El Comercio

Carmen Blanco, quien fuera secretaria de José Ángel Fernández Villa, el pasado mes de marzo, junto a los juzgados.
Carmen Blanco, quien fuera secretaria de José Ángel Fernández Villa, el pasado mes de marzo, junto a los juzgados. / ÁLEX PIÑA

«Cobré el cheque durante años. 'No digas a dónde vas', me ordenaba Villa»

  • Blanco relató a la jueza que el exlíder del SOMA le hizo coger 300 euros del sindicato para darlos en su nombre como regalo de boda

  • La secretaria iba cada mes por el dinero de Hunosa del que supuestamente se apropió su jefe: «Entre 100.000 y 315.000 pesetas»

Carmen Blanco fue secretaria personal de José Ángel Fernández Villa durante 33 años, desde 1980 hasta que dimitió del cargo de secretario general del SOMA-Fitag-UGT, en 2013. Le llevaba la agenda, le organizaba las reuniones y le cogía las llamadas. Pero también, según relató en su declaración ante el Juzgado de Instrucción número 2 de Oviedo el pasado mes de marzo, se ocupaba de otras gestiones para las que el exdirigente sindical le pedía «especial discreción».

Tal y como ya había declarado previamente ante la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil (con motivo de la investigación que lleva a cabo la Fiscalía Anticorrupción para tratar de esclarecer el origen de los 1,2 millones que el exsindicalista regularizó en la amnistía fiscal), Blanco admitió que «durante años» se ocupó personalmente de ir a cobrar el cheque que cada mes Hunosa emitía a nombre de Fernández Villa para pagar las dietas por asistencia al comité intercentros de él y del resto de compañeros. «Me encargué durante una serie de años de ir con su DNI a la Caja a cobrarle aquel cheque. Él me dijo que era del consejo de administración de Hunosa. Empezaron siendo unas 100.000 pesetas y al final creo recordar que eran entre 295.000 y 315.000 pesetas. Se lo metía en un sobre y se lo daba. Lo que hacía con ello luego yo ya no lo sé. Pero me pedía mucha discreción. Me decía: 'No digas a dónde vas'», rememoró en su interrogatorio.

Carmen Blanco, empleada del SOMA-Fitag-UGT, era su secretaria personal y como tal se ocupaba de toda su agenda: como secretario general del sindicato, pero también como presidente de la junta administradora del SOMA o como presidente del Infide, e incluso como diputado y senador. No obstante, quiso especificar que ella no se encargaba de las cuestiones económicas. Por ello, dijo desconocer cómo se justificaban y se pagaban las dietas y los gastos de representación del SOMA-UGT, donde una auditoría externa reciente ha detectado importantes anomalías, lo que ha servido de soporte para que la central sindical haya interpuesto una querella contra Villa y el exsecretario del Infide, Pedro Castillejo. Eso sí, preguntada por si había sido testigo de algún episodio anómalo en la gestión contable del sindicato, relató que «hace siete u ocho años» el acusado le pidió que solicitara en el departamento de contabilidad 300 euros y que se los entregara a una persona en un sobre con una tarjeta de visita, excusándose por no poder acudir a la boda de su hijo. «Yo nunca supe si ese dinero lo devolvió o no. No lo sé», quiso matizar. Lo mismo, completó, que cuando se usaba dinero de la caja para pagar libros que llegaban a su nombre al sindicato para su uso personal.

Carmen Blanco nunca le cuestionó aquel uso de los fondos del sindicato, ni ninguna otra cosa. «Era el jefe, era el amo. Era muy difícil que nadie le llevara la contraria. Yo, por supuesto, llevarle la contraria, nunca. Los demás, a puerta cerrada, en la ejecutiva, no sé lo que harían, pero él era el jefe», manifestó durante su declaración. Señaló incluso que es «imposible» que alguien se hubiera atrevido nunca a decirle que aquellos gastos no estaban justificados. «Hubiera implicado una bronca tremenda o cualquier cosa. Nadie le llevaba la contraria porque la gente le tenía miedo», afirmó.

Pese a su fama de austero, su secretaria personal negó que lo fuera. «No era opulento, pero no creo que fuera austero». Tampoco confirmó su reputación de trabajador incansable. «¿Trabajador? Bueno, depende. Es cierto que él no tenía horario y que había días que estaba hasta la una de la mañana en una reunión, pero otros días llegaba a las doce o a la una de la tarde a trabajar», puntualizó. «Él podía poner y quitar reuniones cuando le interesaba o cuando quisiera». Y «en los últimos años no iba mucho por el sindicato», respondió a preguntas de Ana García Boto, la abogada que defiende los intereses del exsindicalista, quien le cuestionó si sus ausencias podían tener relación con su enfermedad mental. «No, no. Para mí estaba bien de la cabeza», contestó, si bien admitió que «de la espalda siempre padeció».

La exsecretaria tiene la sensación de que Villa nunca tuvo realmente amigos dentro del sindicato. ¿Y enemigos? «No lo sé, pero era una persona muy difícil. Muy autoritaria», describió. Quizá por eso nadie osaba utilizar ninguno de los coches propiedad del sindicato porque todo el mundo entendía que eran para su uso exclusivo. «Eran de uso exclusivo para José Ángel. La única persona que los cogía era para ir a lavarlos o para repararlos», especificó Blanco, quien añadió que el exdirigente los usaba también «los fines de semana». Aseguró, por otro lado, que desconocía que el último vehículo, de marca Mitsubishi, estuviera a nombre del exlíder sindical. «Pensaba que era del sindicato porque hablaban de ponerle una defensa porque Villa se pegaba mucho con las columnas», rememoró.