Víctor Ullate: «Para seguir vivo hay que tener metas»

Víctor Ullate: «Para seguir vivo hay que tener metas»
Víctor Ullate - Coreográfo

Esta tarde llega al Teatro Jovellanos su versión de ‘Carmen’, una modernización del clásico, «pero con respeto»

MIGUEL ROJO

Más de un siglo después de su estreno, esta nueva propuesta de la famosa ‘Carmen’ de Marimée a la que Bizet puso música quiere alejarse de los tópicos y lugares comunes para adentrarse en la esencia de la historia y arrojar nueva luz sobre uno de los personajes más poliédricos de la ficción contemporánea: ‘Carmen’. Será esta tarde, en el Teatro Jovellanos de Gijón (20.30 horas), a cargo de la compañía de Víctor Ullate (Zaragoza, 1947). A sus 70 años, no deja de trabajar ni de afrontar nuevos proyectos.

Su compañía tiene 14 espectáculos girando y dos más en el repertorio. ¿Cómo se puede abarcar ese volumen?

–Son 30 años de compañía y se van haciendo cosas que quedan como coreografías en el repertorio. Cada una de ellas es como un hijo para mí, les tienes un cariño especial porque forman parte de tu vida, de un momento concreto..

¿Muchas piedras a lo largo de su carrera?

–No ha sido fácil, sobre todo por la parte económica. Desde que monté la compañía y la escuela, me prometí que las tenía que mantener al precio que sea. Yo me tuve que ir de España porque no tenía trabajo, viajar a Bruselas, donde estuve 14 años con Maurice Béjart, que era un genio en todos los sentidos. Era una persona muy preparada, conoció a gente como Picasso, Dalí, Cocteau, gente muy interesante cuya influencia supo plasmar en la danza, y yo pude aprender de todo eso.

¿Coincidió con alguno de esos grandes personajes?

–Recuerdo que fui a Nueva York y me encontré en un restaurante con Dalí, por ejemplo. La compañía viajaba por todo el mundo, nos ponían la alfombra roja allí donde íbamos. Actué ante el Sha de persia, los reyes de Suecia... muchas personalidades. Otra vez en Nueva York, cuando hacíamos ‘Clown de dieu’, yo salía al patio de butacas disfrazso de payaso y besaba la mano de alguien del público. En una función acabé besándole la mano a Cristina Onassis.

Después le pidieron que pusiese en marcha la Compañía Nacional de Danza.

–Fueron años difíciles, porque quienes mandaban no estaban mentalizados. Querían ponerla en marcha, pero no había ni presupuesto ni infraestructura. No había nada. Recuerdo que ensayábamos en Madrid, en el antiguo hospital, donde ahora está el Museo Reina Sofía. El tejado estaba hecho un asco y el agua se filtraba. El primer día tuvimos que limpiar el suelo con fregonas, los bailarines y yo. Llamamos a la prensa y fue una patada al Ministerio de Cultura que casi no me perdonan. Al final lo conseguí, porque siempre he tenido ganas de luchar.

Luegó llegó su compañía y la escuela de danza.

–Mi escuelas lo más importante que he hecho en la vida. En todo el mundo había escuela de danza, cada país tenía su forma de bailar, su forma de expresar. Yo quería que también la hubiese en España. No quería que a los jóvenes les pasase lo que a mí, que tuviesen que irse. El resultado ha merecido la pena. De allí han salido nombres como Lucia Lacarra, Tamara Rojo, Joaquín de Luz, Jesús Pastor... Ahora mismo hay casi 200 niños dando clases, es un orgullo.

Explíquenos por qué puso en marcha su fundación.

–La fundación tiene otros 40 niños de poder adquisitvo muy bajo trabajando con la danza, chavales que no pueden dar salida a sus pasiones, y varios de ellos vienen de centros de acogida. Quiero que esos niños tengan un lugar en la sociedad, que el día de mañana tengan la oportunidades de recibir un beso de alguien que tienen al lado. Son capaces de hacer cualquier cosa en cuanto les das un poco de cariño e ilusión. Ahora estoy detrás del proyecto de crear la Casa de Acogida de la Danza para reunir allí a todos estos chavales y que puedan estudiar, bailar y hacer su vida en un lugar especial. Todos los políticos me dicen que es una gran idea, ahora falta conseguir que se ponga en marcha. Y si alguien quiere apoyarme económicamente, tenemos las puertas abiertas.

Y después de tanto tiempo, se enfrenta a ‘Carmen’...

–Yo me resistía, era una obra muy trillada y no encontraba la necesidad de hacerla, hasta que lo asumí como un reto. Los retos son lo que nos hacen avanzar. En mi caso, primero fue ser un buen bailarín. Ahora es el de que otros expresen lo que yo siento a través de la danza.

Cuéntenos como es la ‘Carmen’ que llega a Gijón.

–Es una Carmen libre, una mujer que es modelo de alto standing y por la noche se libera, como hace cualquier persona, disfruta de esa libertad que el ser humano necesita. Recuerdo que en Oviedo la gente se levantó y todo el teatro en pie se puso a aplaudir. Es una modernización del clásico, pero con respeto.

¿No cree que en la tele hay mucho mundo rosa y poca cultura?

–Las cadenas buscan la audiencia fácil, y como este arte de la danza es de minorías pues no hay manera. Es lo que pondera este país. Tanto programa rosa... es una pena que no haya teatro clásico, algún ballet, algún concierto de música clásica en la programación.

Varias lesiones e infartos, pero sigue a sus 70 años al pie del cañón. ¿Como se consigue eso?

–Trato de comer bien, hacer un poco de ejercicio y tener la mente muy despejada. Pero sobre todo, para seguir vivo hay que tener metas, mantener la ilusión. La meta de ayudar a los niños a través de la fundación y la escuela es lo que me mantiene vivo en estos momentos.

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