?
-Tenemos mucha solidaridad internacional: apoyo solidario, incidencia política. Hay agencias que nos ayudan. En el país estamos en nueve zonas acompañando a comunidades desplazadas.
-¿Qué significa la solidaridad internacional para ustedes?
-Sobre todo es importante la presencia internacional porque son la protección de nuestra vida y de la gente. En Colombia todos los defensores de los derechos humanos somos sospechosos, pero hay muchísimas personas que saben que la lucha por recuperar la tierra es una lucha justa.
-¿Qué le trajo a Gijón?
-Nos preocupa mucho que Asturias quiera crear una planta de refinamiento del aceite de palma, de donde se saca el biodiésel. Porque la palma está sembrada sobre el despojo de la tierra de los nativos y sobre la destrucción de la selva, que es el pulmón del mundo.