«Hay que reinventarse tantas veces como sea preciso para ser feliz»

Raúl Gutiérrez, Rulo, posa con su guitarra. / E. C.
Raúl Gutiérrez, Rulo, posa con su guitarra. / E. C.

Rulo y la contrabanda presentan mañana en La Laboral su gira 'Objetos perdidos', un concierto que incorpora elementos teatrales

ALBERTO PIQUERO

Fundador y alma de La Fuga, tras marcharse del grupo se reinventó en Rulo y la contrabanda, logrando superar incluso los éxitos anteriores. Es Raúl Gutiérrez, o sea, Rulo (Reinosa, Cantabria, 1979), quien este sábado llega al Teatro de la Laboral con la gira 'Objetos perdidos'.

-¿Es verdad que a los once años ya le sacaba sonidos a una guitarra eléctrica?

-Cierto, después de darle mucho la 'chapa' a mi padre para que me la comprara. La vocación fue temprana. Me habían llevado a ver un concierto de Los Suaves y ahí decidí que tendría mi propia banda de rock. Era una 'Hondo', que después vendí, de lo que estoy muy arrepentido.

-Su primer proyecto, también precoz, a los catorce años, corrió a cargo del grupo 'Suizidio'. ¿Atravesaba una etapa pesimista?

-No, no, no tenía brotes suicidas, el nombre obedecía a la radicalidad de la edad, cuando estás en guerra con todo el mundo. Yo estaba lleno de vida y de sueños.

-Esos sueños se cumplieron con La Fuga. ¿Por qué se produjo la separación?

- Lo recuerdo sin ningún rencor, que es un sentimiento del que carezco. Me quedo con lo bonito, trece años en los que hice cien canciones. Al cabo de un tiempo, las tensiones, el desgaste de las giras, los egos que compiten o distintas evoluciones personales, suelen acabar así. No hay casi ninguna banda que supere la barrera de los diez años. Lo digo en el libro que estoy escribiendo, 'Heridas del rock and roll (Un alto en el camino)', que a los veinticinco años es muy hermoso tener una banda, pero a partir de los treinta y cinco es una utopía. Se muere de éxito o de fracaso. Y el éxito arrasa con todo.

-¿Ha tenido que reinventarse muchas veces?

-Claro, en la música y en la vida. Cuesta mucho en los dos casos, en el musical y en el sentimental; pero siempre es para mejor. Hay que reinventarse tantas veces como sea preciso para intentar ser feliz.

-Tras su marcha de La Fuga, se dedicó a viajar y a seguir componiendo. ¿La música a modo de salvación?

-De salvavidas. La música me ha salvado el pellejo en más de una aflicción. Después de un año de depresión, llegó una resurrección personal. Una gira por seis países, cien conciertos y el número uno en AFYVE, que ni siquiera habíamos alcanzado con La Fuga.

-Eso fue con 'Señales de humo', disco al que siguió 'Especies en extinción' y a continuación 'El doble de tu mitad', en cuyo álbum está 'Objetos perdidos', título de esta gira, en la que incluyen un bar en la escenografía. ¿Y eso?

-Es un diseño de Silvia González, a la que he pedido que no pareciera un bar, sino que lo fuera. El montaje es un lío muy ambicioso. El bar llega a desdoblarse en discoteca durante las partes más divertidas del concierto, que se remata en un 'show', levantando al público.

-Un público que lo disfrutará, aunque en el guión parece que en el epílogo es un camarero quien echa el cierre.

-Sí, hay componentes teatrales. En principio, queremos homenajear a los bares, no al alcohol, que son ese lugar de encuentro personal verdadero, en estos tiempos en los que el ligoteo se hace por las redes sociales. El cierre también responde a la denuncia de un vecino, harto del 'chunda, chunda', lo que es muy comprensible, que llama a la policía.

-Es cántabro, vecino nuestro. ¿Frecuenta Asturias?

-Tengo tíos en Avilés, allí pasé muchas temporadas de mi infancia. En lo artístico, he estado en Metrópoli, donde fuimos la segunda banda que congregó más gente. Y este mes volveré de nuevo a Gijón para acompañar a Fito y los Fitipaldis. Cantabria y Asturias somos vecinos buenos, de los que hacen barbacoas juntos.

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