El Comercio

«Pasábamos temporadas largas sin reunirnos. Villa no ponía mucho interés»

Amalio Fernández, en febrero, a la entrada del juzgado.
Amalio Fernández, en febrero, a la entrada del juzgado. / ÁLEX PIÑA
  • El exsecretario de organización del SOMA-UGT reconoció que las cuentas solo se aprobaban cuando cambiaban los miembros de la junta

El exsecretario de organización del SOMA-UGT Amalio Fernández reconoció el pasado mes de febrero, ante la jueza que instruye la querella contra José Ángel Fernández Villa, que la junta de administración de este ente -en el que una auditoría externa detectó importantes desajustes económicos- no se reunía de forma regular. «Había veces que se reunía y otras veces que pasaba largas temporadas sin hacerlo. Tenía que convocar el secretario con el visto bueno del presidente, y ahí estaba la dificultad. El presidente (en aquel momento José Ángel Fernández Villa) pasaba temporadas de baja y otras en las que no venía por otros motivos. Decía que no hacía falta y que para qué nos íbamos a reunir», relató. «¿No ponía interés?», le cuestionó el fiscal. «Yo creo que no», respondió ladeando la cabeza. «Con José Ángel era difícil la comunicación», añadió.

Amalio Fernández llegó a manifestar que las cuentas de aquel ente no se aprobaban anualmente, como se presupone, sino que se certificaban cuando se renovaban los miembros de la junta. «Cada cuatro años, o cada seis», calculó. Y, en cualquier caso, eran reuniones testimoniales en las que nadie ponía ninguna objeción. «Los informes que nos llegaban eran globales. No eran específicos y no se sabía en qué se gastaba cada partida», anotó.

Negó que él hubiera apreciado el deterioro cognitivo que tiene diagnosticado el exdirigente sindical, pero sí admitió, a preguntas de Miguel García Vigil, abogado del SOMA-Fitag-UGT, que ejerce como acusación, que «muchas veces coincidía» que los problemas de salud del exlíder se acentuaban cuando había un problema «importante» en el sindicato. Era habitual que en ocasiones no acudiera a las juntas excusándose por motivos de salud, pero luego firmaba las actas. «A veces se las llevaban a casa pero otras pasaba él mismo por el sindicato para firmarlas», especificó en respuesta a la abogada Ana García Boto, que defiende los intereses del exsindicalista.

Infide

Reconoció también durante el interrogatorio que se «extrañó» cuando en el sindicato se habló de adquirir un nuevo vehículo, el famoso Mitsubishi, porque el coche de marca Audi que había hasta el momento estaba en perfecto estado. «Me extrañó que habiendo un coche se fuera a comprar otro y lo comenté, pero me dijeron que lo iba a comprar José Ángel a nivel personal», recordó.

En relación a la fundación Infide, negó que en ninguna reunión del Patronato, del que formaba parte, se hubiera aprobado ni tan siquiera planteado autorizar el pago de gastos de representación al entonces secretario de la fundación, Pedro Castillejo, ni tampoco que se aceptara que éste dispusiera de tarjetas de crédito para abonar este tipo de gastos. No obstante, apuntó que le constaba que «tenía una tarjeta» porque «vi cómo pagaba alguna comida en la que yo mismo participé». Nadie nunca cuestionó en el Patronato las decisiones que adoptaba Pedro Castillejo, quien todos sabían que «estaba respaldado en todo momento por Villa». De las labores contables, dijo, se ocupaba Juan Cigales. «Lo decidieron los de arriba», contestó.