«No acepto que los límites a la libertad de expresión lleven a gente a la cárcel»

Ismael Serrano posa antes de una entrevista. / EFE
Ismael Serrano posa antes de una entrevista. / EFE

El cantautor vallecano conmemora hoy en el Jovellanos, el primer teatro en el que actuó, los veinte años de su primer disco, 'Atrapados en azul'

ALBERTO PIQUERO

Dos décadas han transcurrido desde que Ismael Serrano (Madrid, 1974) compareciera en la escena discográfica española con 'Atrapados en azul'. Y la conmemoración, cuya gira llega hoy al Teatro Jovellanos, lo recuerda bajo el título de '20 años. Hoy es siempre'. Aunque el cantautor también se acuerde del ayer y mantenga esperanzas de un mañana mejor.

-¿Veinte años no es nada, que nos cantó Gardel, o la vida es eterna en cinco minutos, al pie de la letra de Víctor Jara?

-Estoy más de acuerdo con Víctor Jara. En veinte años suceden muchísimas cosas, aunque a veces tengas la sensación de que el tiempo pasa rápido. Son muchas las cosas aprendidas, los sueños logrados y todo lo que he de agradecer.

-En el disco conmemorativo, se incluyen versiones de quienes le precedieron como cantautores, Aute, Sabina, Luis Pastor, Silvio Rodríguez... ¿Es de bien nacido ser agradecido?

-Hay que reconocer las deudas. Y ellos, aunque faltan otros, como Serrat, me descubrieron la música y un modo de entender el oficio inspirado por la coherencia y la honestidad.

-Ahora, aquello de «papá, cuéntame otra vez» se lo podrá decir a usted su hija Lila. ¿Qué le va a contar?

-Es algo que yo también me pregunto. Creo que nuestra generación no construyó un relato propio, algo que sí han empezado a realizar los jóvenes de hoy, que se miran los unos a los otros y van tejiendo sus realidades, acaso impulsados por la precariedad y las situaciones de emergencia a las que se les ha conducido.

-¿Tal vez ello tenga relación con el aparente reverdecimiento de los cantautores, de Jorge Marazu a Rozalén, quien interviene en el disco acompañándole en 'Si se callase el ruido'?

-Los cantautores siempre hemos pretendido poner el marco a las inquietudes colectivas, aunque en ocasiones hayamos podido pecar de solemnidad y circunspección. Ahora han encontrado otros códigos y maneras. Y es verdad que empiezan a tener una proyección notable. Rozalén es una cantautora clásica con una mirada social, que además ha encontrado un público joven que está demandando nuevas voces en las que sean importantes la palabra y la poesía, no las canciones de usar y tirar. Incluso si se habla del amor, hay poesía y matices.

-Ha denunciado un retroceso de la libertad de expresión. No obstante, ¿ha de tener límites?

-Puede ser un debate oportuno. Lo que no acepto de esos límites es que lleven a la cárcel a gentes, raperos o titiriteros, que en un contexto artístico digan cosas que nos gusten o no. Es impensable que eso ocurriera hace veinte años y nos obliga a reflexionar. Los tiempos han cambiado y hay sectores que no asumen la existencia de las redes sociales, por lo que aspiran a modular los mensajes. Lo más preocupante es que ya hay artistas que se autocensuran, lo que quizá sea el objetivo último que persiguen los inquisidores.

-¿Continúa soñando despierto, como en un viejo disco?

-Esa era una cita de Aristóteles, que decía que «la esperanza es el sueño del hombre despierto». Y, por supuesto, a pesar de que la realidad sea dura, mantengo abierta una ventana a la esperanza de un mundo mejor. La música puede ayudar a soñar despierto, creando espacios de encuentro. Para cambiar las cosas, no es posible una voluntad solitaria.

-Vuelve al Jovellanos, primer teatro en el que actuó. ¿Recuerda aquel día?

-No podría olvidarlo. Venía de la efervescencia de los cafés madrileños, pero un teatro imponía mucho. Yo estaba nervioso, casi en territorio hostil, sin percatarme de lo feliz del momento. El 'carpe diem' se aprende con la experiencia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos