El Comercio

La Fiscalía rechaza que Gerardo Iglesias declare en la querella contra el franquismo

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Gerardo Iglesias, junto a la abogada Ana Messuti, saluda a las personas que acudieron a los juzgados para apoyarle. / P. LORENZANA

  • El excoordinador general de IU se mostró «indignado, pero no sorprendido», por la suspensión del testimonio que debía prestar ayer en los juzgados ovetenses

El excoordinador general de Izquierda Unida, Gerardo Iglesias, esperaba ayer al mediodía en el Juzgado de Instrucción número 4 de Oviedo a que le tomasen declaración, en relación con las torturas sufridas durante el franquismo, dentro de la querella argentina que investiga los crímenes de la dictadura. Sin embargo, a última hora, la jueza le informó de que su testimonio había sido suspendido, a causa de una petición del Ministerio Público, que ahora deberá ser debidamente estudiada. La Fiscalía General del Estado ha emitido una instrucción de obligado cumplimiento para suspender la declaración de los querellantes citados ante diversos juzgados españoles, a petición de la jueza argentina María Servini para determinar si los crímenes cometidos durante la dictadura y la Guerra Civil pueden considerarse de lesa humanidad. El escrito incide en que los hechos que se intentan investigar competen a la justicia española y no a la argentina y dice, también, que estarían «claramente prescritos».

La abogada Ana Messuti -que ya anunció un posible recurso- no dudó en definir como «un maltrato a la víctima, una falta de respeto y un incumplimiento del tratado internacional entre Argentina y España» la suspensión de la declaración de Iglesias, quien se mostró «indignado, pero no sorprendido» por la suspensión de su testimonio «a sugerencia del fiscal, o sea, a sugerencia del poder político», dado que, según lanzó, «los fiscales de turno han obedecido en este país a lo que ha mandado el gobierno de turno».

En este sentido, lamentó que, en su opinión, «cada vez haya más actos de exaltación de la figura de Franco, muchos auspiciados y amparados por el poder político». Y añadió que no es posible una democracia «real» en un país con una asignatura pendiente, en la que «sigue operando la cultura franquista». «Estoy convencido de que hace falta un cambio político profundo, una ruptura que no hubo en la Transición», defendió.