El Comercio

Podemos e IU tienden puentes en la Junta y acentúan la soledad del PSOE

Javier Fernández, ayer, durante la votación de las propuestas de resolución del debate sobre el estado de la región.
Javier Fernández, ayer, durante la votación de las propuestas de resolución del debate sobre el estado de la región. / MARIO ROJAS
  • Los socialistas, pese a insistir en la voluntad de pactar los presupuestos de 2017 con la izquierda, vetan las propuestas de reforma fiscal de sus potenciales aliados

La tercera sesión del debate sobre el estado de la región, la de discusión y votación de las propuestas de resolución presentadas por los grupos, ha perdido gran parte del sentido que una vez pudo tener. Se aprueban muchas iniciativas, sí, ayer 116 de las 146 registradas, pero su efectividad práctica es escasa. Muchas tienen como destinatario al Gobierno central, que, desde el respeto institucional, les hace muy poco caso, por no decir ninguno. Y el grueso de las mismas pretende orientar la acción política del Ejecutivo regional, que por lo general no puede o no quiere aplicarlas. Así que el impacto real del recién concluido pleno es nulo y tiene mucho más calado su lectura política, esa que constata el aislamiento del gabinete de Javier Fernández, aún más acentuado después de que las fuerzas teóricamente llamadas a ser sus aliados, Podemos e IU, hayan iniciado una suerte de cortejo encaminado a algún tipo de acuerdo -está por ver si entendimientos puntuales, si una confluencia a futuro- que deja a los socialistas todavía más solos.

Esa es, probablemente, la principal conclusión de estos tres días de maratonianas sesiones en la Junta. Que el PSOE ha perdido al único aliado con el que contaba -aunque fuera de forma puntual- en la Cámara, IU, quedando en una posición muy precaria. Y que la coalición, después del proceso interno que ha desembocado en la renovación de su liderazgo en la persona de Ramón Argüelles, ha iniciado una aproximación a Podemos, después de la tormentosa confluencia previa a las elecciones generales de junio. Un acercamiento al que la formación morada, aunque con precaución porque tiene mucho interés en mantener el discurso de la transversalidad, no se cierra, sea porque cree que puede sacar algo de provecho, sea porque sirve para colocar a su principal rival, los socialistas, en una situación de extrema debilidad.

A la mano que el nuevo coordinador de IU tendió tras la asamblea del pasado fin de semana en Avilés respondió en el pleno el secretario general de Podemos, Daniel Ripa, que consideró «positivo» explorar el entendimiento entre ambas fuerzas y «trabajar juntos» en busca de puntos de acuerdo. «Compartimos muchas cosas y hay que ahondar en la colaboración para transformar la sociedad asturiana», dijo prácticamente a continuación el diputado de la coalición Ovidio Zapico, que, eso sí, dejó bien claro que ese camino se comenzará a recorrer desde el respeto a la identidad, las siglas y el proyecto de IU.

Este movimiento de placas en la izquierda alternativa evidencia aún más la soledad parlamentaria del PSOE, que no obstante insiste en su apuesta por negociar con ambas formaciones los presupuestos de 2017. Lo hizo el propio presidente del Principado, Javier Fernández, preguntado al respecto en los pasillos de la Junta General, negándose a dar «por hecha» la prórroga -en una réplica al presidente de Fade, Pedro Luis Fernández- y mostrando su convicción de que hay puntos de equilibrio sobre los que buscar un consenso.

Esa dificultad para articular una mayoría de la izquierda y la consiguiente debilidad del PSOE se constató más en el desarrollo del pleno, en los constantes reproches entre los portavoces de las tres fuerzas, que en las votaciones. Sabedor de su minoría, el grupo socialista registró 20 propuestas de resolución que escapaban del enrevesado debate regional, donde más sufre, y se centraban en plantear exigencias al Gobierno central -acabar la variante de Pajares, una nueva financiación, dinero para dependencia...- de imposible rechazo para el resto. Esa maniobra y el hecho de que en la Cámara haya seis grupos, con los múltiples intereses cruzados que eso implica, permitió al partido salir relativamente bien parado. Sacó adelante 18 de sus iniciativas y quedó en desventaja en una treintena larga de votaciones.

Pero hubo más síntomas de que las cosas en la izquierda no carburan. A nadie extrañó que las propuestas tributarias de PP y Foro, la supresión del impuesto de Sucesiones en ambos casos y del gravamen sobre los hidrocarburos en el de los populares, no salieran adelante, porque la derecha no suma mayoría. Pero sí fue significativo que el PSOE votara en contra de las reformas fiscales que, por separado, registraron Podemos e IU. Lo hizo en un momento en que mantiene negociaciones con ambas fuerzas precisamente para revisar la estructura tributaria de la región. Sus portavoces captaron a la primera el mensaje de desconfianza -así lo interpretaron- que trasladaron los socialistas y que no augura nada bueno para el próximo paso, los presupuestos.