Esculturas callejeras

'El elogio del horizonte', una de las esculturas urbanas más impresionantes del país. /P.C.
'El elogio del horizonte', una de las esculturas urbanas más impresionantes del país. / P.C.

Las ciudades asturianas se pueden visitar con la mirada puesta en las obras de arte escultóricas que adornan sus espacios públicos. Puro eclécticismo para gustos dispares

MARIFÉ ANTUÑA

Modelar la materia para crear belleza es tan antiguo como nosotros mismos, siempre alerta para adornar la vida con toda la luz del arte. Las ciudades, y también el medio rural, se han dejado seducir por la escultura como una herramienta irresistible, irreprimible, y a veces hasta irreverente, para vivir mejor. En Asturias llevamos una vida entera adornando nuestros entornos vitales con esculturas que, cuando llega la primavera, emergen con otra luz, se abren a nuevos horizontes y otras miradas. No es lo mismo observar las 'Sombras de luz' que Fernando Alba sembró enfocando al mar de San Lorenzo con los temporales del invierno y las olas rugiendo que hacerlo ahora que por fin se asoma la primavera. La luces y las sombras son otras. Por eso no es mal plan para este mayo ya mediado caminar y mirar, ver y descubrir esas sombras y otros muchos horizontes entre hormingón, acero, mármol o bronce.

'Avilés', de Benjamín Menéndez, en la ría.
'Avilés', de Benjamín Menéndez, en la ría. / MARIETA

Sin salir de Gijón, es obligado mirar al norte desde el imponente legado que dejó Eduardo Chillida sobre el cerro de Santa Catalina, sin duda una de las esculturas urbanas más brillantes y epatantes de nuestro país. Muy cerca se encuentra el 'Nordeste' que imaginó Vaquero Turcios para alentar la subida hacia la mágica atalaya que enomoró a Chillida. La mar es multiplicadora de ilusiones y bellezas, por eso muy cerca de ella se ubican 'Solidaridad' de José Noja o el 'Castillo de Salas' que rehizo en el Cervigón el prolífico Rubio Camín, muy presente con su obra en esta y otras ciudades. Paco Fresco o Pablo Maojo son algunos de los artistas que también han puesto su firma en diferentes emplazamientos de una ciudad que siempre ha mirado al otro lado del Atlántico a través de los ojos de 'La Lloca' del Rinconín.

'El diestro', de Berrocal, en Oviedo.
'El diestro', de Berrocal, en Oviedo. / MARIO ROJAS

Si Gijón es un auténtico museo escultórico al aire libre, Oviedo no le está la zaga. Tiene en sus calles esculturas de creadores tan reconocidos como Fernando Botero. El colombiano cuenta en la plaza de la Escandalera con su 'Maternidad', que no está muy alejada de la obra de otro gran nombre del arte, el de Manolo Valdés, que convirtió en bronce para la antigua Cajastur unos bellos asturcones. En esa zona central de Oviedo se acumulan las propuestas. Si miramos hacia el Campoamor está el 'Culis monumentalibus' de Úrculo; si lo hacemos hacia la plaza de Porlier, 'El viajero' del mismo autor.

'La maternidad', de Botero.
'La maternidad', de Botero. / M. ROJAS

Si continuamos el viaje hacia el Antiguo, en la plaza de la Catedral mira impertérrita la vida pasar la literaria 'Regenta'; si por el contrario volvemos hacia el Campoamor aparece 'El diestro' de Miguel Ortiz Berrocal, no demasiado lejos de donde se encuentra la hoy polémica escultura de Woody Allen. Oviedo tiene querencia hacia los personajes públicos y cuenta además con esculturas del Papa Juan Pablo II y hasta del mismísimo Arturo Fernández. No es real -pero casi-, la Mafalda que ocupa banco en el campo de San Francisco. Sebastián Miranda, Julio López Hernández, Manolo Linares o Vicente Santarúa firman algunas de las obras escultóricas ovetenses, que dibujan un conjunto ecléctico como pocos.

El 'Culis' de Úrculo.
El 'Culis' de Úrculo. / MARIO ROJAS

Avilés atesora mucho arte en sus calles. Desde el año 2005 una de las más llamativas se sitúa en la ría y es obra de Benjamín Menéndez, que con hormigón armado y acero cortén creó tres conos de hasta 30 metros de altura y diferentes inclinaciones que son ya un icono. En la villa se deja ver y querer también el trabajo del gran Joaquín Rubio Camín, que colocó allí su 'Ara' en 1995 junto a los Canapés y dejó en el parque Ferrera un hermoso 'Tejo herido' en 1989. José Noja encontró su 'Eslabón' compartiendo miradas con las 'Hélices' de Saint-Nazaire, obra anónima de bronce que en 2003 fue obsequiada por la ciudad francesa homónima con motivo de su hermanamiento con Avilés. Una foca, la Monstrua de Carreño Miranda, un tratante y las mismísimas Marta y María adornan una ciudad que ha dibujado su pasado y su presente a golpe de gubia y cincel.

'Cubos de la memoria' de Agustín Ibarrola, en Llanes.
'Cubos de la memoria' de Agustín Ibarrola, en Llanes. / JUA GARCÍA LLACA

En el cruce de caminos entre las tres ciudades asturianas, en la autopista Y, está otra escultura que busca poner un poco de luz y color en medio del implacable tráfico. Hay un 'Cauce de energía' de Vaquero Turcios que es para los asturianos un 'Cuélebre' y que dificilmente es ajeno a las mirada de quienes circulan. Porque también en las carreteras se deja ver el arte. No es esta obra, concebida para la inauguración de la vía en 1976, la única. Rubio Camín dejó su 'Estela Norte' de 12 metros de altura y acero cortén en el enlace de Caravia de la autovía del Cantábrico en 2006.

'El eslabón', en Avilés.
'El eslabón', en Avilés. / MARIETA

Esa autovía conduce a Llanes. Allí, otro artisa imprimió su huella mirando al Cantábrico. Agustín Ibarrola firma otro espacio icónico vinculado al arte: los 'Cubos de la memoria'.

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