El Comercio

Javier Fernández ve imposible el acuerdo con Ciudadanos y Podemos que quiere Sánchez

Sánchez, ayer, durante la fiesta de la rosa del PSC en Gavá.
Sánchez, ayer, durante la fiesta de la rosa del PSC en Gavá. / Efe
  • El presidente asturiano cree que el veto mutuo de Rivera e Iglesias lo bloquea; los ‘barones’ aguardan al resultado en Galicia y País Vasco para jugar sus cartas

La jornada de hoy, el resultado que se obtenga en las elecciones gallegas y vascas, se antoja decisivo para el futuro del PSOE. Un batacazo como el que predicen las encuestas abriría la vía a que los ‘barones’ territoriales intentasen descabalgar a Pedro Sánchez. Pero si el secretario general salvase la cara en las urnas, ese golpe de mano sería mucho más complicado y todo apunta a que persistiría en su estrategia de intentar formar un gobierno alternativo por la vía de poner de acuerdo a Podemos y Ciudadanos. Una opción que considera inviable el PSOE asturiano y su secretario general y presidente del Principado, Javier Fernández, y no tanto porque no le guste ese entendimiento a tres bandas, siendo cierto que no le genera ningún entusiasmo aunque de sus intervenciones públicas se deduce que podría llegar a tolerarlo, como por el hecho de que cree que el veto mutuo de Albert Rivera y Pablo Iglesias lo invalida.

La deriva de los acontecimientos ha situado en una posición complicada a Fernández y su equipo. De todos es sabido que su sintonía con Sánchez es nula y que la comunicación entre ambos, como entre el secretario general y una mayoría de los ‘barones’, está rota. El problema es que la tesis del líder federal, su veto frontal a la investidura de Mariano Rajoy, es respaldada por una mayoría de la militancia, en Asturias y también en el conjunto del país. Y frente a esa efervescencia, quienes no comulgan con Sánchez apenas han podido presentar más que alguna tibia crítica, la exigencia de mayor debate interno.

De las reflexiones de Fernández, de la andaluza Susana Díaz, del aragonés Javier Lambán, del castellano-manchego Emiliano García-Page o del extremeño Guillermo Fernández Vara muchos interpretan que estarían dispuestos a favorecer una abstención que permitiese al PP llegar a la Moncloa. Pero es verdad que ninguno lo ha dicho con esos términos. Es una posición difícil de mantener cuando en las asambleas que se están celebrando por Asturias –la de Gijón hace unas semanas es un buen ejemplo– resuenan las voces enfervorizadas de quienes respaldan de forma entusiasta a Sánchez.

El líder asturiano se ha movido en este asunto con extrema cautela. Con una calculadísima ambigüedad. Alerta de la necesidad de superar el bloqueo, de la urgencia de que haya gobierno para frenar el deterioro del sistema, del riesgo de unas terceras elecciones que consoliden una mayoría más amplia del PP. Pero siempre sin ir más allá de la cuenta. Porque sabe que si lo hace, si apunta en público a las claras contra Sánchez, abriría la caja de los truenos y activaría una guerra sin cuartel. Y Fernández, curtido en el valor de la lealtad interna, no ha cruzado esa línea. Al menos, de momento.

Pero el tiempo se agota y la jornada de hoy se presenta como decisiva para el porvenir del PSOE. Todo el mundo, Sánchez y su ejecutiva, con las asturianas Adriana Lastra y María Luisa Carcedo en el equipo, por un lado, y los ‘barones’ y los históricos del partido por otro, aguardan al dictamen de las urnas en Galicia y el País Vasco. Un desplome socialista en ambos territorios como el que pronostican la mayoría de las encuestas abriría una vía a los críticos. Pero una salida honrosa, evitar el ‘sorpasso’ de Podemos y las mareas en Galicia y mantener el tipo en el País Vasco, daría la opción al secretario general de continuar adelante con sus planes.

Sin opciones de pacto

Un camino que genera muchas dudas en Fernández y la FSA, que creen que esa apuesta de Sánchez por el acuerdo con Podemos y Ciudadanos no tiene visos de prosperar y que, al final, todo llevaría a esas terceras elecciones que el presidente asturiano quiere evitar a toda costa. Ese entendimiento a tres bandas no sería ni mucho menos el escenario idóneo para Fernández, sobre todo por sus recelos hacia la formación morada, pero, más allá de los gustos personales, constata que es imposible de llevar a la práctica por el veto mutuo de Iglesias y Rivera.

Lo que sí supone una línea roja para el líder de los socialistas asturianos, como para el conjunto de los ‘barones’, es la posibilidad de que la formación de un gobierno con Sánchez al frente pase por el acuerdo con los independentistas catalanes. Aunque el propio secretario general ha dicho que esa no es su intención, nadie, tampoco en el Principado, se fía. Como tampoco ha gustado su planteamiento de un congreso ‘exprés’ en el que, recurriendo al respaldo de la militancia, afianzarse en el liderazgo del partido antes de esa hipotética tercera convocatoria electoral. Una hipótesis filtradas desde Ferraz que en el PSOE asturiano interpretan como una amenaza directa a los ‘barones’ para que se estén quietos y no intenten descabalgarle del poder.