El Comercio

Javier Fernández, pensativo, en un momento de la sesión plenaria del pasado viernes en la Junta General del Principado.
Javier Fernández, pensativo, en un momento de la sesión plenaria del pasado viernes en la Junta General del Principado. / ÁLEX PIÑA

El Gobierno afronta sin apoyos el debate que marcará el rumbo de la legislatura

  • Distanciado de Podemos e IU y reacio a considerar al PP como posible socio presupuestario, Javier Fernández encara su momento más difícil como presidente

Nunca pensó Javier Fernández que gobernar Asturias con solo 14 diputados, los que conforman el grupo parlamentario socialista, fuera a ser fácil. Tampoco desbordó optimismo cuando consiguió sumar los cinco escaños de IU a través del pacto de investidura que le hizo presidente. Sabía que con Podemos en efervescencia, beligerante hasta el extremo, y con una derecha reunificada, restañadas las heridas entre PP y Foro, el mandato se antojaba peliagudo. Pero seguro que no llegó a pronosticar que las cosas fueran a torcerse tanto. El escenario político nacional, primero el carrusel de elecciones, luego el bloqueo y por último una insólita abstención del PSOE para permitir un gobierno del PP, ha impactado de lleno sobre la realidad del Principado hasta el punto de dejar al Ejecutivo autonómico maniatado. Este es el terreno de juego en el que se desarrolla, a partir de esta mañana, el debate sobre el estado de la región, en el que Fernández podrá comprobar si tiene alguna vía de escape del laberinto en el que actualmente se encuentra y que se presenta como clave para el devenir de la legislatura.

Fernández llega a este debate en una situación de soledad. El jefe del Ejecutivo ha navegado en esta primera parte del mandato con el apoyo puntual de IU, en virtud de un pacto de investidura que ya venía tocado y que ha naufragado después del giro que el PSOE ha dado en el ámbito federal, abandonando el 'no es no' a Mariano Rajoy de la etapa de Pedro Sánchez y facilitando con su abstención otros cuatro años de gobierno del PP. Que el presidente del Principado, en su calidad de responsable de la gestora socialista, haya pilotado ese viraje explica la fractura. Con Podemos, la otra pata de un hipotético acuerdo de la izquierda, no había nada que romper porque nada se ha pactado. Lo acontecido en Madrid no ha hecho sino reforzar los planteamientos de Emilio León y los suyos respecto de su relación con el Gobierno y el PSOE.

Aterriza Fernández en este debate en su momento más difícil como presidente. Sabe que las opciones de acuerdo con la izquierda son escasas, pese a lo cual revalidará su oferta de entendimiento a Podemos e IU. En el horizonte está la negociación de los presupuestos para 2017, un asunto siempre capital pero todavía más en esta ocasión teniendo en cuenta el actual escenario de prórroga y los riesgos de caer por segunda vez consecutiva en ese pozo. Ni la formación morada ni la coalición cerrarán la puerta a discutir con el PSOE de ese y otros temas pero esgrimirán un discurso durísimo con los socialistas por su papel en Madrid al propiciar un nuevo mandato de Rajoy. De ambas formaciones Fernández va a recibir muy poco oxígeno. No habrá una negativa al diálogo, pero el precio que pondrán al acuerdo sera caro. Carísimo.

El problema para Fernández, al tiempo presidente del Principado, secretario general de la FSA y responsable de la gestora del PSOE, es que esta vez tiene difícil encontrar una alternativa. En la anterior legislatura, cuando el pacto que tenía con Izquierda Unida y UPyD voló por los aires, encontró la comprensión de un PP que, centrado en distanciarse de Foro, apoyó los presupuestos de 2015 para vender un discurso de responsabilidad, de sentido de estado. La cuestión no es que esta vez los populares no estén ahí, que están, sino si el Gobierno socialista puede permitirse obtener ese respaldo.

El coste de pactar con el PP

En términos numéricos no sería muy complicado que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo. Bastaría alguna fórmula intermedia sobre la cuestión más sensible, el impuesto de Sucesiones, para articular un entendimiento. El problema tiene un cariz más político. Fernández ha pilotado en Madrid el giro socialista del 'no' a la abstención con un elevado coste interno en forma de rechazo de amplios sectores de la militancia. Ha dado además una baza al resto de partidos para articular un discurso de oposición, a partir del mensaje de un PSOE rendido al PP y alejado de la izquierda. Con estos precedentes, parece muy complicado que los socialistas y el Gobierno estén en disposición de escenificar con los presupuestos otra entrega de una supuesta entente cordial con los populares.

Se presume, pues, un debate duro y áspero, una especie de 'Fernández contra todos', con Podemos e IU echándole en cara sus andanzas nacionales, con Foro descalificando su política de cabo a rabo, con Ciudadanos pidiendo un giro profundo en su gestión y con el PP jugando su mejor baza, la del ofrecimiento de un acuerdo presupuestario al PSOE que evite una segunda prórroga. La suerte de la legislatura se juega en buena medida esta semana.