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El laberinto más grande de España está en Cantabria

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El laberinto, visto desde arriba. / Javier Rosendo

  • Incluye 4.000 pinos y abrirá sus puertas al público el 8 de abril Villapresente. Su creador quería darle a su hija un trabajo con un sueldo digno

Con la idea de darle a su hija un trabajo con un sueldo digno, el vecino de Villapresente, en Cantabria, Emilio Pérez Carral ha construido el laberinto estable más grande de España en una finca rústica cuya propiedad comparte con sus dos hermanos y que, hasta que comenzó a plantar los árboles que servirán como paredes del laberinto, alquilaban «por cuatro perras» para su explotación como terreno ganadero.

Emilio es operario de Montes desde hace treinta años, su sede se encuentra en el vivero de Villapresente y, como debido a su labor no se les escapa nada que tenga que ver con la plantación de árboles, optó por compatibilizar su ocupación principal con la venta, por su cuenta, de pinos para el cierre de parcelas de chalés adosados. Así fue «hasta que la construcción pegó el bajonazo» y se encontró con que no podía dar salida a sus árboles.

Así que hace cuatro años comenzó a poner en práctica la idea que tenía en mente desde hacía tiempo: construir el laberinto más grande de España. «Puede haber otros más grandes, por ejemplo de maíz, que dura unos meses, pero que estén fijos, éste es el mayor», explica el propietario, que se informó de cuánto medían los demás para hacerlo más grande y conoció así que «hay uno en Cartagena y otro en Barcelona».

El laberinto ha causado un gran revuelo en toda la comarca y no han faltado los comentarios y la pesquisas al respecto, como señala Emilio. «Al principio, decían que era una plantación, no sabían que era un laberinto y cuando se enteran, se quedan sorprendidos». Entre quienes lo saben, hay una broma que es especialmente recurrente, pues «muchos dicen, sobre todo en las redes sociales, que ahí meterían a su suegra». A la hora de ponerse manos la obra, este vecino de Villapresente tuvo que escuchar todo tipo de comentarios sobre su salud mental que se tomaba con mucho humor, entre los que rememora uno riéndose: «Un hombre de aquí abajo me decía que si me había pegado el sol».

Entre broma y broma

Entre broma y broma, amigos, compañeros y vecinos le ayudaban a plantar los árboles, aunque recuerda que algunos no estaban muy convencidos de que su trabajo pudiera llegar a buen puerto: «Decían que dentro de tres años habría que arrancarlos».

Lo primero que hizo el propietario fue dibujar sobre un papel el laberinto y a continuación, marcar con cal las líneas en las que plantaría los pinos, un total de 4.000, dispuestos en filas que suman unos cuatro kilómetros de longitud y ahora alcanzan una altura de 2,5 metros. En total, ocupan una superficie de 5.000 metros cuadrados.

Desde que uno entra al laberinto hasta que sale, «lo normal es tardar una hora y pico», aunque Emilio dice que «alguien que se oriente muy bien puede salir en treinta minutos». Él es el único que conoce el recorrido a la perfección aunque su hija, Mónica, «tiene también otros trucos para salir, pero no lo hace entero».

Ella va a ser la que se encargue de la gestión cuando el laberinto abra al público, que lo hará el 8 de abril, pues ya cuenta con los permisos necesarios por parte del Ayuntamiento de Reocín y de la Comisión de Ordenación del Territorio y Urbanismo (Crotu) y sólo falta que esté en regla lo necesario para abrir a la vez un bar que estará ubicado junto a la entrada. «La idea es que entre el dinero de la entrada y lo que se saque en el bar, mi hija pueda cobrar un sueldo digno», explica Emilio, que no quiere «que esté cobrando 800 euros como están pagando ahora en cualquier sitio haciendo otro trabajo».

Aún no tiene claro qué precio le pondrá a la entrada pero baraja la posibilidad de que sea «entre tres y cuatro euros», sin subirlo más para dar opción a que «por ejemplo, lo pueda disfrutar una familia entera».

En la parte exterior del laberinto, el propietario ha instalado ya unos aseos y en el tiempo que queda para abrir planea incluir algunos detalles, como pueden ser bancos para que los usuarios se relajen en la zona central del jardín. Si alguien no encuentra la salida, Pérez irá en su busca, y ésta será desde la apertura al público su única ocupación, además de la poda de los setos que forman el laberinto. La posibilidad de entregar un mapa con la entrada la descarta porque piensa que «no tendría gracia», por lo tanto, sólo se dará su número de teléfono «por si hay que ir a sacar a alguien».

Visitas clandestinas

Desde que se ha corrido la voz, el laberinto está recibiendo visitas clandestinas, aunque al propietario le gustaría que «de momento, no viniera la gente porque lo malo no es que entren, lo malo es que rompen los árboles para salir». Ni el pastor eléctrico que ha colocado ahuyenta a los curiosos, por lo que la Guardia civil tuvo que sacar hace unos días a varios adolescentes.

Para entrar de manera legal, habrá que esperar un par de meses y será entonces cuándo el hombre empiece a ver los frutos de su trabajo pues la incertidumbre de cómo responderá el público «es grande». Espera que influya el hecho de que la atracción esté ubicada cerca de Santillana del Mar y de Suances y cree que, de igual forma, toda la zona se podría ver beneficiada.

«El Ayuntamiento me está apoyando a tope», asegura Pérez, dando las gracias al alcalde, Pablo Diestro, y también a los vecinos que le han ayudado. A partir de ahora, Villapresente contará con un lugar perfecto para perderse, donde surgirán anécdotas todos los días. Quien quiera probar su capacidad de orientación, ya sabe a dónde puede dirigirse.

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