«Cuando yo empecé, ser cantautor se identificaba con una cierta pesadez»

Pablo Valdés, con su guitarra en Cimadevilla. / PALOMA UCHA
Pablo Valdés, con su guitarra en Cimadevilla. / PALOMA UCHA

Pablo Valdés continúa la gira de presentación de su octavo disco, 'Canciones salvavidas', que junto a The Crazy Lovers lleva esta noche al Savoy gijonés

ALBERTO PIQUERO

Aunque ya venía rodado de los conciertos en vivo que fueron dando forma y fondo a su personalidad artística, Pablo Valdés (Oviedo, 1985), junto a The Crazy Lovers, redondearon su primer disco, 'Donde nos lleve la carretera', hace una década. Después, vinieron siete más, alguno de ellos en solitario, como 'Habitaciones separadas'. Y un largo viaje muy fecundo, pues a juzgar por la agenda de quien esta tarde presentará 'Canciones salvavidas' en el Savoy Club de Gijón, su guitarra (y armónica) no paran. Todo a ritmo de rock & roll de estirpe norteamericana, bien que esta última grabación module versos de un cierto optimismo popero, escritos contra la zozobra social.

-Diez años desde 'Donde nos lleve la carretera'. ¿Qué tal ha estado el tráfico?

-Encontrando bastantes barreras por el camino, pero eso no ha impedido continuar el trayecto a todo trapo.

-Empezó el viaje en los locales de la calle Martín Vigil, ¿cuál es la salud actual de la música en vivo?

-Ahora mismo, muy complicada. Antes de mi primera época, estaba totalmente prohibida, salvo en lugares como 'El cascayu', de Gijón. Luego, se permitió en todo tipo de lugares, hasta que volvieron a recortarse los permisos. Hoy vivimos en un vacío legal, que cualquier vecino con una llamada telefónica puede convertir en persecución.

-De chiquillo escuchaba en casa a Sabina, pero parece que tuvo mayor influencia un tío suyo que admiraba a Springsteen...

-Siempre que viajábamos con ese tío mío, ponía música de Springsteen, sí. O de Dire Straits. Pero también comencé a escuchar a grupos como Nirvana. Y en la radio, que casi todo me parecía bazofia, descubrí a Quique González y a Calamaro, que eran una excepción. Tendría yo doce o trece años y empecé a cantar esos temas.

-Sin embargo, pasado el tiempo, participó en un concierto con Calamaro que no fue demasiado afortunado...

-Sí, tocamos con él. Y el concierto fue brutal, muy bueno. Lo que ocurrió es que personalmente no debía tener su mejor día... A lo mejor, si lo encontramos en otra ocasión ofrece otra cara...

-¿Hay un Pablo Valdés cuando está con The Crazy Lovers y otro en su trayectoria individual?

-La esencia es la misma. En solitario, reservo momentos un poco más íntimos y medios tiempos y con el grupo es el rock; pero el fondo no difiere.

-Se le adjudica la condición de 'songwriter', que viene a ser una equivalencia de cantautor. ¿Es un concepto a revalorizar, después de que haya sido menospreciado durante una época?

-Es verdad que cuando yo me inicié la palabra cantautor se identificaba con una cierta pesadez, en la línea de Silvio Rodríguez, Aute o, posteriormente, Ismael Serrano; pero aunque yo me siento más cercano a la onda norteamericana, hoy esos cantantes me flipan también. Las cosas suyas que me gustan, me gustan mucho.

-Yendo a las 'Canciones salvavidas' y si me permite la pregunta retórica: ¿las canciones pueden salvar vidas?

-Lo primero que he de decir es que este disco se fraguó a lo largo de varios años, cambié de canciones innumerables veces. Y responde a mi hora presente . Contestando a la pregunta, las canciones pueden salvar estados de ánimo.

-¿Cuál es el eje del disco?

-Tiene un espíritu positivo. Es nuestro disco más pop, no en su sentido denigrante, sino por unas letras que alientan a luchar contra muchas de las cosas que nos rodean. Frente a esas miserias sociales, no queda otra.

-En Asturias se hace y crea buena música. ¿Se difunde?

-Hay gente con mucho talento. Lo que ocurre es que el público, en general, prefiere versiones.

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