¿Será cierto que quien tuvo, retuvo?

Carlos Faemino y Javier Cansado./E. C.
Carlos Faemino y Javier Cansado. / E. C.

Carlos Faemino y Javier Cansado estarán hasta el domingo, en el Teatro Jovellanos mostrando su resistencia ante los años

ANA SOLÍS

Allá por los años 80, un domingo cualquiera, en un rincón de El Retiro y a las diez de la mañana, dos veinteañeros, uno de Moratalaz y otro de Carabanchel, hacían su primera aparición ante el público. Juan Carlos Arroyo Urbina y Ángel Javier Pozuelo Gómez son los nombres de estos dos por entonces desconocidos. Faemino y Cansado, el popular dúo cómico en el que se convertirían poco tiempo después. Ahora, tras casi 40 años sin descanso, siguen sobre los escenarios demostrando que «el humor carece de límites, no hay chiste cruel, sino malo», como explican.

Así lo harán hoy, mañana y pasado en Gijón, donde sobre las tablas del Teatro Jovellanos darán fe de que el paso de los años no siempre tiene que ser algo malo con ‘¡Quien tuvo, retuvo!’, su último espectáculo. A partir de las 20.30 horas y con un precio que oscila entre los 20 y los 24 euros por entrada. Sin elementos innovadores en la puesta en escena, pero con el humor de siempre y asegurando que las risas y la reminiscencia no faltarán.

Chascarrillos

‘Que va, que va, que va... ¡Yo leo a Kierkegaard!’. Su frase de presentación. Daba igual lo que dijeran o hiciesen, por muy turbio que fuese siempre intentaban escabullirse de lo que acababan contar pronunciándola.

‘Millones de pesetas’. Sorprendentemente, siempre andaban con algunas decenas de millones en algún bolsillo, zapato o incluso entre las muelas.

‘A mí, como si te la machacas con la tapa de un baúl’. Uno a otro, el otro a uno. Con descaro y aspavientos dejaban claro que no les importaba en absoluto dónde andase metido su compañero, en el mítico monólogo de ‘Ikea’.

‘Arzobispo de España’. Nunca antes nadie hizo tan famosa una canción misionera. Entonando tan sólo tres palabras.

‘El cordero no se come’.Adiós a los traumas de Faemino: el Dr. Cansado rápidamente le cambió la dieta de este animal por verduras.

Pasado, presente y futuro inalienable en el mundo de la risa para este ‘par de colegas’ que, valiéndose de su ingenio y de su gracia natural, han conseguido no pasar de moda. Sarcasmo, surrealismo y acabar en el absurdo son las claves de sus chistes perennes que, sin imitaciones ni política, tan solo se centran en analizar lo cotidiano al detalle para exprimirlo de la forma más disparatada. Copa de coñac en mano –Faemino dejó atrás su cigarrillo hace años–, haciendo alguna que otra virguería cada vez que se suben al escenario, vestidos de la misma forma –Faemino con predilección por el color rojo y Cansado, por el azul– deleitarán al público. Ellos son el espectáculo mismo.

De bares y teatros a la televisión y regreso a los escenarios. Así ha sido la trayectoria de los autores de la inolvidable «que va, que va, que va... ¡Yo leo a Kierkegaard!» y de espacios televisivos de los 90 como ‘El cajón desastre’ o ‘El orgullo del Tercer Mundo’, emitidos en Televisión Española. Con ello, marcaron a toda una generación y consiguieron que sus chascarrillos permanecieses inmortales al paso del tiempo.

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