El Comercio

El PSOE abre la puerta a pactar con el PP, pero su prioridad es la izquierda

Mercedes Fernández saluda a Javier Fernández, con Dolores Carcedo a la derecha.
Mercedes Fernández saluda a Javier Fernández, con Dolores Carcedo a la derecha. / ÁLEX PIÑA
  • La diferencia con los populares sobre el impuesto de Sucesiones ronda los 15 millones al año, pero el problema es político, no económico

La negociación de los presupuestos de 2017 se ha convertido en un campo plagado de minas para el Gobierno. Los socialistas, con su secretario general y presidente del Principado, Javier Fernández, al frente, mantienen la apuesta por llegar a un acuerdo con Podemos e IU que se antoja más difícil a cada día que pasa, en vista de los ataques y los reproches cruzados que se suceden y que ayer se volvieron especialmente virulentos. En ese ambiente se desarrolló la reunión que el jefe del Ejecutivo asturiano mantuvo con una delegación del PP encabezada por su líder, Mercedes Fernández, la otra teórica posibilidad para que el PSOE pudiera sacar adelante sus cuentas. Esta vez, a diferencia de ocasiones anteriores, cuando se descartó por completo esta alternativa, el portavoz socialista, Fernando Lastra, admitió la posibilidad de dialogar con los populares sobre el principal escollo que hay sobre la mesa, el impuesto de Sucesiones, que unos quieren eliminar y otros, únicamente reformar.

Remarca el Ejecutivo socialista que su prioridad es llegar a un pacto con Podemos e IU. Preferentemente antes del lunes, cuando el proyecto se registrará en la Junta General, aunque a partir de ahí se abre una larga tramitación que no culminará hasta el 30 de diciembre, fecha establecida para la votación final, un periodo durante el cual es posible -aunque con más limitaciones- el diálogo. Insistió en ese mensaje Lastra, que retó a la formación morada a aceptar la invitación de participar en una reunión a tres bandas con PSOE e Izquierda Unida para tratar de desatascar el proceso. Y también la voz del Gobierno, Guillermo Martínez, que reclamó a Emilio León y los suyos «claridad y franqueza» para facilitar el camino hacia un posible entendimiento.

El problema es que la posibilidad de un acuerdo tripartito parece más lejos que nunca. En lugar de dulcificarse, el tono de la relación entre las partes se endurece. Podemos rechazó ayer incorporarse a esa negociación a tres bandas que le piden PSOE e IU y dejó claro, a través del diputado Enrique López, que se mantiene la estrategia de continuar dialogando de forma bilateral con el Gobierno. López echó además más leña al fuego al acusar al Ejecutivo de dilatar la negociación retrasando el envío de información a su grupo y haciéndolo de forma errónea. Y entró en el debate de fondo al afear al gabinete que escamotee entre 15 y 20 millones de euros a las arcas públicas por su negativa a renegociar con los bancos las condiciones de la deuda.

Tampoco el mensaje del Gobierno fue precisamente conciliador. Martínez atacó a Podemos por su estrategia de «jugar al gato y al ratón» utilizando «excusas» -la deuda, una posible subida de sueldos a los altos cargos...- para obstaculizar la negociación. Emplazó a sus responsables a huir de «teatrillos, postureos y simulacros» y pidió «franqueza y claridad» y no un enredo permanente.

La beligerancia entre PSOE y Podemos deja en agua de borrajas los avances constatados en el diálogo con IU. No en materia fiscal, porque ahí sigue habiendo muchos flancos abiertos, aunque sí en el capítulo de gasto. El portavoz de la coalición, Gaspar Llamazares, relató que se ha conseguido flexibilizar la posición socialista asegurando más recursos para el salario social, un plan de rescate ciudadano o la red de cero a tres años, hitos que en todo caso son aún insuficientes para dar nada por cerrado. La negativa de la formación morada a sentarse a una mesa a tres para discutir esta y otras variables lo frena todo y favorece la «incertidumbre».

Pese a las reiteradas llamadas a la negociación, el clima entre PSOE, Podemos e IU es de enquistamiento y eso coloca en una posición relevante al PP, que acudió a la sede de la Presidencia con el discurso conocido: la disponibilidad a respaldar el presupuesto si se cumple el único requisito de eliminar el impuesto de Sucesiones para los herederos directos.

«Posición intermedia»

La cuestión es que el PSOE, que hasta la fecha había mantenido un discurso que no contemplaba el acercamiento al PP, lo moduló ayer. Aceptó explorar el diálogo con los populares para llegar a una «posición intermedia» entre la eliminación del tributo que plantea Mercedes Fernández, que supone que las arcas públicas pierdan 17,5 millones el primer año y 35 los siguientes, y su plan de elevar el mínimo exento de 150.000 a 200.000 euros, lo que equivale a dejar de ingresar 10 millones el primer ejercicio y 20 a partir de ahí. «Si se trata de buscar soluciones factibles que no contradigan nuestra política fiscal, estamos abiertos a la discusión», reflexionó Lastra.

El escollo para un pacto PSOE-PP no es económico. Entre las dos propuestas hay una diferencia de pérdida de ingresos para la administración de entre 7,5 y 15 millones, cantidades que no son inasumibles. El problema es político. Para Javier Fernández, que pilota la gestora socialista que acaba de virar desde el 'no' a Mariano Rajoy hacia la abstención que favoreció su investidura, sería tremendamente incómoda la escenificación de un entendimiento con los populares, sobre cualquier tema pero especialmente en algo tan sustantivo como el presupuesto. Claro que la alternativa, también difícil, sería una segunda prórroga consecutiva.

La actitud del PSOE ya genera sospechas. El portavoz de Podemos, Emilio León, ironizó con la «cortesía» de los socialistas hacia la propuesta fiscal de un Partido Popular «que se ofrece como muleta».