El Comercio

El continuismo del Gobierno de Rajoy reaviva el debate en el PSOE asturiano

Javier Fernández, Guillermo Martínez y Dolores Carcedo, en el pleno de la Junta General de esta semana.
Javier Fernández, Guillermo Martínez y Dolores Carcedo, en el pleno de la Junta General de esta semana. / ÁLEX PIÑA
  • La composición del nuevo Gabinete solivianta a los críticos con la gestora, que creen que es la prueba de que el PP no va a rectificar y que la abstención fue un error

Poco margen para la calma tendrá el PSOE en los próximos meses, con el congreso que deberá elegir al próximo secretario general en un horizonte de medio-largo plazo y cualquier movimiento, cualquier decisión que se tome hasta entonces, escrutada por mil ojos. Todo es sujeto de interpretación. Así sucede, por ejemplo, con la composición del nuevo equipo ministerial de Mariano Rajoy. No hay en el Ejecutivo ni la más mínima concesión a quienes, caso del PSOE con la abstención o Ciudadanos con su voto favorable, facilitaron la investidura del líder del PP. Para los socialistas asturianos críticos con el giro impulsado por la gestora de Javier Fernández desde el 'no es no' que defendió Pedro Sánchez a la abstención la lectura es clara: Rajoy no tiene intención ninguna de cambiar, de moverse hacia una posición de diálogo y cesión, y su elección de los nombres de sus colaboradores más directos es otra prueba de que la abstención fue «un inmenso error».

Fuera del PP, el diseño del Ejecutivo no ha gustado a nadie. En Ciudadanos, que dio el voto favorable a Rajoy, el desencanto por el perfil continuista del Ejecutivo se ha tratado de disimular con el mensaje de que lo que importan no son las personas y sí sus actos. Para el PSOE el análisis es aún más complejo.

Para la gestora, para Fernández, no había otra alternativa que criticar la composición del Gobierno, fuese la que fuese, después de una abstención que provoca un amplio rechazo en el partido, sobre todo entre las bases. No está muy claro que a los actuales responsables del PSOE les conviniese que Rajoy, con el diseño de su Ejecutivo, lanzase un mensaje que pudiera ser entendido por la ciudadanía como un síntoma de cortejo, de sintonía entre las partes. Otra cosa es que el resultado final, el blindaje que se hace del núcleo duro -Luis de Guindos, Cristóbal Montoro y Fátima Báñez- que alumbró las contestadas políticas económicas y laborales de estos años, se entienda como una advertencia clara del presidente de que no está dispuesto a revertir los grandes ejes de su política, comenzando por la reforma laboral.

Pero la apuesta de Rajoy sí que ha soliviantado a muchos socialistas partidarios de Pedro Sánchez y por tanto del 'no es no' que han visto en la elección que el presidente ha hecho de sus ministros una suerte de afrenta, de agravio al PSOE después de que los diputados socialistas, con su voto, permitieran su investidura. De «provocación» lo tildan algunos, de «bofetada en la cara» de Javier Fernández hablan los más duros. Pero, más allá de calificativos, la interpretación general es que Rajoy da muestras de escasa voluntad de diálogo y de nula intención de dar marcha atrás a sus políticas. «Por si lo no teníamos ya claro, se constata que la abstención fue un inmenso error», afirma un veterano cargo.