La cueva de La Loja y la Sauceda de Buelles

La orilla del Deva-Cares, río que desemboca en el Cantábrico.
La orilla del Deva-Cares, río que desemboca en el Cantábrico. / BERTA PIÑÁN

Un corto recorrido por la orilla derecha del Deva-Cares nos muestra una cavidad prehistórica y un bello bosque

BERNARDO CANGA | CARMEN PIÑÁN

En Peñamellera Baja y siguiendo las orillas (mejor la derecha) del caudaloso Deva-Cares (hay quien lo llama, ‘solo’, río Deva, erróneamente) se puede hacer un tranquilo y bello paseo didáctico, de menos de una hora por la llamada Sauceda de Buelles y, de algo más de tiempo, al entorno de la Cueva de La Loja (entrando en ella, o en su centro de interpretación, si tenemos suerte y está el guía de la misma). Para ello se puede partir igual del pueblo del Mazu (o El Mazo), cercano a Panes (un kilómetro), que de Buelles (ambos en la carretera nacional N-621). En la orilla izquierda se podría ir desde la aldea de Narganes (en la carretera AS-343, de Colombres y Villanueva, a Panes), también por senda o pista.

Lo mejor creemos que es desde cerca del Mazu, tomado una pista junto a la depuradora y gasolinera de Panes. Hay un pequeño apartadero para dejar el vehículo. La caminata será en dirección norteña y después al Oeste (y luego cambiar al Este), paseando entre los sauces, a orillas del caudaloso río. No está señalizado el camino, pero se ve bien marcada la pista y los senderos, entre praderías. Hay incluso una playa fluvial a la mitad. Luego se podría llegar a los pueblos citados de Buelles o del Mazu, por sendas. La pista central conduce también a esos pueblos y a la famosa cueva de La Loja (a la que se llaga bien en una media hora de paso suave, en dirección norteña). Todo el recorrido, igual a un lugar que a otro, nos llevará entre ida y vuelta, menos de dos horas aproximadamente, depende del recorrido a seguir… Aunque, con dificultad, asimismo, se podría llegar a Panes, la capital de Peñamellera Baja. En el entorno de La Loja, además de la cueva y un edificio como centro de interpretación (generalmente cerrado),se pude seguir un sendero junto al río (al Oeste) que nos conduce por estrecho camino y pasarela a una caseta de pescadores. Este tramo es muy hermoso, pero algo peligroso con niños.

Es sabido que los sauces prefieran en suelos húmedos y profundos, creciendo incluso dentro del agua. Este hábitat tan curioso es el que nos facilita caminar por esa orilla del río, que trae sus aguas de los fríos neveros de los Picos de Europa. Los sauces fueron poco a poco talados de las riberas de nuestros ríos por la producción agrícola y ganadera, por eso esta sauceda es tan importante; posiblemente, la más destacada de todo el Norte de España; y que está, además, en buen estado de conservación. Tal parece una reliquia del pasado. Sus orillas son apropiadas para ser inundables y es el lugar idóneo para las especies más resistentes de sauces.

Aquí, en esta reliquia (declarada Monumento Natural), hay una primera línea de contención o sauceda arbustiva; y, luego, tras esta línea de protección, esta una segunda constituida por otra sauceda arbórea, la mayor de la Cornisa Cantábrica. Todo ese bosque ribereño, hábitat de la Nutria, el Martín Pescador, la Lamprea y el Avión Zapador, está lleno de sauces blancos, de gran porte, que conviven aquí con alisos y robles. El paseo será breve pero muy reconfortante y didáctico. Luego se podría ir al cercano Jardín Botánico de los Picos de Europa, en Panes (digno de pasear en menos de una hora).

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