El Comercio

La escasa inversión, los impuestos y la nula confianza política atascan los presupuestos

  • La negociación tropieza con el escaso margen de recursos, la necesidad de encajar las propuestas de Podemos e IU y las estrategias partidistas

Los números no engañan. No, al menos, a quien no quiera dejarse engañar. El Principado trabaja sobre un proyecto de presupuestos de unos 4.200 millones de euros, a partir del cual negocia con Podemos e IU. De esa cantidad, 2.848 millones se los llevan las tres consejerías del gasto social: Sanidad, Educación y Servicios Sociales. Otros 445 ya están asignados al pago de la deuda, entre amortizaciones e intereses. Hay otras cuestiones inamovibles, como los casi 40 millones para satisfacer los compromisos pendientes de la ZALIA o Sogepsa. Como consecuencia, la inversión destinada a activar el motor de la economía regional se ve reducida a unos exiguos 300 millones. «El margen para cambios es escaso», admite, resignado, uno de los negociadores. El acuerdo depende de cuestiones tangibles como el dinero destinado a una u otra actuación, sí. Y de la política fiscal, desde luego. Pero también de la estrategia política de cada uno de los actores en liza, de PSOE, Podemos e IU. Y en ese terreno las cosas no son fáciles.

Porque, para qué engañarse, la confianza entre los tres partidos es muy escasa. El PSOE tiene serias dudas de que Podemos no vaya a repetir la jugada del pasado año, cuando presentó una enmienda de totalidad minutos antes de que se cerrase el plazo. La formación morada, por su parte, confía lo justo en que los socialistas, después de facilitar la investidura de Mariano Rajoy, tengan la intención de dar un viraje a sus políticas. Y entre Podemos e IU también hay recelos mutuos, lejos como están de la confluencia que ambas organizaciones sí desarrollan en el Congreso.

Muchos en la Junta General creen, al hilo de este argumento, que Podemos no estará por la labor de dar oxígeno a un PSOE al borde de la asfixia. En cuanto a IU, escaldada de la experiencia del pasado año, no se aventurará a cerrar un entendimiento con los socialistas si no hay garantías de que cuaje el pacto a tres bandas. La desconfianza lo preside todo.

Hay, en lo práctico, muchas piezas que encajar. Tanto Podemos como IU quieren más dinero para potenciar una inversión que juzgan escasa. Y luego cada formación tiene sus prioridades de gasto que chocan con la crudeza del escenario financiero. Y, por supuesto, está la cuestión fiscal.

La decisión del PSOE de elevar de 150.000 a 200.000 euros el mínimo exento en el impuesto de Sucesiones es un paso en la dirección que reclama Podemos, a costa de reducir la recaudación en unos 20 millones. Una merma que complica otras reivindicaciones de la formación morada, caso de la rebaja del IRPF a las rentas medias y bajas. Hay que tener en cuenta, además, que toda iniciativa que provoque un decrecimiento de los ingresos topa con la suspicacia de IU, que si bien admitiría a regañadientes la reforma de Sucesiones, pone como condición que se acepten sus impuestos sobre bolsas de plástico, residuos y contaminación de la industria, que Podemos mira si no con rechazo, sí con indiferencia. Lo dicho, un lío.