El Comercio

Juan Cigales, excontable del SOMA-UGT y del Infide, antes de su declaración en febrero.
Juan Cigales, excontable del SOMA-UGT y del Infide, antes de su declaración en febrero. / ÁLEX PIÑA

«Cuando me hice cargo de las cuentas me dijeron que pagara los gastos y chitón»

  • Asegura que todas las decisiones pasaban por Villa y que la única vez que protestó le dijo que «tenía cola hasta La Felguera para ocupar mi puesto»

  • Juan Cigales, excontable del SOMA, admitió ante la juez el descontrol económico: «Cada cierto tiempo Villa me daba bolsas llenas de tiques»

«A mí me decían 'tú apunta y calla'. ¿Era tonto? No, obediente». Con estas palabras, Juan Cigales trató de eludir cualquier tipo de responsabilidad en relación a las irregularidades que, presuntamente, se cometieron durante años en la contabilidad del SOMA-UGT y de la Fundación Instituto para la Formación, la Investigación, la Documentación y los Estudios Sociales (Infide), y por las que están imputados José Ángel Fernández Villa y Pedro Castillejo.

El excontable de ambas organizaciones, que declaró el pasado mes de febrero en calidad de testigo en el juzgado ovetense que instruye el caso, aseguró que por su condición de técnico nunca tuvo capacidad de decisión y que se limitó a ejecutar órdenes, aunque a tenor de su declaración, que se prolongó durante más de dos horas y a la que ha tenido acceso EL COMERCIO, era totalmente consciente del dispendio por parte de algunos dirigentes. «El que llevaba las cuentas antes que yo, Ramiro Valle, me dijo cuando llegué: 'cuanto te vengan con el tema de gastos, tú pagas y chitón'», rememoró.

Por este motivo, y por el respeto que se le tenía a José Ángel Fernández Villa, él nunca dijo ni 'mu'. «Con Villa valía más no tener enfrentamientos. Una vez que le dije que necesitaba ayuda para desarrollar mis tareas me dijo que tenía cola hasta La Felguera para ocupar mi puesto», recordó. «¿Cómo le iba a discutir alguna cosa después de lo que me había dicho. Me pongo a discutir con él y a la semana siguiente estoy en la calle. Él era así», argumentó durante su interrogatorio ante las preguntas de la jueza, el fiscal y los diferentes abogados que trataban de entender, con su relato, cómo era el día a día en la organización sindical.

Cigales insistió en su declaración en que él no tenía capacidad de decisión ninguna. «No tenía ningún cargo. Yo no era patrono, ni nada. Por no ser no era ni el contable. Sólo era el responsable de los pagos», quiso especificar nada más comenzar su discurso. «No me metía en si el gasto era adecuado o no, esa responsabilidad no era mía, yo sólo buscaba que hubiera facturas que correspondieran con los gastos», respondió encogiéndose de hombros a las preguntas formuladas por la titular del juzgado, Simonet Quelle, quien parecía molesta por la actitud del testigo. «Vaya, que usted decía: 'adelante con todo que nosotros lo aprobamos todo'», llegó a manifestar irónicamente la magistrada a modo de resumen.

Hoja de gastos

Cigales se ocupaba de pagar los gastos de representación y dietas tanto del SOMA-UGT como del Infide y, por este motivo, su declaración era de vital importancia para tratar de despejar dudas sobre los gastos sin justificar que el sindicato reclama ahora a Villa y a Pedro Castillejo. «José Ángel me llamaba periódicamente y sacaba de un cajón de su despacho, delante de quien estuviera en ese momento con él, una bolsa con un puñado de tiques. Yo los organizaba: gasolina por un lado, taxis por otro, comidas en otro montón. Luego hacía una hoja de cálculo para sumarlo todo y se la daba para que me la firmara», relató. Tenía orden del entonces dirigente sindical de que la mitad de sus dietas se las pasara al SOMA-Fitag-UGT y la otra mitad al SOMA-UGT, «para equilibrar». «Nadie discutía si esos gastos eran o no procedentes. El que tenía la última palabra era él», sentenció.

Cigales comentó también que Pedro Castillejo contaba con todo el respaldo por parte de quien fuera secretario general de la organización sindical, por lo que tampoco le pedía muchas explicaciones. «Villa me dijo que con respecto a la fundación Infide atendiera a lo que me mandara Pedro y que a él le dejáramos en paz, que ya tenía bastante en la cabeza». Le llegó a pedir, anotó, que fuera «discreto». Pese a ello, Cigales aseguró ante la jueza que sí advirtió a Castillejo de que, en ocasiones, las facturas que entregaba no correspondían con las disposiciones de efectivo en cajeros que realizaba. «Me decía que eran gastos de representación».

Aunque el descontrol económico parecía evidente, las cuentas eran aprobadas año a año por la junta administrativa del SOMA-UGT y por el Patronato del Infide. «Los patronatos eran muy 'light'. Castillejo explicaba los movimientos de las cuentas por encima, yo leía el resultado de ese año y para de contar. Nadie intervenía», detalló. «¿No hizo ver al Patronato que había gastos injustificados?», le cuestionó la magistrada. «Como eso no se me preguntó, yo tampoco dije nada», espetó.

Cigales contó con todo lujo de detalles cómo se fraguó la compra de los diferentes coches que utilizaba Villa y negó que los vehículos estuvieran a disposición de todo el sindicato. «Nadie se atrevía a cogerlos por si acaso». Comentó que fue José Antonio Postigo, expresidente del Montepío de la Minería, quien dio la orden de que, una vez abonado el último de los tres coches (que se había puesto a nombre del exlíder sindical para ahorrarse los gastos fiscales y se le pagaba en mensualidades), se le mantuviera el ingreso de 800 euros mensuales para compensarle económicamente su merma de ingresos por dejar de ser diputado autonómico. «Lo pidió Postigo y los que estaban allí no dijeron ni pío».