El Comercio

La asamblea de Gijón evidencia la profunda división del PSOE

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José María Pérez, pensativo, minutos antes del inicio de la asamblea, con Justo Braga y Antonio Trevín a la derecha. / P. UCHA

  • El rechazo a investir a Rajoy es muy amplio entre la militancia, mientras dirigentes y cargos encabezan la apuesta por la abstención

Si el PSOE quiere coser sus heridas va a necesitar hilo de sutura pero sobre todo tiempo, paciencia y pedagogía porque, lejos de ser superficiales, los daños son muy profundos. El riesgo, además, es que la enfermedad, lejos de curarse, empeore su pronóstico. El partido está profundamente dividido en dos bloques, los partidarios de una abstención que propicie la investidura de Mariano Rajoy y aquellos que mantienen el 'no es no' que enarboló el ex secretario general Pedro Sánchez, y esa fragmentación supone una amenaza de quiebra porque maniata cualquier posibilidad de paz interna. Así se pudo constatar en la asamblea que ayer celebraron los socialistas de Gijón, principal agrupación de la región, en la que se evidenció el abismo que separa a quienes están por la labor de tolerar un gobierno del PP, encabezados por dirigentes y cargos públicos, y los que se oponen frontalmente a esa posibilidad, una actitud de veto que tiene amplio predicamento entre la militancia. Algo más de cuatro horas de reunión y casi 60 intervenciones sirvieron para poner de manifiesto que el PSOE tiene un serio problema que compromete su futuro.

Fue una asamblea intensa, sí, agitada por momentos aunque quizá menos virulenta de lo que muchos esperaban. Había quien acudía al cónclave casi como si fuera «a primera línea del frente», como comentaba hace unos días, medio en broma, medio en serio, un veterano socialista, pero no hubo una batalla en campo abierto. Hubo discusiones, discrepancias, abucheos y murmullos en muchos momentos pero la cita terminó sin sangre, dicho sea en términos políticos.

Esas cuatro horas de debate clarificaron que hay dos posturas entre las que dista un mundo. La defensa de la abstención corrió a cargo de dirigentes del partido y cargos públicos, caso del senador Vicente Álvarez Areces, el diputado nacional Antonio Trevín, la parlamentaria regional Carmen Eva Pérez o el presidente de la Junta General del Principado, Pedro Sanjurjo, a los que se sumaron nombres con peso en la agrupación gijonesa como la ex consejera Clara Costales, el ex secretario general Santiago Martínez Argüelles o el histórico Francisco Villaverde. No defendió abiertamente la abstención, pero sí mostró su criterio de que las terceras elecciones son la peor alternativa posible el portavoz municipal, José María Pérez. Los críticos con la salida de Pedro Sánchez de la secretaría general y con el golpe de mano de los 'barones' territoriales se arremolinaron en torno al vehemente discurso de la senadora María Luisa Carcedo, integrante de la extinta ejecutiva 'sanchista', al que se sumaron ex consejeros del Ejecutivo regional como Faustino Blanco o Ana González, personas vinculadas al SOMA y al mundo sindical y militantes de base.

Estimaciones realizadas a partir de consultas a distintos participantes en la asamblea ponen de manifiesto que el 'no' a Rajoy es mayoritario. Más de 30 intervinientes defendieron esa posición, frente a una veintena que habrían respaldado la abstención. El resto, hasta llegar a 60, habrían mostrado una actitud intermedia.

Hay posiciones muy enconadas y parece difícil el acercamiento. Los partidarios de la abstención, caso de Trevín o Areces, insistieron en el argumento que se esboza desde hace unos días de que dado que la opción de un gobierno alternativo «es inviable» y que unas terceras elecciones no son deseables por el riesgo de una mayoría absoluta del PP, no hay otra alternativa que no sea ese voto que facilite la investidura de Rajoy y sitúe al PSOE en una oposición exigente. En esa posición también se situó Pedro Sanjurjo, que protagonizó uno de los momentos de tensión al abandonar el atril desde el que estaba interviniendo, mostrando su queja ante los abucheos y los murmullos que acompañaban su discurso. Volvió a tomar el micrófono, pero de forma breve.

Entre los partidarios de la abstención, de hecho, se afeaba a los 'sanchistas' que hubieran acudido a la asamblea con una estrategia «organizada» para cuestionar su posición con comentarios y abucheos. Los partidarios del 'no', por su parte, hacían notar el hecho de que la dirección del partido hubiera movilizado a todos sus cargos y altos dirigentes para evitar una imagen de «derrota absoluta» frente a las bases.

Los partidarios del 'no' aplaudieron enfervorizadamente las intervenciones de los suyos. Especialmente las de María Luisa Carcedo, sin duda la más vehemente en defensa de la tarea realizada por Sánchez y de crítica al giro auspiciado por los 'barones'. Carcedo afirmó que el PSOE se ha metido en la «trampa» que le ha tendido el PP, cuyo objetivo, anotó, es «humillar» a los socialistas. «Bien, Luisina, bien», se escuchó decir.

Menos confianza y votos

Carcedo, en un tono que gustó a los suyos y que fue tildado de «exagerado, casi a gritos» por algunos de los asistentes, alertó del declive electoral del PSOE y señaló que la reactivación pasa por conseguir recuperar la confianza de los ciudadanos, algo que se consigue «siendo coherentes con la palabra dada», esto es, con el 'no' al PP. «De lo contrario vamos a seguir perdiendo confianza y votos», apuntó. La senadora ahondó además en la contradicción que a su juicio supone que el PSOE se quejase de que Podemos facilitase el gobierno de Foro en Gijón y ahora, en España, también permita mandar a la derecha. Y anticipó que el PP, si no consigue apoyos para, por ejemplo, aprobar el presupuesto, forzará otras elecciones y dejará en la estacada al PSOE.

«Golpe de estado» o «golpe palaciego» fueron algunos de los términos empleados para definir la maniobra de los 'barones' contra Sánchez. Hubo críticas muy duras, caso de las vertidas por el ex consejero de Sanidad Faustino Blanco, que lamentó las palabras de quien fue su jefe en el Gobierno, Javier Fernández, respecto de la «podemización» del PSOE. Reproches que en el otro sector se interpretaron como un «ataque brutal» a la gestora y a Fernández en persona. «La militancia quiere participar y votar, las cosas no se pueden decidir con nocturnidad y alevosía», clamó Carmen Saras, antaño secretaria de igualdad de la agrupación. También la ex consejera de Educación Ana González se manifestó en contra de favorecer un gobierno del PP.

Dos bloques, pues, en un mismo partido, como quedó claro en una asamblea que sirvió como «terapia de grupo, pero sin resultado práctico alguno», en opinión de un asistente. No se llegó a votar resolución alguna dado que no estaba en el orden del día, y aunque desde los partidarios del 'no' se intentó asegurar que se trasladase el sentir de la asamblea a la FSA y al comité federal, la iniciativa no prosperó.