«No vivimos en tiempos de Dylan, un tuit vale más que una estrofa»

«No vivimos en tiempos de Dylan, un tuit vale más que una estrofa»
Guiu Cortés es El Niño de la Hipoteca. / EFE

El Niño de la Hipoteca ofrece mañana en Gijón un concierto en acústico en el que también pondrá sobre las tablas su personalidad singular e intransferible

Alberto Piquero
ALBERTO PIQUEROGijón

Empezó siendo músico en el Metro y tras un largo recorrido ahora agota taquillajes. Es Guiu Cortés, o sea, El Niño de la Hipoteca (Barcelona, 1982), quien estará mañana en el Memphis Live Music para ofrecer un concierto en acústico.

-Aunque después siguió por otros derroteros, ¿comenzó acercándose a la música en aulas de conservatorio?

-Sí, pero eso era música obligatoria. Me enviaron mis padres al conservatorio para tenerme ocupado un tiempo. Pronto pasé de la música clásica al jazz, el blues o el rock. Y también a la búsqueda de un instrumento, que acabó siendo el contrabajo. Un poco de todo, mientras estudiaba Humanidades, que son magníficas para ganar al Trivial. La conjunción de todo eso parece que me sirvió.

-Ahora se le escucha en el teclado del piano.

-Desde hace medio año, estoy en ello. Era un instrumento que me faltaba y que me ayuda a no estancarme.

-Volviendo a los años jóvenes, ¿qué tal fue su experiencia de cantante en el Metro?

-Económicamente, muy ajustada. Mis compañeros universitarios me proporcionaban algún dinero. Estaba solo dos horas al día, pero ahí encontré la forma de cantar, la voz personal que no había logrado hallar en las escuelas de canto a las que asistí.

-Uno de los grupos musicales a los que perteneció fue 'Lechuga en los tanatorios'. ¿Pasaron de la teoría a la acción, dieron algún concierto en tanatorios?

-Estábamos locos, pero no tanto. Por esa época nació El Niño de la Hipoteca, pues fui incorporando algunas canciones que resultó que eran las que más gustaban y yo me dije que ahí estaba ocurriendo algo. Hacíamos rockabilly acústico y, sobre todo, lo pasábamos muy bien.

-¿Cómo definiría la música que interpreta en la actualidad?

-En principio, como persona, me defino al modo de un capullo adorable. Musicalmente, soy culo de mal asiento. No creo que esté haciendo exactamente una rumba de mestizaje, ni tampoco 'cantautoreo'. Últimamente, tiendo al rock cercano al 'grunge'. En realidad, depende de los estados de ánimo y de las circunstancias. Y aunque no lo parezca, hay un proyecto lírico en las letras, que cuentan historias e historietas, procurando rodearlas de la música adecuada y de calidad.

-En ese lirismo, se asoma por ciertas costuras el humor. ¿'Copy Paste', que hilvanó mediante líneas de canciones de autores ajenos, tan distintos y distantes como Loquillo, Alaska, Serrat o Los Fruitis, es un homenaje o una ironía?

-Un poco de cada cosa. En el fondo, a partir de una broma lo que urdí fue una especie de 'collage', de puzle, que tiene una lógica narrativa, aunque no sea muy extrema.

-En 'Esta historia va al revés', escribe que «a veces para ser feliz hay que luchar e insistir». ¿No puede suceder que ni así se consiga?

-No hay normas para nada, ni yo predico ninguna doctrina. No obstante, pienso que la perseverancia es importante, sin olvidar que existen muchos factores condicionantes.

-¿La crisis política catalana alcanza a los artistas?

-La crisis catalana esconde otras crisis mayores que nos conciernen a todos. Y es motivo para despertar sentimientos y transformarlos en canciones y denuncias. Si bien ya no vivimos en los tiempos de Dylan y un tuit puede tener más fuerza que una estrofa.

-¿Ha resuelto la hipoteca?

-Digamos que estamos más cerca de liquidarla.

-¿Es la primera vez que viene a Asturias?

-Estuve antes en un concierto en la Plaza Mayor de Gijón. Después, la noche fue larga. Las calles olían a sidra. Por lo que recuerdo, ahí hay muy buena marcha.

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