El Comercio

Adiós a José Ramón Herrero Merediz

Familiares y amigos de José Ramón Herrero llenaron el salón de actos del tanatorio de Cabueñes.
Familiares y amigos de José Ramón Herrero llenaron el salón de actos del tanatorio de Cabueñes. / PALOMA UCHA
  • Sus hijos glosaron la figura del que fuera senador y eurodiputado con el PSOE como un hombre «valiente, culto, divertido» y, sobre todo, «comprometido»

  • La despedida del político gijonés se convirtió en un «punto de encuentro» de diferentes ideologías

El fallecimiento de José Ramón Herrero Merediz ha traído consigo un exhaustivo repaso a la vida del abogado laboralista y político gijonés. En dos días, se ha desgranado su paso por el Partido Comunista, primero, y por el PSOE, después, incluida su salida con portazo en 2009. Se ha repasado su trayectoria, cargos y aficiones. Momentos clave y chascarrillos. Partes y más partes, que componían el todo de 'el Mere', un hombre «especial», «valiente», «culto», «divertido» y, sobre todo, «comprometido».

Aún así, es casi imposible proyectar la imagen completa de una vida. Ayer, sus hijos, durante su despedida en el tanatorio de Gijón, se acercaron mucho. Fue con una anécdota que ninguna necrológica, aséptica o cariñosa, había recogido. En 1992, Herrero Merediz conducía camino a la Expo de Sevilla. Era un viaje en familia. Y, de repente, una caravana. Dos hombres ensangrentados peleaban violentamente junto a sus coches, mientras la larga hilera de vehículos intentaba, uno a uno y con la vista incómoda, dejarlos atrás. Cuando llegó su turno, Herrero Merediz aparcó, obviando los gritos y reproches de su familia. Se bajó. Detuvo la pelea. Subió al coche y siguió conduciendo en silencio, entre el enfado y la incomprensión de los suyos, aún asustados. Hizo lo que había que hacer. «Ese es el hilo conductor de la vida de mi padre», reconocía ayer emocionado Pedro Herrero. «Actuar, a pesar de las posibles consecuencias». Ser fiel a sus ideas. Ya sea para luchar desde la clandestinidad del Partido Comunista por un estado democrático o para frenar una pelea en una rotonda de Despeñaperros. A pesar de todo. De la cárcel o la incomprensión.

Ese hombre -mucho más que un senador socialista durante 14 años, que un eurodiputado, que un presidente del Consejo Social de la Universidad de Oviedo, que un apasionado ajedrecista, que un competente entrenador de atletismo- hizo durante 85 años amigos «que le acompañaron hasta el final de sus días». Y ellos fueron los que ayer llenaron el tanatorio, convertido «en un punto de encuentro para quienes comparten su compromiso, incluso, desde diferentes ideologías».

Emocionado, el expresidente asturiano Pedro de Silva recordaba la «trayectoria política intensa y larga» de lo que, al final, fue una vida sencilla basada en «el compromiso con la justicia social». El mismo recuerdo que guardarán muchos de los asistentes a la despedida. Entre ellos, el exeurodiputado del PSOE Antonio Masip, la exconsejera de Cultura Mercedes Álvarez, el diputado nacional de Ciudadanos Ignacio Prendes y el parlamentario regional Nicanor Fernández, el exdiputado de IU Manuel García Fonseca, el edil gijonés Esteban Aparicio o el sindicalista histórico Severino Arias.

Todos rompieron en aplausos para decir adiós a Herrero Merediz. El abogado, político, deportista y padre que enseñó que «por fuerte que sea el temporal, siempre se puede nadar más allá de donde rompen las olas».