El Comercio

El partido se agrieta en Asturias con el diseño de la futura Ejecutiva de trasfondo

La crisis del PSOE es nacional, pero se extiende a los territorios. En Asturias, provoca grietas hasta hace poco insospechadas. Las dos componentes asturianas de la Ejecutiva federal, que siguieron dando su apoyo a Pedro Sánchez hasta el final, Adriana Lastra y María Luisa Carcedo, eran hasta no hace demasiado tiempo de la absoluta confianza de la dirección regional. La fractura se desarrolla de forma más o menos larvada desde hace más de un año. De hecho, la propia Adriana Lastra advertía en una reciente entrevista con este periódico de esa división clara de opiniones.

No se trataba de entrar cual elefante en cacharrería en Asturias. Cualquier intento en ese sentido se sabe condenado al fracaso, máxime cuando en las últimas dos legislaturas autonómicas, bien que mal y con una mayoría minoritaria, Javier Fernández se ha mantenido como uno de los escasos barones regionales del PSOE que son, a la vez, presidentes autonómicos.

La estrategia del equipo de Sánchez, bien conocida entre los dirigentes asturianos del partido, era no interferir en una casi segura nueva candidatura de Javier Fernández a la Secretaría General de la Federación Socialista Asturiana, cuando llegue el momento. Pero, a la vez, ir tejiendo una red de apoyo para los intereses del equipo de Sánchez en Asturias que se integrase (algunos dicen «que se le imponga») a Javier Fernández en su futura Ejecutiva regional.

Esto era hasta ahora. Pero tras la dimisión de Pedro Sánchez, quedan muchas cuestiones por resolver a nivel regional. La actual dirección de la FSA trata de aparecer monolítica, y en el grupo parlamentario en la Junta General también se ha tocado a rebato, mientras que en las agrupaciones municipales se hace evidente que hay una marea que pide más participación de la militancia en las decisiones y el diseño del partido.