«No se puede demonizar a todo el género masculino»

Fernando Guillén Cuervo. /PACO NAVARRO
Fernando Guillén Cuervo. / PACO NAVARRO

Fernando Guillén Cuervo se pierde los Goya para estar en Gijón con ‘Oleanna’, un texto de David Mamet que aborda el abuso de poder

M. F. ANTUÑA

Fernando Guillén Cuervo (Barcelona, 1963) se pierde mañana los Goya. Los bolos son sagrados y el Jovellanos le espera con ‘Oleanna’, un texto de David Mamet que se adentra en el universo de las relaciones de poder y el acoso a través de la historia de un profesor y su alumna. Le acompaña Natalia Sánchez.

¿Se imaginaban cuando estrenaron en Avilés que el tema de la obra iba a ponerse tan de actualidad?

–Pues no. Antes de que ocurriera toda esta eclosión, nos parecía un tema vivo, vigente, a tocar y a repasar. Para nuestra sorpresa, hemos dado en el clavo; es importante que ese micromachismo se ponga ahora en escena, porque el espectador está muy sensible a lo que ocurre y eso es bueno para el fenómeno teatral.

¿El espectador sale con una idea más clara de qué va el asunto?

–El espectador sale más confuso de lo que entró. Hay debate de grupos, de parejas. Es un montaje en el que los dos protagonistas, Carol y John, se desnudan, en el que se analiza una estructura educativa, en el que ambos son víctimas de la ambición, de un espejismo llamado triunfo... Lo que está claro es que hay un personaje en una posición de poder, que es lo que estamos viviendo ahora.

Lo vivimos ahora pero siempre ha estado ahí.

–Siempre. Hemos conseguido en dos décadas tumbar problemas más graves, pero todavía queda un germen, ese micromachismo, ese hombre aparentemente inofensivo, integrado, un profesor, un médico, un director, un productor, un personaje atractivo, amable, empático y que tiene esa zona oscura.

¿Usted tiene su zona oscura?

–Todos la tenemos. Todos somos John y todos somos Carol. Eso es lo bonito del teatro, cuando tú mismo te ves reflejado en el escenario. Yo para interpretar a John paso por mi zona oscura, para representar aspectos que están en el ser humano. No he acosado a nadie nunca, pero igual me he permitido decir alguna impertinencia y entiendo que hay que tener cuidado. Luego hay algo muy básico y muy interesante en John, que es la contradicción entre su discurso, libre, antisistema, y sus verdaderos vicios, burgueses. De modo que nos vamos a ver reflejados y vamos a entender muchas cosas, como que vivimos en una estructura basada en el poder, en la jerarquía, en prosperar.

¿Cómo se mete uno en la piel de un machista acosador?

–Es nuestro oficio, ser transmisores a veces de las virtudes y en la mayoría de los casos de los males y los pecados del ser humano. Yo he hecho de personas buenísimas, pero también he interpretado a personajes muy negativos. Debo pasar por ello. Rascando en el interior del alma es como sale todo.

¿Pero molan más los malos o los buenos?

–Mola mucho hacer buenos y malos. Es divertido hacer de malo porque te permites a través de la ficción cosas que no te permitirías en la realidad.

Son tiempos de revolución femenina. ¿Qué dice?

– Ya era hora. Ha saltado una espoleta y está bien que ocurra, que haya una visibilidad mediática y social, que la sociedad se sensibilice, pero también conviene separar el grano de la paja. Es lo más prudente. Quien tenga una queja que la eleve a legal, que señalar con el dedo también es un fácil. Hay riesgos. Es delicado. No se puede demonizar a todo el género masculino y que paguen justos por pecadores.

Estrenaron en Avilés en junio. ¿Cómo ha cambiado la obra desde entonces?

–Estábamos histéricos. Era el primer día en que se arrancaba el motor y ahora todo está ya engrasado. Es una gozada. Disfrutamos mucho la función.

Con su genética, debe saber si el actor nace o se hace.

–Un actor nace y se hace o algunos se hacen y otros nacen.

Yo personalmente he tenido un poquito de haber nacido y un mucho de aprender.

–Parece que ya ha superado por completo el miedo que sufrió a subirse a las tablas.

–Dejé el teatro por tres motivos: por ese miedo, por los horarios, que eran terribles, y porque me dediqué a mi sueño de dirigir, producir. Cuando volví con ‘Wilt’ me propuse no pasar miedo y huir de ese enemigo tan grande. Y lo he conseguido.

–Está rodando ‘Servir y proteger’. ¡Menudo cambio ha pegado la ficción española!

–Sí. Soy testigo y autor de alguna serie como ‘El caso’. Nuestro nivel es muy competitivo.

–Se va a perder los Goya.

–Me voy a perder los Goya porque tengo un bolo en Gijón. Y un bolo es un bolo, eso no se puede sacrificar.

¿Cómo ve el cine español?

–Trabajo tanto que estoy un poco despistado, pero creo que ha sido una muy buena cosecha la del año.

¿Le veremos pronto en pantalla grande?

–Tengo por estrenar ‘Sin novedad’, la primera película de Miguel Berzal de Miguel, es un drama familiar con tintes de thriller muy interesante.

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