El Comercio

Asturias, ante el abismo de otra prórroga presupuestaria

El presidente del Principado, Javier Fernández, y la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, el viernes, en la Junta.
El presidente del Principado, Javier Fernández, y la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, el viernes, en la Junta. / EFE / CEREIJIDO
  • Desconfianzas personales, diferencias políticas e intereses electorales comprometen los presupuestos

  • El bloqueo estatal lo contamina todo: Podemos cree que si al final el PSOE se abstiene en Madrid, el PP apoyará las cuentas regionales

En realidad, nada diferencia la Asturias de hoy de la de hace un año. Un gobierno sin apoyos, una Junta General ingobernable, más partidos que nunca y también menos estabilidad que nunca, un clima abiertamente preelectoral... Si acaso la única variación sea que el año pasado por estas fechas los comicios que habrían de celebrarse en diciembre ya estaban en la agenda y esta vez no son una certeza, pero casi. La consecuencia, volviendo la mirada a finales de 2015, fue el fracaso del presupuesto que presentó el Ejecutivo de Javier Fernández y la consiguiente prórroga. Una hipótesis que, a estas alturas de 2016, vuelve a presentarse como factible viendo el nivel de crispación del debate. Otro batacazo sería un golpe durísimo para el Gabinete socialista y, para la economía regional, un problema gordo. Muy gordo.

Asturias se asoma al abismo de otra prórroga por un cúmulo de factores, ninguno de ellos favorable al entendimiento. Hay desconfianza personal. Mucha. Ni los dirigentes del PSOE se fían de los de Podemos ni creen que tengan las más mínimas ganas de pactar nada, al contrario, interpretan que su objetivo es debilitar todo lo posible al Gobierno, ni los líderes de Podemos piensan que los socialistas estén dispuestos a dar el mínimo giro a sus postulados, a ceder ante los recién llegados al Parlamento asturiano. También hay diferencias políticas, objetivas y quizá el obstáculo más superable de todos. Y luego está el componente electoral. Bloqueada como está la situación en Madrid, en Asturias apenas se mueve una hoja, o si se mueve, como en el caso de la discusión sobre la reforma fiscal, siempre al ralentí, a expensas de cómo se solucionen las cosas en la capital de España. El cóctel es, pues, explosivo.

El impacto del clima preelectoral es decisivo y de cómo se despejen las cosas dependerá en buena medida el futuro de los presupuestos regionales para 2017. Son mayoritarias las voces de quienes piensan que en caso de consolidarse el bloqueo e ir a unos terceros comicios, las opciones de que las cuentas salgan adelante son mínimas. PSOE y Podemos llevan a la greña en Asturias desde que arrancó la legislatura y nadie arriesga un euro a que, en vísperas de acudir de nuevo a las urnas, la bronca que ha marcado sus relaciones se torne de repente en sintonía. En las casas de apuestas esa opción cotiza en mínimos, tendiendo a cero.

La relación entre PSOE y Podemos es desastrosa principalmente por la abierta desconfianza entre las partes. Los primeros lamentan que los segundos respondan con un portazo cada vez que han hecho el más mínimo gesto de acercamiento. Los segundos piensan que los primeros no se han bajado aún del pedestal de las amplias mayorías del pasado y que no están dispuestos a la más mínima cesión que dé un giro a las políticas que han venido aplicando en los últimos años. No hay sintonía personal y eso influye muchísimo en cualquier relación. Y luego también es cierto que las diferencias políticas son notables. Para el PSOE, un buen número de las propuestas que abandera la formación morada son utópicas e irrealizables. Para Emilio León y los suyos, por contra, el Ejecutivo de Fernández aplica políticas, sobre todo en materia económica, más propias de la derecha que de un partido asentado en la izquierda. No es de extrañar, pues, que el recelo y la frialdad presidan la interacción entre las dos organizaciones.

La incertidumbre nacional antes mencionada no hace otra cosa que alimentar esa desconfianza. Tanto el presidente del Principado como los distintos portavoces del gabinete y del partido insisten en que la voluntad es llegar a acuerdos, políticos y presupuestarios, con Podemos e IU para articular la mayoría de izquierdas que representa la suma de sus 28 escaños. Pero el partido morado no se cree ese mensaje. Escucha las reflexiones públicas de Fernández e interpreta una aspiración del líder socialista de que su partido se abstenga en Madrid y propicie la investidura de un presidente del PP. Y está convencido de que, de darse ese escenario, los populares pagarían como contraprestación su apoyo a los presupuestos asturianos de 2017. La negociación fiscal abierta entre PSOE y Podemos tiene, a estas alturas, más de fuegos de artificio que de otra cosa.

La clave interna de IU

La dificultad de PSOE y Podemos para entenderse afecta además al tercero en discordia, IU. El año pasado el grupo que encabeza Gaspar Llamazares optó por lanzarse a una negociación abierta con los socialistas de la que salió un acuerdo al que después se intentó sumar a la formación morada. Pero el intento fracasó. Y esta vez no se va a repetir la experiencia. Hay diálogo, sí, pero con cautela y prudencia. Si tiene que haber consenso, que sea a tres bandas. En más de una ocasión Llamazares ha defendido la conveniencia de que las tres partes se sienten a negociar juntas en pos de un pacto fiscal y presupuestario que sirva como base para armar una mayoría de gobierno en Asturias. Pero, de momento, sin éxito, principalmente porque esa mesa a tres no es del gusto de Podemos.

Hay que tener en cuenta, además, que IU vive su propio proceso de reorganización interna tras el anuncio del hasta ahora coordinador, Manuel González Orviz, de no repetir en el cargo. Habrá asamblea para renovar el liderazgo en otoño y en ese contexto hay que leer el viraje anunciado por la organización en el sentido de endurecer la exigencia hacia el PSOE y el Gobierno y, al tiempo, tratar de acercar posturas con Podemos. Muchos en el seno de la coalición han pensado que en este tiempo se ha mantenido una actitud excesivamente blanda con los socialistas, con quienes media un acuerdo de investidura, y en pro de un entendimiento entre las distintas familias que componen Izquierda Unida se ha optado por esta nueva estrategia. Orientada, ya en clave de política regional, a sacar al PSOE del centro y tratar de orientarlo más a la izquierda.

¿En qué acabará todo? Difícil predecirlo a estas alturas. El escenario nacional, la posibilidad de algún tipo de acuerdo o la convocatoria de otras elecciones, será decisivo. Y la confianza también influye. Durante mucho tiempo, en el otoño de 2015, en el Gobierno socialista 'confiaban', estaban convencidos, de que Podemos aprobaría finalmente sus presupuestos. Y no fue así. Algunos aprendieron entonces una lección que no han olvidado hoy.