El Comercio

Villa, el pasado viernes, a su salida del hospital.
Villa, el pasado viernes, a su salida del hospital. / DAMIÁN ARIENZA

El SOMA, cortijo de Fernández Villa

  • Describen al exsindicalista como una persona autoritaria, capaz de «cualquier cosa» si alguien le cuestionaba y que hacía y deshacía a su antojo

  • Los testigos que declararon por la querella contra el exdirigente desvelan un descontrol total en la central

No hay fecha aún para el inicio del juicio por un presunto delito de apropiación indebida contra José Ángel Fernández Villa y Pedro Castillejo, cuya instrucción se prolonga ya más de un año, ni tan siquiera se sabe con certeza si el primero de los acusados por el sindicato SOMA-Fitag-UGT, que padece una enfermedad cognitiva degenerativa y fue dado de alta el viernes tras permanecer ingresado durante diez días en el hospital, podrá ser procesado. Pero, después de hacerse públicas las declaraciones en calidad de testigos de varias personas vinculadas con la organización sindical, cualquiera puede hacerse ya una idea de cómo funcionaba la central cuando el ahora cuestionado líder estaba al frente. José Ángel Fernández Villa hizo del SOMA su propio cortijo.

El desajuste económico tanto en el SOMA-UGT como en la Fundación Instituto para la Formación, la Investigación, la Documentación y los Estudios Sociales (Infide) que se desprende de la auditoría externa encargada por la ejecutiva actual es evidente. Pero, aunque muchos de quienes trabajaron codo con codo con Villa y Castillejo niegan haber sido conocedores de tal desorden, la falta de control en las cuentas no era en absoluto desconocida.

La junta administradora del SOMA-UGT apenas se reunía y cuando lo hacía era de forma testimonial. Nadie preguntaba por el destino de los fondos ni osaba cuestionar los gastos que, además, nunca se mostraban al detalle, sino en grandes cifras. «Los números los presentaba quien los presentaba, ¿por qué iba a ponerme yo a decir nada?», llegó a declarar ante la titular del Juzgado de Instrucción número dos de Oviedo Aquilino Ronderos -quien ocupó diferentes cargos de representación en el sindicato- en referencia al exdirigente. «Cuando me hice cargo de las cuentas me dijeron que pagara los gastos y chitón», aseguró el excontable de SOMA, Juan Cigales, en su interrogatorio. «El patronato aprobaba las cuentas. No preguntaban y yo tampoco decía nada», añadió en relación al Infide.

Se hacía lo que ordenaba Fernández Villa y no se planteaban dudas. «Era el jefe, el amo», declaró quien fuera durante décadas su secretaria personal, Carmen Blanco, que está convencida de que nadie se hubiera atrevido nunca a llevarle la contraria, ni mucho menos cuestionarle si sus gastos estaban justificados o sus procedimientos eran o no los más correctos. A ella misma le pedía discreción máxima cuando, cada mes, le ordenaba ir a cobrarle un cheque de Hunosa -empezó siendo de 100.000 pesetas y acabó ascendiendo a 315.000 pesetas- que hoy se sabe que correspondía a las dietas por asistencia a los comités intercentros suyas y del resto de sus compañeros. «Me decía: 'A ver si no dices a dónde vas'», reconoció ante la magistrada Simonet Quelle. Ella se limitó a cumplir sus órdenes. Lo mismo que cuando le solicitó que cogiera 300 euros de la contabilidad del sindicato y se los entregara en un sobre, con una tarjeta de visita, a una persona como regalo de boda para su hijo. «¿Llevarle la contraria? Yo, nunca», se justificó.

Aquel cheque nominativo por parte de Hunosa se convirtió años después en un ingreso mensual en una de las cuentas bancarias de la junta administrativa del SOMA-UGT, sin actividad sindical, en lugar de en las cuentas del sindicato SOMA-Fitag-UGT, donde correspondía. El entonces contable, Juan Cigales, se dio cuenta de que aquel ingreso -entonces de 2.500 euros mensuales- no tenía explicación alguna, pero cuando se interesó por su origen recibió un contundente «tú toma nota y olvídate» por parte del exdirigente sindical. No hubo más palabras.

Aunque algunos de sus colaboradores critican ahora -después de conocerse que el exsindicalista regularizó 1,2 millones de euros acogiéndose a la amnistía fiscal- las formas de Villa y tratan de distanciarse de él, otros como José Antonio Postigo se mantienen fieles. «Voy a ser su amigo hasta que me muera», dijo el expresidente del Montepío de la Minería. Postigo relató sin ruborizarse algunas de las deferencias que el sindicato tenía con su máximo dirigente y a las que nadie nunca puso ningún reparo. No parecía avergonzarle a Postigo compartir con la jueza cómo se decidió comprar al entonces secretario general un todoterreno marca Mitsubishi, que se puso a su nombre para eludir impuestos, y que se le pagó en cómodas cuotas. Tampoco se le veía abochornado cuando reconoció que, una vez liquidado el coste del vehículo, se mantuvo el ingreso «para compensar» al ahora acusado «porque había dejado de ser diputado voluntariamente». Villa fue el encargado de firmar aquella orden bancaria permanente para derivar unos 800 euros mensuales a su cuenta personal. Era sabido por muchos y «nadie dijo ni pío», anotó Juan Cigales.

Mucho se habló también en la sala de declaraciones sobre la faceta más personal del también exdiputado y exsenador. Son varios los que coinciden en que era una persona muy austera, pero a nadie se le escapa que con cargo al sindicato compraba libros, puros, ramos de flores y «le gustaba comer bien, íbamos al Asador de Aranda», apuntó el otro imputado, Pedro Castillejo.

El SOMA era para Villa toda su vida y no se cogía vacaciones, incluso «dejaba de hablar durante quince o veinte días» a quien sí las disfrutaba, pero hay quien advierte de que también desaparecía largas temporadas. A veces, pero no siempre, por sus diferentes dolencias, las mismas que ahora aduce su defensa para que no acuda a declarar y sobre las que siembra dudas el actual secretario general del SOMA-Fitag-UGT, José Luis Alperi, quien mantiene que hasta que se hizo pública su fortuna oculta tenía contacto con él y «hablaba con total normalidad y claridad». Villa no es el único que está en el ojo del huracán: la querella también acusa a Pedro Castillejo. «Me negué a unirme a una banda de buitres contra Villa y ahora pago las consecuencias», responde éste.