Victor Manuel: «Ir de fatu ye muy cansao»

El cantante Victor Manuel.
El cantante Victor Manuel.

El mierense es la gran estrella del recital que mañana reunirá en el Jovellanos a Dana Raz, Andreas Prittwitz, la OCAS y El León de Oro

AZAHARA VILLACORTA

Víctor Manuel San José Sánchez (Mieres, 1947) posee la rara virtud de ser una estrella sin parecerlo. Autor de algunas de las mejores canciones de la música popular española, nunca falla cuando alguna causa o un amigo lo reclaman. Así que, cuando la asociación cultural mierense Serondaya le propuso el concierto que mañana subirá a las tablas del Teatro Jovellanos con el patrocinio del Aula de Cultura de EL COMERCIO a la bailarina Dana Raz, el músico Andreas Prittwitz, el coro El León de Oro y la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS), no lo dudó. Y, como no podía ser de otra forma, ya tienen casi todo el papel vendido.

-¿Qué les da que le llevan adorando más de cincuenta años?

-Como le dijo un amigo a un amigo mío haz poco en un bar, ahí por Les Segaes: «Oye, este Víctor hay que ver qué éxito está teniendo de mayor» (Ríe).

-O lo que es lo mismo: que hay Víctor Manuel para rato.

-Pues no lo sé. Ahora estoy metido en un sótano escribiendo canciones y cada canción que me sal pego unos botes... Porque, cuando dejas de hacerlo un tiempo, tienes la sensación de que se te olvidó todo, de que no sabes. Y la verdad es que ye todo ponese. Toi muy contentu porque me están saliendo un montón de canciones.

-¿Habemus nuevo disco?

-En cuanto lo tenga, me meto en el estudio. Supongo que antes de fin de año estará listo.

-¿Y cómo se consigue no creérselo?

-Porque interésame más escuchar a la gente nueva que sale que pensar en mí. Pero yo he sido así toda la vida: impórtame más lo de lo demás que lo mío. Ir por ahí de fatu y darse importancia ye muy cansao (Ríe).

-¿Es de familia?

-Puede ser. Yo tengo la generosidad de mi padre, que era taquillero en Renfe en Mieres, y encuentro a gente que me dice: «Un día que no tenía billete y tenía que llegar a Valladolid a un examen, metiome tu padre en el tren». Hacía favores por amor a la humanidad. Pensaba: «¿Si a esti le puedo ayudar, por qué no lu voy a ayudar?».

-Conocemos algo a su abuelo Vítor, que se enfadó porque contase que la abuela le escondía el tabaco, pero mucho menos al otro, Ángel.

-Estaba en la cárcel en Oviedo. Su mujer iba a verlo y, cuando llegó, le dijeron que estaba muerto. Por una tontería estuvo tres años en la cárcel y fusiláronlu a él y al hermanu.

-Ha cantado mucho a la memoria. ¿Avanzamos algo o no hay nada que hacer?

-Muy poco. Se avanza en la medida en que voluntarios, gente que aporta su propio trabajo y, a veces, su dinero, se dedica a localizar fosas comunes. La Ley de Memoria Histórica de Zapatero estaba muy bien sobre el papel, pero eso, si no lo dotas económicamente, no tiene mucho sentido. Y después, el Gobierno del PP nunca estuvo interesado en ofrecer ninguna ayuda. Es como si les dices a los padres de Marta del Castillo o de Diana Quer que no, que ya no buscamos más a la cría vuestra. Ya está. Se acabó. Y a la gente que vio cómo sacaban a su padre de casa y le daban el paseo es muy difícil explicarle que la sociedad no se mete en eso porque es una cosa personal. No es una cosa personal. Son miles y miles de muertos los que están en fosas comunes. Yo no digo que desentierren a mi güelu porque está identificado con otros 1.800 en la fosa común de Oviedo, pero hay miles de persones que están en cunetes o al lado de la tapia de un cementerio. Dejar eso en el limbo, como está ahora, es de una crueldad extrema.

-Después de que el PCE y el de la ceja le decepcionasen, ¿se posiciona políticamente?

-Yo me posiciono siempre. Otra cosa es que participe. Eso da mucha más pereza. Sobre todo porque, aunque tardes muchos años en aprendelo, los partidos siempre tratan de utilizarte, de pedirte que vayas a un acto o que cantes, pero, después, cuando llega la hora de la verdad y hay que trabajar en cosas que afectan a miles de trabajadores de la cultura, pasan totalmente, les importa tres cojones tu opinión. Eso es lo que más desfonda.

-¿Se siente utilizado?

-Sí. Pero bueno, voluntariamente, no soy gilipollas. Hago eses coses porque me da la gana haceles, pero sí esperaría no que se ocupen de lo mío, sino de un colectivo muy grande que se dedica a escribir, a hacer películas, discos... Pero la cultura no interesa y ahora, menos que nunca. Están en otras cosas.

-En Cataluña, por ejemplo.

-Es el monotema y no salimos de ahí.

-A Serrat lo lincharon.

-Sí. Lo vivimos juntos, porque estábamos en América de gira, y estoy totalmente de acuerdo con él. Todas las cosas que han dicho de él son ridículas.

-Aunque usted ya cantó 'Soy de España' con retranca.

-Aquello era una canción irónica y me pusieron en San Sebastián una multa por posible antiespañolismo (Risas).

-No le ha faltado de nada: censura, amenazas, éxitos...

-La verdad es que he tenido una vida muy intensa y la sigo teniendo. Ye una suerte.

-Y, encima, enamorado para toda la vida. Los llamaron Víctor-Belén y Ana-Manuel. ¿Son la pareja perfecta?

-Bueno, tampoco ye pa tanto. A veces, también nos peleamos (Ríe).

-Y siempre los ponen de ejemplo de cómo salvaguardar la intimidad de los hijos.

-Cuando eran pequeños costaba mucho trabajo tenerlos al margen, pero también tuvimos que renunciar a cosas. Hubo algún momento en que estábamos fatal de perres y nos ofrecían un montón por sacar a los críos en las revistas. Entonces, puedes optar por embolsar o no, pero, al final, tienes que mirar por su futuro. Yo me acuerdo una vez que le robaron una foto a David saliendo del colegio y estaba alarmado, diciendo: «Igual salgo en 'Interviú'» (Risas).

-¿Es de esos padres a los que se les cae la baba?

-Sí. Préstame mucho verles trabajar y que lo hagan bien, pero, si lo hiciesen mal, igual se me caía la baba también.

-Hablando de perres, ¿le molesta que digan que es un progre forrado?

-Para nada. Sobre todo, porque tengo una profesión transparente. No tengo negocios y si tuve alguno fue pa perder perres. Lo mío consiste solo en poner una entrada a la venta y que vaya la gente a verme libremente. Y luego un señor que está en casa, como yo, haciendo canciones, no cobra nada. Si esa canción se difunde, quiero la plusvalía. Nada más. Yo tengo más de quinientes canciones y hay aproximadamente cincuenta que me dan algo. Les demás no me dan nada.

-¿Y que le recuerden cada cierto tiempo la canción que le escribió a Franco?

-Aquello fue una tontería y como tal quedó aunque haya quien intente pasar de un saltín más de cincuenta años.

-Con quien tampoco parte peras es con la Iglesia desde su paso por La Salle.

-Si todo el mundo hablase como tiene que hablar... ¿A cuántos no les habrán metido mano en la escuela? En mi caso, en ese colegio de frailes. El otro día, en una cena que tenemos los que íbamos a él, dos o tres dijeron que les había pasado lo mismo que a mí. Y yo les pregunté: «¿Por qué no lo habéis contado antes?». Pues porque a nadie le gusta que le metan mano y contarlo por ahí. Pero, vamos, que no eran cosas graves. Era que te tocaban un poquito el culo y ya se daban por contentos.

-Como le oiga Martínez Camino, con quien ha tenido sus más y sus menos...

-Ese va al infierno seguro. Bueno, no, porque se confesará a última hora (Ríe).

-¿Usted se arrepiente de algo?

-No tiene sentido. La vida ye aprendizaje hasta que te mueres.

-¿Ni siquiera de haber escrito el himno del centenario del Sporting?

-La culpa ye mía porque no le hice caso a Serrat. Cuando se lo comenté, me dijo: «No, no lo hagas, que eso siempre sale mal». No hay nadie más conservador ni más 'hooligan' que los aficionados al fútbol. Llevan escuchando un himno toda la vida y piensan: «¿A qué viene este aquí?».

-¿Quién ganará el derbi?

-Si es el Sporting, mejor.

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