El Comercio

Díaz quiere liderar la oposición desde Sevilla

Nunca perdió la voz en temas nacionales, pero ahora la potencia e incluso la pasea. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, vuelve a entrar en la competición por el liderazgo del PSOE sin confirmarlo, y ha salido del enclaustramiento tras el infernal Comité Federal de octubre para lanzarse a una campaña de recuperación y potenciación su imagen, muy dañada tras aquel episodio. Ella y su entorno insisten en que la prioridad sigue siendo Andalucía, pero ya no niegan con la rotundidad de antes que vaya a ser candidata y, además, defienden que la secretaría general del PSOE es un cargo compatible con la presidencia de la Junta de Andalucía. Eso es lo que quiere demostrar ahora liderando la oposición desde Sevilla.

Dio una muestra de sus planes al embarcarse esta semana en un carrusel de entrevistas en las que tocó todos los palos de la política nacional. El momento elegido no fue casual. El conflicto entre el PSOE y el PSC vivía sus horas más calientes, hasta que el presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, y el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, decidieron apagar el fuego con una congelación de dos meses.

Luego vino un multitudinario acto del PSOE andaluz que, con la excusa de Felipe González, logró reunir en público por vez primera desde su baja del partido a los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y donde recibió elogios a su «fuerza y coraje» para liderar el partido. Una súbita locuacidad que justifican en su entorno con el argumento de que «no podía estar permanentemente callada», y 'sotto voce' reconocen que su proyección como una de los gobernantes autonómicos con más peso ayuda a pulir una imagen que a los ojos de los militantes salió dañada de aquel Comité Federal que se saldó con la dimisión de Pedro Sánchez, y en la que todos vieron detrás la mano de ella.

La prioridad, dice ella, sigue siendo Andalucía, la agenda institucional y hacer mucha calle, pero Díaz ha cambiado el tono de sus intervenciones, mucho más conciliador, para aparecer como la líder de la oposición que los socialistas no tienen. No ha cambiado su mantra desde aquel 1 de octubre: «Hay que coser el partido», y no dar puntada sin hilo, aunque esto último no lo dice.