El Comercio

El congreso exprés de Pedro Sánchez irrita al socialismo asturiano

Sánchez y la candidata del PSE, Idoia Mendia, en la furgoneta electoral de los socialistas vascos antes de un acto en la localidad vizcaína de Portugalete.
Sánchez y la candidata del PSE, Idoia Mendia, en la furgoneta electoral de los socialistas vascos antes de un acto en la localidad vizcaína de Portugalete. / Luis Tejido / EFE
  • El líder del PSOE propondrá a los militantes que voten al secretario general el 23 de octubre si hay bronca

Arde por dentro el PSOE y la controversia se traslada a la calle. También, como en el caso de Podemos, a través de las redes sociales. «Y si al final los poderes fácticos acaban con nosotros, en nuestra lápida pondrá MUERTOS POR VOTAR NO A LA DERECHA», escribió en su perfil de Twitter la asturiana Adriana Lastra, persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez y secretaria de Política Municipal. «Honestamente, Adriana, es mucho mejor un PSOE que gane elecciones que proponer una lápida para 137 años de historia», le replicó Eduardo Madina, antaño adversario de Sánchez por el liderazgo del partido y persona cercana al presidente del Principado y secretario general de la FSA, Javier Fernández. «Completamente de acuerdo. Y la lápida no la proponemos nosotros, sino los que quieren que desaparezcamos», responde luego Lastra.

Bajan revueltas las aguas en el seno del PSOE. El movimiento de ayer de Sánchez, ese plan de convocar un congreso exprés para combatir a sus críticos, principalmente los 'barones' y entre ellos Javier Fernández, soliviantó a los socialistas asturianos, que se confiesan hastiados de las maniobras del secretario general. Los puentes entre el PSOE federal y el asturiano están rotos y las acciones de Sánchez se ven desde el Principado como un intento evidente de frenar cualquier tipo de amenaza a su liderazgo.

Aunque sus dirigentes ya se esperaban algo, en el PSOE asturiano se reaccionó con irritación a una jugada, la del congreso exprés y la apelación a la militancia, que Sánchez manejaba con discreción, temeroso de que los 'barones' pudieran actuar para boicotearla. Los socialistas del Principado no comparten ni la posibilidad de un acuerdo con Podemos ni mucho menos la opción de que ese entendimiento necesite del aval de los independentistas catalanes, algo intolerable para Fernández.

El secretario general del PSOE ha dispuesto todo para poder convocar ya, sin más dilación, el congreso federal del partido con un calendario que deja poco margen de reacción a la oposición interna y le garantiza, prácticamente, la reelección. Con plazos exprés, la votación directa de los militantes para designar a su líder tendría lugar en un mes, el 23 de octubre.

El que se active o no esta suerte de solución de emergencia dependerá, según explican en la dirección, de hasta dónde llegue la tensión orgánica a partir de este domingo. Los críticos han dejado clara su intención de aprovechar unos malos resultados electorales para derrocar a Sánchez. Defienden que la situación es insostenible y, algunos de ellos –dentro de la poco compacta masa crítica– están dispuestos a llegar incluso a soluciones drásticas como una dimisión en bloque de sus afines en la ejecutiva o a la votación de una cuestión de confianza en el próximo Comité Federal. Pero su idea es que, a continuación, se nombre una gestora. Es decir, dejar el congreso para un momento que resulte más propicio a Susana Díaz.

Esa gestora sería la que asumiría el coste de decidir que el PSOE se olvide del Gobierno y pase a ejercer una «oposición útil», como defendió la presidenta de la Junta de Andalucía la semana pasada. Sin embargo, las cosas no parecen sencillas. Entre los críticos hay muchas dudas de que, a la postre, sea posible justificar ante sus bases la abstención a un Ejecutivo de Mariano Rajoy y nadie se cree que el presidente en funciones esté dispuesto a hacerse a un lado. Llegados a este punto, muchos admiten incluso que aunque lo hiciera no tendrían ante sí un camino de rosas.

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Nuevo intento

Lo complejo de la salida podría llevarles a abortar una vez más ‘motu proprio’ el intento de defenestrar a Sánchez. Lo que está claro es que el secretario general no se arredrará. Ayer ya dejó correr a través de una portavoz que tiene intención de aprovechar al Comité Federal del 1 de octubre para anunciar formalmente su intención de liderar un Gobierno alternativo apoyándose en lo que él llama las «fuerzas del cambio», Podemos y Ciudadanos. Y eso enerva a sus enemigos.

Si el ruido ante esta decisión aumenta, Sánchez pulsará el ‘botón rojo’. La idea del secretario general, según han confirmado varias fuentes de la dirección socialista, es proponer a quienes discuten su liderazgo medir sus fuerzas, pero ya. En realidad, el 39 congreso federal está convocado. Su celebración se aprobó en un convulso Comité Federal del pasado 30 de enero, pero en abril los críticos envainaron sus espadas y se optó por posponerlo sin fecha hasta que se resolviera la situación institucional. Ahora se trataría, simplemente, de levantar esa suspensión en el citado cónclave del día 1.

Ese mismo día se pondría el reloj en marcha. Conforme al calendario que hay sobre la mesa, la elección del secretario general mediante voto directo tendría lugar el 23 de octubre. Habría sólo diez días para la recogida de avales y otros diez días de campaña. El congreso de delegados, para la ratificación del nombramiento, la elección de la ejecutiva y la aprobación de las ponencias programáticas, tendría lugar los días 2,3 y 4 de diciembre, es decir, 60 días después del Comité Federal, tal y como dictan los estatutos del partido.

El esquema, según las citadas fuentes, sería dificil de cuestionar por los críticos porque tendría la virtud de no causar perjuicio institucional y, dado que el eventual líder estaría elegido antes de que la legislatura expire el 31 de octubre, daría margen al vencedor (si no fuera Sánchez) para modificar la posición del PSOE de cara a una eventual investidura de Mariano Rajoy o de otro líder del PP. Además, alegan, la guerra interna no interferiría ya en la campaña, en caso de que haya que ir a terceras elecciones, porque para diciembre quedarían exclusivamente cuestiones ideológicas y propuestas legislativas.

Los ‘sanchistas’ están convencidos de que en ese escenario tienen todas las de ganar por una sencilla razón: que los militantes, los que votan, entenderán que quienes quieren acabar con Sánchez lo hacen para dejar gobernar a los populares. Además, no parece que la oposición interna tenga fácil presentar un candidato. Algunos han intentado convencer de nuevo a Eduardo Madina, pero ni el vasco se presta ni muchos barones lo aceptarían.