El Comercio

Las castañas te esperan

Violeta, de la granja El Trasgu la Fronda, en Laviana, donde ofertan una actividad familiar para salir a pañar castañas, mayar y celebrar el amagüestu
Violeta, de la granja El Trasgu la Fronda, en Laviana, donde ofertan una actividad familiar para salir a pañar castañas, mayar y celebrar el amagüestu / Luis Sevilla
  • Es tiempo de ir al monte por castañas y de amagüestos en los que disfrutarlas, con sidra dulce. En Laviana hay una granja que ofrece salidas y degustaciones en familia

Aún no ha llegado el Airón de les Castañes, con sus cálidas y tremendas ventoleras, pero en Asturias es tiempo ya de ir a la gueta y de amagüestos. Los montes asturianos se han ido tiñendo de ocres y rojizos, el suelo de los bosques caducifolios es una tupida alfombra de hojas muertas y en medio de ellas los oricios caídos comienzan a abrir, mostrando sus frutos.

Con alrededor de 77.000 hectáreas (según el último censo forestal del Ministerio del Medio Ambiente, de 2009) el castaño es el rey de nuestro bosque. De toda esa superficie ocupada por la especie Castanea sativa, la práctica totalidad, un 90%, está hoy abandonada a su suerte o lo que es lo mismo: desperdiciada en su mayor parte. A diferencia de lo sucedido en otras comunidades vecinas como Galicia o Castilla-León (fundamentalmente Bierzo y Ancares) donde el cultivo de esta especie ha experimentado un notable desarrollo, con la vista puesta en dar salida al mercado tanto de sus frutos como de su apreciada madera, los montes asturianos han permanecido descolgados del aprovechamiento de este árbol. Pese a ello los asturianos no han perdido su devoción por el consumo de sus frutos e incluso de la revitalización de costumbres tan arraigadas a aquel como los magüestos: el asado de castañas en ‘faroles’ (tambores cilíndricos con agujeros puestos a girar sobre fuego de leña) y su acompañamiento de mosto de la manzana recién mayada (sidra dulce o del duernu). El humo de los ‘faroles’ y el aroma de los llagares definen el paisaje olfativo de la seronda.

Por estas fechas el calendario de nuestra tierra se llena de toda clase de amagüestos: particulares y familiares, infantiles, vecinales, solidarios o con romántico y escaso afán lucrativo. Los niños parecen disfrutar como nadie de las recreaciones de esta costumbre y a ellos van dirigidas muchas de las actividades organizadas por los propios centros escolares o por diversas empresas dedicadas a promover la educación medioambiental o al ocio familiar. En una de éstas últimas, El Trasgu de la Fronda, en Villoria (Laviana),ofrece la posibilidad de que los más pequeños se conviertan en los auténticos artífices del amagüestu, yendo a recolectar las castañas que luego se ‘afarolarán’ y las manzanas que ellos mismos ‘mayarán’ para obtener la sidra dulce. Divididos en dos grupos –con sus respectivos monitores– y por turnos, mientras unos van a la gueta (a coger castañas en el monte) con sus ‘fates’ (mandiles con una abertura en la que ir guardando los frutos) y sus ‘fustes’ (pinzas sencillas hechas con corteza de avellano), los otros ‘pañen’ manzanas en sus cestas y las llevan al duernu para ser mayadas. Durante las tareas disfrutarán de la compañía y los consejos de seres como un trasgu, un nuberu, una xana, el raposu o de don Pepito, uno de los ejemplares más viejos del Castañedo y verdadero guardián del mismo. «Es una manera de que conozcan y vivan un amagüestu tradicional, participando activamente en él: se lo pasan en grande, además y cuando acaban –nos suelen decir los padres- van rendidos para casa, felices», explican los miembros de esta empresa familiar dedicada al ecoturismo activo.

La difusión de los amagüestos entre unas generaciones que en general ni los han conocido ni en el mejor de los casos han oído siquiera mencionarlos, vuelve a recuperar el eslabón roto de una larga cadena que vincula a los habitantes de esta tierra con el fruto del castaño desde hace siglos, tal vez desde que los romanos introdujeron la especie en la península ibérica. Llamadas ‘El pan de los probes’, las castañas fueron un alimento básico en la dieta de subsistencia en tiempos de malas cosechas y hambruna. Tras la llegada de cultivos americanos como el del maíz o la patata, la castaña no dejaría de ocupar un lugar importante en la despensa de nuestros campesinos, como ración complementaria o provisión estratégica. Hoy, cualquier visita a un supermercado, una tienda de barrio o a un mercadillo semanal nos sirve como apunte para comprobar que Asturias sigue fiel al consumo de estos frutos, venidos ahora de Galicia, Castilla-León o Extremadura.

Es probable que a un importante número de los actuales consumidores de castañas no les digan nada palabras como ‘cuerria’ (cercado de piedras para que abran los oricios), ‘pulguines’ (frutos cocidos sin piel), ‘cayueles’ (frutos tempranos), ‘maniega’ (cesta) e incluso ‘ir a la gueta’ (recoger castañas). También que desconozcan las trece variedades principales de ‘Castanea sativa’ que se dan en Asturias con una treintena de subvariedades y otra docena de variedades sin clasificar, según los estudios realizados por un grupo de investigadores del SERIDA y publicados en el volúmen ‘Cultivares de castaño de Asturias’ (KRK, 2009). Estas variedades se pueden dar en varios concejos del Principado, a menudo dispersos, otras como la ‘caranquexa’ tienen su feudo en Quirós o la ‘bacoa’ en Ibias. Por calidad, la fama se la lleva desde tiempo inmemorial la ‘valduna’, originaria de Las Regueras y extendida por diversas zonas del centro-occidente. En Valduno, precisamente, la localidad que le da nombre a esta variedad, tiene lugar un certamen dedicado a ella y que se celebrará un año más los próximos 12 y 13 de noviembre. Ese mismo fin de semana también celebra su certamen castañero Arriondas, en Parres.

Es tiempo de salir a la gueta, asar castañas y endulzar los días cada vez más cortos del otoño con un vaso de sidra del duernu. Cuando el Airón llegue del sur con sus ventoleras, para derribar de sus ramas los oricios más tardíos, ya muchos de nosotros nos habremos ‘fartucao’ a placer en unos cuantos amagüestos.