El Comercio

«Tras la querella, Villa me llamaba semanalmente y me echaba una llorina»

Por alguna razón que Juan Cigales no llegó a esclarecer, José Ángel Fernández Villa le eligió a él para desahogarse una vez que supo que el sindicato que había liderado durante más de tres décadas le acababa de interponer una querella por apropiación indebida y le reclamaba una cuantía que -después de una ampliación posterior- ronda los 430.000 euros. «En el mes de julio de 2015 me llamaba todos los viernes a las ocho de la tarde y me echaba una llorina. Estaba molesto porque le hubieran denunciado y me tenía una hora al teléfono. Debía aprovechar que no estaba su mujer en casa y se aburriría», relató Cigales preguntado por su relación actual con el exsindicalista. «Un día no le cogí el teléfono porque estaba con más gente y luego no supe más de él», añadió. En aquellas conversaciones, recordó el excontable, el exsecretario general del SOMA se mostró preocupado y le preguntaba si había «apuntado bien los gastos», interesándose especialmente por el pago de los puros. «Yo hacía lo que me mandabas», aseguró Cigales que le contestaba. Y es que, reconoció el testigo, el presupuesto en puros era elevado. «Pero es que él tenía por costumbre llevar puros cuando iba a ver a alguien del calibre de Felipe González o Alfonso Guerra, y cuando los cargaba en la tarjeta no sabíamos si eran para él o para regalar. Pero me dijeron que, salvo que Villa me dijera lo contrario, se los pagara y punto».

En relación a su enfermedad mental, Juan Cigales reconoció que en los últimos años Villa ya no era el que había sido. «A veces perdía el hilo de la conversación. Yo lo comenté con algún compañero del sindicato, pero me decían que luego, en las ejecutivas, hablaba muy bien».