El Comercio

José Antonio Postigo, el pasado mes de marzo, minutos antes de comparecer ante la jueza.
José Antonio Postigo, el pasado mes de marzo, minutos antes de comparecer ante la jueza. / ÁLEX PIÑA

«Es verdad que con el coche ya pagado mantuvimos el ingreso para compensarle»

  • Postigo desveló ante la juez que uno de los vehículos se puso a nombre de Villa para eludir impuestos; aseguró que varias personas sabían imitar su firma

Ha transcurrido ya algo más de un año desde que el SOMA-Fitag-UGT interpusiera una querella contra quien dirigiera la organización durante más de tres décadas, José Ángel Fernández Villa, a quien se le acusa ahora de un presunto delito de apropiación indebida y se le reclaman 430.552 euros que presuntamente habría gastado con cargo a la central sindical sin justificar. Durante este tiempo han pasado por el Juzgado de Instrucción de Oviedo diferentes personas que, de un modo u otro, trabajaron codo con codo con Fernández Villa en el sindicato, aunque ninguno reveló con tan poco pudor las anomalías de la organización como José Antonio Postigo, que declaró el pasado 3 de marzo en calidad de testigo.

EL COMERCIO ha tenido acceso a las grabaciones de aquel interrogatorio, en el que el expresidente del Montepío de la Minería, y considerado mano derecha del acusado, compartió con la titular del juzgado y el resto de los representantes legales allí reunidos las presuntas irregularidades cometidas en la contabilidad del SOMA-UGT. Lo hizo, además, sin ningún tipo de tapujos.

Lo primero, casi nada más empezar el interrogatorio, que se prolongó durante cerca de una hora, admitió que tras una de las operaciones quirúrgicas a las que se tuvo que someter «el señor Fernández Villa, mi amigo Fernández Villa», varios de los miembros del sindicato entre los que se encontraba tomaron la decisión de comprarle un coche todoterreno (el famoso Mitsubishi), que le fuera «más cómodo» que el vehículo propiedad del sindicato de marca Audi que venía utilizando hasta el momento. «Se tomó la decisión de ponerlo a su nombre y pagárselo a él porque, como Villa tenía una minusvalía, suponía un ahorro fiscal», rememoró.

El sindicato pasó a abonar mensualmente unos 800 euros a la cuenta personal del exdirigente para financiar tal adquisición pero, reconoció sin ruborizarse a las preguntas del fiscal, que una vez completado el pago de aquel vehículo se mantuvieron aquellos desembolsos para compensar al entonces líder su merma de ingresos por causar baja como diputado autonómico. «Eso sí es verdad», contestó. «No sé hasta cuándo ni de qué manera, pero sí se habló de que era una forma de compensarle porque había dejado aquel cargo voluntariamente», recordó.

Postigo relató que él había aportado la idea de comprarle un coche todoterreno pero que, al no tener ningún cargo de representación en la ejecutiva del SOMA-UGT, sino en el SOMA-Fitag-UGT, él no estaba en disposición de aprobar esta operación con cargo a la primera entidad. «Yo no puedo mandar a nadie tirarse al río y que esa persona se tire. Tendría su propio juicio», se excusó, negando que estuviera cumpliendo órdenes de Villa. «Jamás me ha dado ninguna directriz de ese tipo para que yo la trasladara aquí o allí. Estaba suficientemente capacitado y tenía autoridad suficiente como para decirlo él personalmente», apuntó. Eso no era impedimento para que, a juzgar por las declaraciones de Postigo, más de uno imitara su firma cuando él no estaba presente. «Solía ser Carmen (la secretaria), a Natal (Armando Fernández Natal) sé que le salía bien el garabato y lo hacía para no tener que ir hasta su casa. Pero yo no le doy ninguna trascendencia. No todo el mundo sabía, yo lo intenté muchas veces pero lo mío no valía», admitió.

«Amigo hasta que me muera»

Sobre la figura de José Ángel Fernández Villa también se despachó a gusto Postigo en su declaración. Habló de él como un «compañero y amigo» aunque eso no evitó que se refiriera a él como un «desastre» en cuanto a organización se refiere y como «muy austero y tacaño». «Y lo dice un amigo que va a ser amigo de él hasta que se muera», anotó.

Lamentó, eso sí, que ahora no pueda mantener esa amistad como antaño. «Desgraciadamente ahora la amistad es más familiar que personal por su propia situación. Siempre que vengo a Asturias intento hacerle una visita, pero desde luego me sirve de poco», dijo en clara alusión al deterioro mental que sufre el exdirigente, aunque hay versiones contradictorias sobre su alcance.

Contó en su declaración, en respuesta a cuestiones sobre las que se interesó la abogada que defiende los intereses del exsindicalista, que Villa no cogía nunca vacaciones ni descansaba. «Trabajaba 24 horas al día, todos los días de la semana, los sábados, los domingos, los lunes, los martes.... No cogía nunca vacaciones. Y, si me permite un apunte, cuando los demás las cogíamos nos dejaba de hablar durante quince o veinte días porque decía que no había derecho», confesó. «Él no cogía vacaciones y no quería que los demás las cogiéramos. Y sigue siendo amigo mío. Con esto no lo estoy criticando», quiso añadir.

«Desastre»

«Perdía la cartera continuamente» y, como era un «desastre para todo», no se ocupaba de la contabilidad de sus propios gastos. «Cogía los tiquets y se los daba a Juan Cigales (el contable), que le llevaba hasta la contabilidad personal. José Ángel al banco no sé las veces que habrá ido. Muy pocas». También explicó Postigo que, cuando viajaban a Madrid para participar en cualquier negociación sindical, Villa en calidad de secretario general era el que se encargaba de pagar los gastos de toda la comitiva, porque era el único que tenía tarjeta de crédito para hacerlo. Pero ojo, nada de despilfarros. «Cuando salíamos de las reuniones después de horas de negociación había algunos que iban para la cama y otros no. Él era de los que se iba a la cama. Nadie puede decir que le vio tomando un chupito de whisky. Otros no podemos decir lo mismo», espetó Postigo en la sala para asombro de los presentes. «Le digo más -añadió sin que nadie le pidiera más explicaciones al respecto- siempre andaba llamando la atención a las personas que se pasaban un poco. Yo era de los que le dejaban en la habitación, y luego me iba de fiesta», confesó.