Setas, en el bosque y en la mesa

El presidente de la Sociedad Asturiana de Micología, Francisco Casero, en busca de las primeras setas. «La sequía complica su nacimiento, así que este año hay pocas», advierte. / FOTOS PETEIRO
El presidente de la Sociedad Asturiana de Micología, Francisco Casero, en busca de las primeras setas. «La sequía complica su nacimiento, así que este año hay pocas», advierte. / FOTOS PETEIRO

Diversas jornadas micológicas y gastronómicas animan estos días una temporada marcada por la meteorología adversa

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

Es tiempo de setas y el fin de semana ofrece diversos espacios por toda Asturias en los que degustarlas o simplemente observarlas. Este otoño, sin embargo, no parece muy pródigo en los apreciados frutos del bosque. Como las meigas gallegas, haberlos haylos, pero resulta difícil encontrarlos; el motivo lo explica Francisco Casero, presidente de la Sociedad Asturiana de Micología: «Faltó agua y no hay humedad ambiental suficiente».

A escasos días del comienzo de las XXIV Jornadas Micológicas Villa de Gijón que organiza la asociación presidida por Casero, lo acompañamos a una zona boscosa en las inmediaciones de Deva para comprobar sobre el terreno la escasez de ejemplares. Viene con nosotros también Germán Fernández y tras recorrer la parcela durante un buen rato, ambos constatan lo infructuoso de la búsqueda: apenas algunos ejemplares sueltos de Pluteus Leoninus (comestible, aunque no muy estimada) y dos o tres Lycoperdon Perlatum, la popular Peu de Llobu (igualmente comestible y de escaso valor gastronómico). Sobre las copas de abedules y castaños que nos rodean está lloviendo y aún así el presidente de la Sociedad Micológica considera que «no será suficiente para que en unos días esta zona ni el resto de Asturias estén como en otras temporadas» y como botón de muestra de la situación nos señala el cauce seco de un regato que atraviesa el fondo del bosque. Ni siquiera en ese lugar es posible hallar algún ejemplar más. Germán lo sentencia con filosofía playa: «Ye lo que hai».

En la sede de la asociación reposan los escasos frutos obtenidos por Francisco Casero horas antes en otra zona cercana a la costa: media docena de Hygrophoropsis Aurantiaca, el llamado falso rebozuelo (comestible de poca calidad); un ramillete de Hypholoma Fasciluare (tóxica), otro de Armillaria Mellea (comestible, salvo intolerancias) y ejemplares sueltos de Clytocibe Nebularis (tóxica), una aparente Amanita Vaginata (comestible cocida) y unos cuantos Craterellus Cornucoides, popularmente conocida como Trompeta de los Muertos (comestible y apreciada). Son los primeros ejemplares destinados a la exposición que se podrá visitar el domingo y en la que Casero prevé que se consigan reunir en torno a dos centenares de setas y hongos, a pesar de la escasez de la cosecha.

La muestra del domingo y las otras actividades organizadas por la asociación gijonesa: un curso de iniciación, impartido por Ángel Sandoval y una conferencia de Julián Alonso, pretenden acercar el universo micológico a quienes se sienten atraídos por él. La recomendación de Casero para éstos: «Si tuviese que dar un consejo a quien quiera iniciarse sería el de hacerse miembro de cualquier sociedad: es la manera de familiarizarse con las especies, además de contar con expertos que le identifiquen los ejemplares recogidos: es una garantía para evitar riesgos y disfrutar aprendiendo», afirma.

Con similares objetivos, la divulgación y el disfrute de practicar esta actividad en la naturaleza, además de poder degustar los frutos comestibles, se celebran desde hoy y hasta el próximo domingo las IV Jornadas Micológicas de Los Oscos: una exposición, un taller de reconocimiento de setas, una charla y la oferta de menús específicos en diversos restaurantes de la comarca constituyen el programa de actividades. Una propuesta similar se ofrece en las XXVII Jornadas Micológicas y del Magosto de Tapia de Casariego, durante hoy y mañana sábado.

Quienes prefieran iniciarse o disfrutar de las setas por el interés que presentan como ingredientes culinarios de primer orden tienen estos días citas exclusivamente volcadas en esta vertiente hedónica de la cultura micológica. Comarcas como la de Avilés y el Cabo de Peñas, la del Nora o Mieres cuentan con sus propias jornadas gastronómicas en las que poder comprobar las virtudes en la cocina de los frutos del suelo de nuestros bosques.

La escasa cosecha que presenta en nuestra región la actual temporada setera mermará posiblemente la presencia en los menús ofertados en las diferentes jornadas gastronómicas de especies tan apreciadas y abundantes en Asturias como los boletus, recogidos directamente en el bosque autóctono y que serán suplidos por frutos del mercado, como los que también en Mieres ofrecen diversas tiendas de alimentación. El gusto del paladar, en cualquier caso, no es el principal estímulo que mueve a un aficionado a la micología, tal como remarca Francisco Casero: «Más que el gusto en el plato, lo que nos atrae realmente es salir a buscar y disfrutar de lo que hayamos encontrado, sea comestible o no: el hallazgo de una especie inesperada o la belleza de cualquiera a simple vista o al microscopio son suficiente recompensa y enganche para seguir saliendo a setas». Y aunque este año no haya muchas aún están a tiempo para disfrutarlas en el bosque (a ser posible -lo dicen los expertos- de la mano de una asociación micológica, para evitar riesgos) o directamente sobre el mantel.

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