El Comercio

«Con ‘El método Grönholm’ queremos reflejar lo que sienten los jóvenes»

«Con ‘El método Grönholm’ queremos reflejar lo que sienten los jóvenes»
  • Cristina Suárez dirige a Saltantes en su versión del texto de Jordi Galceran que hoy se presenta en el Palacio Valdés

Hace un año se estrenó en el Teatro Jovellanos de Gijón y hoy llega al Palacio Valdés de Avilés. Saltantes, una compañía joven y con ganas de hacerse un hueco en el difícil mundo de la escena, presenta ‘El método Grönholm’, un texto que no es cualquiera, con el que en cierta forma querían retratarse a sí mismos y darle a su teatro ese papel de denuncia y reflexión que se le presupone. En los tiempos que nos toca vivir, es obligado: «Buscábamos algo que fuera comprometido socialmente, queríamos reflejar lo que sienten los jóvenes que están montando una empresa o tienen que entrar en el mercado laboral, llevar a escena cómo se podían sentir ellos como empresarios, yo como directora y profesora», señala Cristina Suárez.

Esa búsqueda dio con un texto conocido y al que le había acompañado el éxito. ‘El método Grönholm’ de Jordi Galceran se vio y se disfrutó por miles de espectadores en el teatro, y la versión cinematográfica también obtuvo el respaldo del público. Cumplía los requisitos y se travestía en denuncia explícita del mercado laboral.

Una residencia en la Laboral dio a luz la obra tras un mes de ensayos y preparación.«Trabajamos con los actores la escucha, la máscara social y el no escucharse», revela la directora, que apunta a que para ofrecer una buena interpretación es esencial «aprender a escucharnos para luego dejar de hacerlo». Así fue. Alberto Rodríguez, Carlos Mesa, Luis Alija y Nerea Vázquez se pusieron manos a la obra para sacarle las dosis de humor y reflexión al texto de Garceran, que se aleja bastante de la versión cinematográfica. «Es diferente. La película va más a la pelea frontal, en el texto teatral hay más máscara social», relata. Son cuatro personajes compitiendo por un trabajo que en el texto teatral «dan un rodeo» hasta llegar a darse cuenta de que lo que parecía una batalla profesional ha pasado ya al plano personal.«Hay humor, porque hay muchas pruebas absurdas a las que someten a los personajes y algunos se revelan contra ellas, y eso se ve menos en la película, que explota más el tema sexual, de género». En definitiva, hay más ironía y humor en el teatro que en pantalla grande. «Decimos cosas muy duras, es una reflexión sobre lo que somos y lo que estamos viviendo y sobre cómo gestionamos este tipo de relaciones», relata la directora, que subraya esa dicotomía entre risa y pensamiento que se da en este montaje que mete más de una pulla sobre la situación especialmente dramática de las mujeres. «El mercado laboral está terrible, ya lo sabemos todos, pero siendo mujer todavía más, así que hay un par de guiños al mundo de la mujer», anota.

Todo lo dicho sucede sobre una escenografía muy particular obra de Alejandro Villaverde. «Los muebles son de cartón porque queríamos trabajar con ese concepto de que somos deshechables, como de usar y tirar», apunta Suárez.

Durante una hora y veinte minutos tres hombres y una mujer competirán por un trabajo sobre las tablas del Palacio Valdés.