«En el Parlamento se hace mucho teatro, pero es malo y comercial»

El diputado de Ciudadanos vuelve a la escena interpretando ‘Aquiles, el hombre’, que mañana se representará sobre las tablas del Campoamor

ALBERTO PIQUERO

Hombre de teatro que circunstancialmente representa otro papel en el hemiciclo parlamentario de las Cortes, adscrito al grupo de Ciudadanos (antes, en UPyD), Toni Cantó (Valencia, 1965), quien ha sido sobre las tablas el Orestes de ‘La Orestíada’ o el protagonista de ‘La gata sobre el tejado de zinc’, y en la gran pantalla ha rodado a las órdenes de Pedro Almodóvar o Pilar Miró, aparte de su exitosa presencia televisiva en ‘7 vidas’, retorna mañana a ese cauce en el Teatro Campoamor. Lo hará al frente del elenco que llevará a escena ‘Aquiles, el hombre’, con adaptación de Roberto Rivera y bajo la dirección de José Pascual.

–¿En qué traje se siente más confortable, en el de diputado o en el de Aquiles?

–Desde luego, lo que me siento es muy feliz de volver a mi trabajo artístico, aunque sea brevemente y en contadas ocasiones debido a mi actividad parlamentaria. ¡Y nada menos que como Aquiles! Es una gozada...

–Decía Woody Allen que los héroes han hecho más daño a la humanidad que las mismísimas guerras, por aquello de que reparten muchos mandobles y tienden a ser imitados... ¿Usted qué cree? ¿Nos condenan o nos salvan?

–Yo creo que nos salvan porque nos dan esperanza, nos muestran un camino a seguir. Además, está lo que tienen de espíritu de aventura, que es algo que todos deseamos vivir de vez en cuando. Por otro lado, este Aquiles reparte mandobles; pero también lo asaltan las dudas. Es un Aquiles humano, que mantiene un vínculo especial con su esclava Briseida, en una relación amorosa de igual a igual.

–¿Qué lenguaje se pone en la boca de los personajes, el de la obra clásica o más actual?

–Se preserva la grandeza del lenguaje de la tragedia griega, pero adaptado y haciéndolo más cercano. A su alrededor, se ha conseguido en particular ensamblar una gran complicidad de todo el elenco. Se transmite la esencia mitológica, que nunca se ha perdido de modo absoluto porque, en las proporciones correspondientes o en cierto modo, continuamos transitando leyendas o sus enseñanzas de manera cotidiana.

– ‘La Ilíada’ nos remite a los albores de la civilización. ¿Que las guerras nunca hayan cesado no es un indicio de que hay escaso lugar para la paz?

–Pienso que estamos viviendo la mejor época de la historia. Y eso no es ser optimista, sino realista. Baste pensar en las guerras europeas del siglo pasado y en la Unión Europea del presente. No hemos de olvidarlo.

–No queda tan lejos la guerra de los Balcanes...

–Sí, es cierto. En ‘Aquiles, el hombre’ hay una metáfora de todas las guerras, que nacen de nuestras propias guerras internas e individuales. Aquiles es duro en la batalla, pero no cosifica al enemigo, que es el modo que le niega el valor a la vida del otro, la humanidad que alberga.

–El teatro agoniza secularmente, pero nunca se muere... ¿Tampoco lo van a destronar las realidades virtuales de las nuevas tecnologías?

–En Ciudadanos estamos orgullosos de haber tomado la iniciativa que rebajó el IVAcultural. Pero el teatro es y será eterno, posee las virtudes de la presencia directa que las redes jamás podrán sustituir. Es irrepetible.

–Resulta inevitable preguntarle si ha contemplado más teatro en el Parlamento o en las tarimas escénicas...

–En el Parlamento se hace mucho teatro, pero es malo y comercial. El arte es el milagro de convertir las mentiras en verdad, mientras que en la política, muchas veces, a lo que se tiende es a enmascarar la verdad. Y sobreactúan, lo que es una prueba de que no creen lo que dicen o piensan que el espectador es imbécil...

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