«Para mí el fado es una terapia»

«Para mí el fado es una terapia»

La joven estrella Nathalie actúa esta noche en el Teatro Filarmónica dentro del ciclo que cada año se le dedica en Oviedo a la canción tradicional lusa

MIGUEL A. FERNÁNDEZ

Nacida en los Estados Unidos en el seno de una familia portuguesa, Nathalie (Perth Amboy, New Jersey, 1986) es uno de los nuevos nombres que llegan para dar a conocer por todo el mundo la música de Lisboa. Con dos discos publicados (‘Corre-me o fado nas veias’ en 2007 y ‘Além fado’, en 2016) recorre un terreno común a los jóvenes intérpretes: la ida y vuelta entre la tradición y las ganas de aportar nuevas sonoridades a una música que no deja de crecer.

¿Cómo fue su comienzo en el fado?

-Empecé a cantar fado para sentirme más cerca de Portugal. Fue cuando era niña, para una comunidad portuguesa llena de inmigrantes que sentían mucha ‘saudade’. Hasta creo que si hubiese nacido en Portugal el fado no sería tan especial para mí. Fue una cosa muy natural y cuando el fado recibió el reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad viajé a Lisboa para mostrar cómo era presentado el fado fuera del país. Así comenzó todo, ahí comenzó mi nueva etapa en Portugal.

Entonces, ¿era el fado su única inquietud musical?

–Yo cantaba de todo. Pop, rock, pero cuando cantaba fado el público escuchaba. Era otra energía, otra emoción. Por eso me sentía tan bien: había un género en el que me podía expresar de una manera que no sucedía con otros.

Y cuando llega a Lisboa, ¿el mundo del fado era como pensaba?

–Nunca pensé que podría cantar en Lisboa. Tuve mucho apoyo de músicos, cantantes… Nuestros estilos son tan diferentes que habiendo encontrado personas tan increíbles siento que si no tuviese ese apoyo no sería capaz de cantar allí. Fue un sueño hecho realidad.

Su primer disco fue grabado en Estados Unidos.

–Sí, era muy joven, con diecinueve años. Casi fue una broma para poder venderlo en mis conciertos. Pero empezó a hacerse conocido a través de internet y me llevó a cantar por muchos lugares, tanto en Europa como en Estados Unidos o Canadá. La mayoría son temas de Amália, fados tradicionales. Así pude conocer a muchos músicos en Portugal y, por ejemplo, a Ricardo J. Días, el productor de mi segundo disco y que también fue músico con Cristina Branco o Mísia, por poner dos ejemplos.

La sonoridad del disco está muy clara con el piano de Ricardo J. Días.

–Él trabajó mucho con grandes artistas y les dio su sonido. Las músicas más difíciles que he tenido que afrontar en mi carrera me las enseñó él. Y claro, por eso el disco se titula ‘Além Fado’ (más allá del fado), porque va más allá del sonido tradicional.

¿En quién se inspira?

–Me inspiran mucho Carlos do Carmo, Camané o Ana Moura. Y claro, Amália. No pasa un día sin que escuche una canción suya. El fado de hoy en día me inspira bastante. No obstante, aunque adoro la simplicidad del fado antiguo, creo que si el fado no evoluciona, si cantamos siempre los fados que fueron cantados y tocados hace cien años, el fado no tendrá futuro.

Recientemente asistimos a una gran disputa en el mundo fadista cuando Mísia, en un recital en Argentina rehusó cantar ‘Uma casa portuguesa’ porque no se identificaba con la letra. ¿Qué opina sobre la identificación del cantante con los textos de las canciones que interpreta?

–Creo que el fado es terapia. A veces cuando estoy pasando por alguna dificultad necesito un fado que diga eso por mí. Entiendo que los fadistas, para ser genuinos y auténticos, tienen que cantar aquello que les dice algo. Respeto eso, la decisión de cantar aquello que consiguen transmitir al público con convicción. Pero no sé, no estuve allí. Cada artista tiene que defender su trabajo.

El mundo del fado no tiene medias tintas.

–En mi próximo álbum, que se editará en noviembre, el productor es José Mário Branco, uno de los más tradicionales que hay. Y yo tengo una frase: o expresión o exhibición. El fado no es subir al palco y tener el vestido más bonito o llegar a tal o cual nota o tener la mayor voz. No es eso. El fado es expresar las letras y justificar a los poetas que te dieron la autorización para cantar sus historias. Dar rumbo también a los músicos. No hay que ser más original, sino respetar la autenticidad.

Su primer fado

–‘Foi Deus’, de Amália.

Su primera casa de fados.

–Adega Machado.

También tiene una carrera universitaria y una profesión de contable.

–Sí, la contabilidad es mi realidad y el fado mi terapia. Aunque ahora el fado casi me lleva tres cuartas partes de mi tiempo, lo cual es genial

¿La personalidad, la sensibilidad americana influye en su carácter artístico?

–Yo no lo noto, pero la gente con la que vivo en el fado sí. Dicen que en mi manera de interpretar, de estar en el escenario, tal vez en las costumbres… ¡qué sé yo! En Estados Unidos me siento portuguesa y americana en Lisboa. No es la misma disciplina de las casas de fado, esa manera de vivir ‘barrista’. Siento mucha responsabilidad y presión porque parece que viniendo de fuera tengo mucho que aprender al no tener esa escuela.

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