«El arte es una receta que cura la mediocridad y el espanto»

Carlos Goñi, líder de Revólver.
Carlos Goñi, líder de Revólver. / E. C.

Carlos Goñi, comandando a 'Revolver', inicia en el auditorio del Centro Niemeyer la gira con la que celebra los veinticinco años del disco 'Básico I'

ALBERTO PIQUERO

Esta tarde llega al Niemeyer Revólver, con Carlos Goñi al frente, estrenando una gira que se prolongará por toda España para conmemorar los veinticinco años de la grabación de 'Básico I', un disco que revolucionó la idea de los conciertos acústicos. Goñi despliega una gran cordialidad ante la entrevista, aunque no se trata de vender nada, pues todas las entradas están agotadas.

-¿Volver 25 años atrás envejece o rejuvenece?

-Soy muy poco nostálgico, siempre digo que lo mejor está por venir. Para volver a estas canciones no he tenido que hacer nada especial, pues siempre nos han acompañado. Pero sería necio no reconocer que fueron determinantes en mi historia musical.

-¿Las canciones han ido madurando, aunque sigan siendo las mismas?

-Lo único que me prohíbe mi religión es aburrirme. En principio, no me canso de tocarlas, sino que estoy encantado, porque solo alguien muy egocéntrico le discute al público lo que te pide. Lo que sí hago es darles una vuelta, reencontrarme con ellas de otra manera, pero manteniéndolas reconocibles.

-Hablando del público, ¿ha cambiado mucho en este cuarto de siglo?

-Eso espero, porque en otro caso habrían perdido el tiempo (ríe). Hemos de recoger lo que los años años nos van brindando. Eso, sí, gozar de un público que va de los veinte a los sesenta años es fantástico, juntar a padres e hijos. Los hay que preferirán conciertos eléctricos y otros, los acústicos; pero se les puede hacer a todos felices.

-¿Empezar una gira, pese a que se tenga mucha carretera recorrida, altera los nervios?

-Los altera tanto que ayer me acosté a la una de la madrugada, revisando canciones, y a las cuatro (también de la madrugada) ya estaba despierto. Soy muy pasional para todo, pongo la vida en lo que hago. Nervios, todos.

-La apertura es en un teatro, que se corresponde con su espacio preferido para los conciertos.

-Sí, los teatros están concebidos para eso, es donde la música suena bien y se puede tocar a gusto, te encuentras cómodo y ningún idiota te tirará una cerveza encima. Si los conciertos salieron de los teatros fue porque en recintos multitudinarios quienes los organizan gastan menos y tienen mayores ganancias.

-Yendo a algunas de las canciones que se rememoran, en 'El roce de tu piel' se asegura que «no hay droga más dura que el amor sin medida». ¿Continúa creyéndolo?

-Sí, sí, lo certifico por completo. Lo difícil es encontrarlo. El otro día ví una película en la que la protagonista se negaba a tomar una copa y eso extrañaba a los demás, hasta que les confesó que si empezaba no iba a conformarse solo con una. Es como el amor, que también es adictivo. Lo que hay entre un amor y otro es gris.

-¿Conserva todavía la primera guitarra acústica que compró, de nombre Maya, por cinco mil pesetas?

-No, en ese sentido no soy fetichista. La compré en Zaragoza, eso lo recuerdo. Las únicas guitaras que conservo son las que me han regalado. Lo que sí acumulo son libros.

-Para estos tiempos de confusión, ¿la receta que se puede prescribir es buen rock y buen blues?

-Yo creo que cualquier demostración artística viene bien. El arte, en general, cura de la mediocridad y del espanto.

-¿Por qué se ha decidido a iniciar la gira en Asturias?

-Es la tercera vez que inicio una gira en Asturias. Y el motivo es muy sencillo, tengo muy buenos amigos ahí, entre ellos José Manuel Tejedor, que es íntimo aunque nos veamos menos de lo que quisiera. Incluso pensé comprar una casa en Asturias.

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