Paco Ibáñez: «Como dice mi hija, si quieres apagar el cerebro, enciende la televisión»

«Como dice mi hija, si quieres apagar el cerebro, enciende la televisión»
El cantautor valenciano Paco Ibáñez. / JOSÉ USOZ

El cantante de los poetas llega mañana al Teatro de La Felguera con un concierto en el que «estará muy presente el espíritu republicano, conmemorando el 14 de abril»

ALBERTO PIQUERO

Hace ya tres semanas que se agotaron las entradas para el concierto que mañana ofrecerá en el Teatro de La Felguera, Paco Ibáñez (Valencia, 1934), quien a sus 83 años no solo mantiene una vitalidad envidiable, sino la capacidad de convocatoria reservada a las leyendas, por más que él se muestre muy ajeno a las mitologías y continúe galopando a su modo y manera. Antes de comenzar la entrevista telefónica, quiso ambientarla poniendo una toná al otro lado del hilo. «Un pedazo de Asturias», explicó. También anticipó que en la velada «estará muy presente el espíritu republicano, conmemorando el 14 de abril».

-¿Tiene algún secreto para alcanzar la longevidad?

-Como indicio, mi madre era vasca, y yo me crié en un caserío comiendo alubias hasta los catorce años. Quizá sea una pista (bromea).

-¿También le viene de ahí la aversión a los premios y honores? Rechazó dos veces la medalla del Orden del Arte y las Letras del Gobierno francés.

-Tuve un abuelo que luchó en la tercera guerra carlista, al que hicieron teniente honorario y se creía Napoleón. Cuando se le cruzaban los cables, obligaba a saludar. Yo nunca le saludé. O sea, que nunca he aceptado bien la autoridad. Además, los premios son un puro negocio.

-A lo largo del camino ha conocido a múltiples personalidades artísticas, de Dalí a Brassens, Leo Ferré, Alberti o Neruda. ¿Alguna le dejó huella especial?

-El pintor venezolano Jesús Soto, a quien conocí en París y tocaba la guitarra durante el día. De él aprendí que lo importante no es ser conocido, sino serlo por algo que valga la pena.

-Ha quedado para la memoria colectiva su concierto en el Olympia, en 1969, pero el año anterior no fue menor el éxito en el Teatro de la Comedia, de Madrid, burlando a la censura franquista.

-No supe nunca cómo logró el organizador colarle a la censura franquista todas las canciones. Lo que sí recuerdo es el estallido de la gente cuando canté 'La mala reputación', de Brassens. Era la reacción de quienes ansiaban salir del pozo de la dictadura, una explosión. Por allí estaban Blas de Otero, Caballero Bonald, Celaya...

-¿Por qué ha manifestado en ocasiones ciertas reticencias al mayo del 68 parisino?

-Me pareció admirable que la juventud se reivindicara y quisiera romper barreras; lo que sucede es que después las fuerzas oscuras llevaron el movimiento hacia las drogas y desviaron la voluntad de cambio. Es lo mismo que ocurrió con el rock, que no representa a nada ni a nadie. O con el puto fútbol adormilador. Mi hija lo resumió en un frase muy afortunada: 'Si quieres apagar el cerebro, enciende la televisión'.

-Ha puesto música a poemas que abarcan un periodo que va del siglo XIII a nuestros días. ¿Cuál es la diferencia entre un poema y una canción?

-Esa es una pregunta a la que estamos buscando siempre respuesta. El poema lleva la música dentro y se trata de descubrirla, de resaltar sus emociones. El poema cantado llega a más gente.

-¿Qué opina del nacionalismo catalán?

-¿O de los dos nacionalismos, el catalán y el español? A mí no me gustan los nacionalismos estrechos, pero se está engañando a la gente con un anticatalanismo absurdo desde un nacionalismo español que invoca a Millán Astray. Cómo no se va a poder elegir la identidad.

-Paco Frutos o Josep Borrell no parecerían devotos de Millán Astray...

-Lo que digo es que hay síntomas de vuelta al franquismo y que Puigdemont lo que quiere es negociar. Aunque yo entienda que la independencia es lograr que viva la gente bien. Pero atendiendo a Lorca o Antonio Machado y no a Millán Astray.

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