El Comercio

Asturias se juega otro año de bloqueo

Javier Fernández, en su escaño, escucha la intervención del portavoz de Podemos, Emilio León, en el pleno del miércoles.
Javier Fernández, en su escaño, escucha la intervención del portavoz de Podemos, Emilio León, en el pleno del miércoles. / PABLO LORENZANA
  • A la expectativa de una negociación con Podemos e IU que nace tocada, el escenario aboca al PSOE a elegir entre el acuerdo con el PP o una segunda prórroga consecutiva

  • El debate del estado de la región deja una izquierda rota y unos presupuestos para 2017 en el alero

Poco, muy poco ha dado de sí la legislatura en Asturias desde sus comienzos, allá por la primavera de 2015. Transcurrido prácticamente un año y medio, el balance es magro: el Gobierno de Javier Fernández vive conectado a la prórroga de unos presupuestos pactados con el PP, el impulso legislativo es escaso, las reformas se atascan en el trámite parlamentario... La Junta General se ha instalado en un bloqueo permanente, con el PSOE aislado en un rincón, Podemos en el extremo opuesto, IU virando desde el respaldo puntual al Ejecutivo a un acercamiento a la formación morada, Ciudadanos jugando un papel testimonial y la derecha, principalmente el PP de Mercedes Fernández, aguardando con entusiasmo su oportunidad de ser alternativa en los comicios inicialmente previstos para 2019. El problema ahora no es tanto la improductividad del pasado como el riesgo de que esta parálisis continúe un curso más si las fuerzas políticas son incapaces de llegar a acuerdos, comenzando por las cuentas para el próximo 2017. Un entendimiento que, a día de hoy, parece lejano.

El análisis de lo acontecido en el debate sobre el estado de la región celebrado esta semana confirma esta radiografía. Lejos de entenderse, las fuerzas que podrían articular una mayoría estable en la Junta General en el espectro de la izquierda, aunque Podemos insiste en quitarse esa etiqueta y enarbolar el discurso de la transversalidad, han ahondado en sus diferencias. Tanto que se ha avanzado hacia una división radical en dos bloques. Por un lado, un PSOE y un Gobierno apiñados en torno a sus 14 diputados, insuficientes para llevar la iniciativa parlamentaria. Por otro, la suma de la formación morada e IU, que después del cambio en la dirección de la coalición y el nuevo liderazgo que encarna Ramón Argüelles parecen dispuestas a olvidar viejas rencillas e intentar, al menos, explorar opciones de trabajo común y entendimiento. IU, que en el arranque de la legislatura y en virtud del acuerdo de investidura que hizo presidente a Fernández dio sustento parlamentario al Gabinete, se ha instalado en la oposición después del giro federal socialista desde el 'no es no' a Mariano Rajoy a la abstención que le ha convertido en presidente. Hay, pues, una fractura abierta.

Pese a ello, el presidente del Principado insiste en la apuesta por un acuerdo presupuestario por la izquierda que parece más la expresión de un deseo, o más probablemente una estrategia política, que un convencimiento real de que tal pacto sea posible. Fernández sabe, como lo saben Podemos e IU, que las relaciones están tan deterioradas que el pacto es poco viable. Así que el debate tiene que ver más bien con la escenificación del desencuentro, con quién carga con las culpas del mismo, que con otra cosa. En el debate, el jefe del Ejecutivo retó al portavoz de la formación morada, Emilio León, a dejar que «se escuche el portazo» en caso de que el partido no esté por la labor de negociar las cuentas con el PSOE. «Fernández nos pidió un portazo y no ha tardado ni dos días en darlo él mismo», le replicó León después de que el PSOE tumbase las propuestas de resolución en las que tanto Podemos como IU defendían sendas iniciativas de reforma fiscal.

El debate fiscal

Ese hecho no es menor. Resulta sintomático, y tanto Podemos como IU lo han interpretado casi como una declaración de guerra, que el PSOE votase en contra de esas dos propuestas de reforma fiscal -las dos planteadas en términos genéricos- cuando precisamente está negociando con ambas fuerzas sobre impuestos y ha llegado a algunos puntos de consenso, por más que persista la diferencia sobre si solo se está discutiendo de tributos, como sostiene la formación morada, o se trata ya de un debate presupuestario, como afirman los socialistas. El detalle de lo sucedido el viernes en el pleno resulta significativo de hasta qué punto están tensas las relaciones.

El desarrollo de los acontecimientos empuja al PSOE a una encrucijada. En caso de frustrarse la negociación con IU y Podemos, que se iniciará esta próxima semana, a los socialistas solo les quedarían dos alternativas: pactar las cuentas con el PP o asumir una nueva prórroga presupuestaria, la segunda consecutiva. Por utilizar la terminología empleada por los dirigentes del partido a la hora de elegir entre la abstención que facilitara la investidura de Rajoy o unas terceras elecciones, se trataría, ahora en Asturias, de escoger entre lo malo y lo peor.

Para el Gobierno y para Fernández en particular, como responsable de la gestora que ha pilotado ese viraje en Madrid, un apoyo del PP a sus cuentas tiene un elevado coste político. La abstención que ha permitido a Rajoy repetir mandato ha desatado una grave tormenta en el PSOE que ha provocado la salida del ex secretario general Pedro Sánchez del Congreso y que ha despertado el rechazo frontal de amplios sectores de la militancia. Con esos precedentes, que se visualice la imagen de un nuevo acuerdo entre socialistas y populares, una entente cordial, y con un tema tan trascendente como los presupuestos del Principado, no convence en absoluto al presidente y líder de la FSA.

El PP asturiano, que lo sabe, pone al PSOE, y a Fernández en concreto, en un aprieto. Ya no exige la eliminación total del impuesto de Sucesiones, como planteaba en un principio, y abarata el precio de su apoyo admitiendo una reforma del tributo 'a la gallega' que implique elevar el mínimo exento de los 150.000 euros actuales a 400.000. En el debate sobre el estado de la región algunos socialistas bromeaban con que la presidenta popular, Mercedes Fernández, estaría encantada de dar su voto favorable al presupuesto independientemente del proyecto que se presente, con tal de poner al Ejecutivo en una posición delicada.

La peor opción

La cuestión es que la otra alternativa, 'lo peor' en el argot de los socialistas, sería la prórroga, la segunda consecutiva con lo que ello supone de bloqueo económico -lentitud para movilizar recursos con que sostener los servicios, ralentización de unas inversiones ya de por sí exiguas...- y de desgaste político para el Ejecutivo y su presidente, al calar la imagen de un gabinete incapaz de sacar adelante su acción de gobierno.

Es una tesitura complicada y en unas semanas comenzarán a despejarse las incógnitas, comenzando por el desenlace de las negociaciones del PSOE con Podemos e IU, que arrancarán con unas expectativas bajo mínimos. El calendario comienza a apretar y todo apunta a un final de año caliente en la Junta General.