El Comercio

Sánchez y Fernández, el pasado 9 de septiembre, en el Antiguo Instituto.
Sánchez y Fernández, el pasado 9 de septiembre, en el Antiguo Instituto. / DAMIÁN ARIENZA

Los méritos de la moderación

  • La cautela con la que se ha expresado Javier Fernández hace que muchos le vean como el candidato idóneo a presidir una gestora

El presidente del Principado y secretario general de la Federación Socialista Asturiana, Javier Fernández, ha sido propuesto por el sector crítico para liderar la gestora con la que pretenden reemplazar a la Ejecutiva Federal de Pedro Sánchez, a la que consideran ya extinta. La gestora podría dar lugar a un cambio de la postura del grupo socialista en el Congreso respecto al voto negativo a una investidura de Mariano Rajoy. No pocos han apuntado a que es preferible un gobierno en minoría del PP que ningún gobierno, y Javier Fernández ya anotó en el Comité Federal, en julio, que la opción de ir a unas terceras elecciones supondría que «estaríamos empedrando el camino para una mayoría absoluta del PP».

A Javier Fernández se le escucha en el partido, por su trayectoria y por su moderación, al punto de que, pese a que su poca sintonía con Pedro Sánchez es evidente, no fue hasta esta semana, tras el anuncio del adelanto del congreso federal, que Fernández se atreviese a deslizar una crítica clara al secretario general, al asegurar que la convocatoria era «extemporánea» y «fuera de lugar». Al decir eso, no hacía otra cosa que poner en palabras el sentir del sector crítico, que ya para entonces le veía como el candidato idóneo para presidir la gestora, por su moderación, su capacidad analítica y de diálogo interno en el partido y, tal vez, porque como el propio secretario de Organización de la FSA, Jesús Gutiérrez, dijo ayer, Fernández tiene ya «colmadas sus aspiraciones políticas». Así, quien se quiera postular como nuevo líder o lideresa nacional del partido no quemaría sus naves en el difícil y expuesto papel de presidente de una gestora en tiempos convulsos.

Por otra parte, a Fernández la indefinición política nacional le tiene, cuando menos, atada una mano a la espalda, dado que los pactos que se concreten o no en Madrid pueden tener una influencia decisiva para que su Gobierno en minoría pueda tener los apoyos imprescindibles para aprobar los presupuestos regionales de 2017, una hipótesis, hoy por hoy, lejana.

Fernández dejó clara su cercanía a Eduardo Madina cuando, hace ahora dos años, optaba a la secretaría general del PSOE. Derrotado éste, la alineación natural del presidente asturiano fue con la andaluza Susana Díaz, con la que coincide en un rechazo frontal a Podemos, entre otros aspectos, tal vez muy conscientes ambos del riesgo que para el PSOE supondría un gobierno en coalición con la formación morada. Así pues, Javier Fernández estuvo, desde las elecciones de junio, entre los socialistas que asumieron que el puesto del PSOE, con 85 diputados, está en la oposición.

Lo dejó claro el 19 de julio, en un acto de la Asociación para el Progreso de la Dirección, en el que afirmó que le parecía «inviable» un gobierno encabezado por los socialistas y, a la vez, defendió que unas terceras elecciones no son deseables y que es un escenario que le da «miedo, no como una señal de cobardía, sino con lucidez».

Al inicio de este mes, en la primera jornada de la Escuela de Verano de UGT, Fernández apretó algo más el tornillo dialéctico y aseguró que con la amenaza de unas terceras elecciones «estamos jugando con fuego» puesto que, dijo, se está fomentando la desafección de la ciudadanía hacia las instituciones. Ese día sentenció que el PSOE no puede negociar un acuerdo de gobierno con partidos independentistas, como ERC o Convergencia, limitando así las opciones de Sánchez casi a la nada.

En ese mismo foro, tres días más tarde, Fernández asistió a una conferencia de Pedro Sánchez en la que éste insistía en el «'no' es 'no'». Buena parte de la militancia de base presente y algunos dirigentes políticos y sindicales aplaudieron la postura del líder madrileño cuando el sindicalista avilesino Iñaki Malda le agradeció públicamente que se mantuviese en la negativa a que gobierne el PP. Javier Fernández, en primera fila y a apenas dos metros de Sánchez, permaneció silente.