El Comercio

La batalla por el control del PSOE alimenta la división interna en Asturias

Areces, Trevín y Fernández, ayer, antes del inicio de la reunión del Comité de las Regiones.
Areces, Trevín y Fernández, ayer, antes del inicio de la reunión del Comité de las Regiones. / MARIO ROJAS
  • Mientras las posiciones de Sánchez calan en amplios sectores de la militancia, Fernández se mueve con cautela a la espera del resultado en Galicia y País Vasco y del comité federal

La prolongada y fatigosa batalla interna en el PSOE, en primer término por la posición a adoptar ante el bloqueo político que vive el país pero también por el liderazgo futuro del partido, comienza a pasar factura y a provocar desgaste. Se nota en el ámbito nacional y también en Asturias. La posición de Pedro Sánchez contraria a facilitar la investidura de Mariano Rajoy y favorable a explorar una alternativa encabezada por él goza de amplio predicamento entre la militancia del Principado, tal y como se puede constatar en conversaciones telefónicas con cargos locales, en el resultado de reuniones de asambleas y ejecutivas municipales que se vienen desarrollando por la región o también, y con especial vigor, en las redes sociales. Un planteamiento que colisiona con la actitud que mantiene el presidente del Principado y secretario general de la FSA, Javier Fernández, que nunca ha mostrado entusiasmo alguno hacia los planes del líder federal pero que se mueve en un terreno de deliberada ambigüedad, a partir de un discurso que insta a formar gobierno con premura y evitar otras elecciones pero sin decir cómo. La organización contiene la respiración a la espera del resultado de las elecciones gallegas y vascas del domingo y, sobre todo, del comité federal previsto para el 1 de octubre.

Que entre la militancia el discurso del 'no es no' de Sánchez a Rajoy goza de un amplio respaldo es una evidencia. Es, de hecho, una de las bazas -la consulta a las bases sobre el rumbo a seguir- con que juega la dirección federal frente a los 'barones' críticos que le hacen frente. Que su voto sitúe al líder del PP en la Moncloa provoca resquemor en las bases. La posibilidad de que los afiliados se revuelvan es, precisamente, uno de los temores de los dirigentes territoriales a la hora de confrontar con Ferraz. En el ambiente flota la sensación de que los 'barones' están por la labor de una abstención que facilite un gobierno del PP aunque ninguno ha ido tan lejos y se ha pronunciado en esos términos, a las claras. Tampoco Javier Fernández. Pero a todos, al extremeño Guillermo Fernández Vara, al castellano-manchego Emiliano García-Page, al aragones Javier Lambán, a la andaluza Susana Díaz y al propio Fernández se les sitúa en esa clave.

El presidente asturiano juega la baza de la ambigüedad, especialmente en sus discursos públicos. Plantea la necesidad de que haya gobierno con urgencia para salir del bloqueo, llama al diálogo, insta a evitar por todos los medios unas terceras elecciones, pero evitar decir cómo alcanzar el objetivo, qué camino seguir. En la sede de Ferraz dan por hecho que Fernández, como el resto de los 'barones', vería con buenos ojos una abstención. Pero nadie podrá decir que él se haya manifestado en esos términos.

Ayer, en el marco de la reunión que la Comisión de Ciudadanía, Gobernanza y Exteriores del Comité de las Regiones celebró en Oviedo, volvió a insistir en esa línea. Planteó como «urgencia» para el país «superar el bloqueo político» para que las instituciones democráticas funcionen. «Si son inútiles o se perciben como inútiles pierden sentido», dijo. La solución no se puede demorar porque «se nos está echando el tiempo encima» y conviene reaccionar «antes de que sea demasiado tarde y los daños resulten irreparables». Pero ni una palabra de la fórmula para salir del embrollo.

Pero tanto de las declaraciones públicas de Fernández, tibias, como de sus intervenciones en las reuniones internas, más contundentes, se sacan varias conclusiones. Uno, que ir a otras elecciones pondría alfombra roja a una mayoría más amplia del PP. Dos, que los números no encajan a la hora de pensar en conformar un gobierno alternativo. Tres, que Podemos -una de las piezas de un hipotético acuerdo- no genera la más mínima confianza, así como tampoco la posibilidad de que Ciudadanos entre en esa ecuación. Y cuatro, que meter en el ajo a los independentistas catalanes se consideraría una aberración.

El porqué de la cautela

La explicación a la prudencia de Fernández es doble. Es verdad que siempre -o casi siempre- ha eludido pronunciarse de las cuestiones internas fuera de los órganos del partido. Y, tal y como admiten personas de su entorno, sabe que una declaración suya en un sentido, por ejemplo a favor de una abstención, abriría un escenario de hostilidad en el partido de incalculables consecuencias. De ahí que, a la expectativa de la cita electoral de mañana y del comité federal del día 1, todo sea una densa nebulosa.

Incluso indisimulados 'sanchistas' asturianos admiten que esa actitud de Fernández es la que ha hecho que las aguas en Asturias bajen, al menos en apariencia, calmas. «Otra cosa sería que hubiese actuado como Page, Lambán o Vara, cuestionando abiertamente al secretario general», razona uno de ellos. Que, no obstante, ve al líder asturiano muy distante del federal y anticipa tiempos convulsos. Aunque también es verdad que hay en el PSOE asturiano quien espera de su líder más claridad en sus pronunciamientos y menos matices.

Que Fernández y Sánchez no se llevan es un hecho. En la FSA se entiende que se ha llevado al partido a un callejón sin salida y que amenazas como la de celebrar un 'congreso exprés' en vísperas de las elecciones no hacen sino enturbiar el ambiente. Vienen, pues, curvas.