El Comercio

Fernández pide unidad mientras los críticos perfilan una candidatura alternativa

Mercedes Fernández y Agustín Iglesias Caunedo, ayer, momentos antes del inicio del comité ejecutivo del PP.
Mercedes Fernández y Agustín Iglesias Caunedo, ayer, momentos antes del inicio del comité ejecutivo del PP. / MARIO ROJAS
  • Los descontentos con la gestión de la presidenta del PP apuran el paso para aglutinar fuerzas ante la perspectiva de un congreso en primavera

Que todas las miradas se concentren hoy sobre el PSOE, abierto en canal después de la controvertida abstención que ha permitido gobernar a Mariano Rajoy, no significa que no haya movimientos internos en otros partidos. Subterráneos, de momento, pero que sin duda sacudirán la superficie cuando llegue el momento. Es el caso del PP. El escenario parece de momento propicio para su presidenta, Mercedes Fernández, que observa con regocijo el desplome del tradicional adversario socialista y que se ve en una posición privilegiada para asaltar la Presidencia del Principado en las elecciones de 2019. Para conseguir ese objetivo pidió ayer unidad y «sentido común» a los suyos para evitar divisiones internas como las vividas en el pasado, sabedora además de que antes de pensar en nuevos comicios debe imponerse en el congreso que su formación tiene pendiente en Asturias. Un cónclave que también preparan los críticos con su gestión, que son muchos y que «con total seguridad» presentarán una candidatura alternativa, según confirmaron ayer a este periódico fuentes de ese sector.

Quedan todavía unos meses para que llegue esa cita y antes debe celebrarse el congreso nacional, convocado para febrero, en el que Mariano Rajoy revalidará su liderazgo y en el que se decidirán las normas que regirán los cónclaves regionales que se celebrarán a continuación. Son varios los dirigentes autonómicos del PP que plantean modificar el modelo actual, en el que los afiliados eligen a unos compromisarios que acuden al congreso y votan, por un mecanismo abierto que permita a los afiliados elegir directamente al líder del partido. Esta segunda opción plantea un escenario más imprevisible y reduce el control del aparato sobre el proceso. Antes de lanzarse definitivamente, los críticos con Mercedes Fernández quieren conocer el terreno de juego en el que habrán de moverse.

Pero «con absoluta certeza», en cualquiera de los casos, sea con congreso abierto, sea con el formato actual, habrá candidatura alternativa a la de Fernández. El descontento con la gestión de la presidenta se extiende por amplios sectores del partido, tanto en las grandes juntas locales -Oviedo o Avilés- como en muchas pequeñas. El objetivo de quienes trabajan en un 'plan b' para el PP es aglutinar toda esa irritación, en muchos casos de origen diverso, y concentrarla en un mismo proyecto. Todo a su tiempo, dicen quienes están en esa operación, pero sin perder un minuto porque sospechan que Fernández convocará el congreso regional sin dejar pasar mucho tiempo desde el nacional.

Evitar otra quiebra

Fernández, que es consciente del flanco que tiene abierto, intenta presumir de sus fortalezas. Del hecho de que Rajoy siga al frente del proyecto nacional y eso pueda amedrentar a los críticos, conocedores del recelo del presidente del PP a los cambios. De la debacle del PSOE y la forma en que eso aúpa sus expectativas. Ayer, en la reunión del comité ejecutivo regional, señaló que el partido está en un «buen momento» y, como mensaje a los descontentos, reclamó «sentido común» para evitar una nueva fractura que facilite otro gobierno de la izquierda en Asturias tras las próximas elecciones. Pidió «lealtad» pero no tanto en clave interna como con los asturianos «que nos votan y quieren otro modelo de gobierno y no tripartitos».

Un mensaje, el de la lealtad para con los votantes, que muchos leyeron como una referencia directa a uno de sus enemigos internos, Gabino de Lorenzo, que hace unos días precisamente presumió de su lealtad, pero al PP, como aval para seguir como delegado del Gobierno.