El Comercio

Cristina Coto y Javier Fernández, ayer, en Oviedo.
Cristina Coto y Javier Fernández, ayer, en Oviedo. / DAMIÁN ARIENZA

El PP se ofrece para pactar y evitar un acuerdo con los «extremistas» de Podemos

  • Foro constata la dificultad para entenderse con el PSOE y alerta de que un proyecto con más deuda que inversión supone «un presupuesto enfermo»

El discurso de la responsabilidad es muy del gusto de la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández. Fue el que utilizó para aprobar los presupuestos del PSOE en 2015, en una decisión inédita, aunque en el trasfondo estuviera una estrategia política orientada a desmarcarse del por aquel entonces enemigo directo, Foro, y el mensaje del 'no a todo' que se le echaba en cara. Y es el que maneja ahora para abrir la puerta a un nuevo entendimiento económico con los socialistas, en este caso para impedir un pacto con un partido «extremista» como a su juicio es Podemos. Fernández obtuvo ayer el mandato del comité ejecutivo popular para abrir ese diálogo.

La presidenta del PP se verá con el jefe del Ejecutivo regional, Javier Fernández, esta misma semana, para abrir unos contactos que en un primer momento no pasarán de protocolarios. El PSOE quiere explorar primero la vía de Podemos e IU antes de ponerse en la tesitura de tener que elegir entre una segunda prórroga consecutiva o un respaldo de los populares tremendamente incómodo en lo político. Ayer, Mercedes Fernández invocó sus exigencias fiscales, una reforma en profundidad del impuesto de Sucesiones, como clave para un consenso.

Un acuerdo que es prácticamente imposible en el caso de Foro, cuya presidenta, Cristina Coto, se reunió ayer con el presidente regional, con la consejera de Hacienda y con el portavoz parlamentario socialista. Un encuentro cordial que dio para poco, constatadas las posiciones «muy diferentes» entre ambas partes, en palabras de Coto.

La líder de Foro explicó que el presupuesto socialista necesita de una amplia corrección en materias como la fiscalidad, la inversión o la deuda para acercarse a sus pretensiones, revisión que da por hecho que el PSOE nunca aceptará. Y utilizó dos de esas tres variables para ejemplificar los males que presenta el documento. Un presupuesto con más deuda -445 millones entre amortización e intereses- que inversión, apenas 300 millones, es un presupuesto «enfermo».