El Comercio

UGT mete presión al Gobierno para que pacte los presupuestos de 2017, incluso con el PP

El secretario general de UGT en Asturias, Javier Fernández Lanero, saluda al presidente del Principado, Javier Fernández, en la reunión que mantuvieron el pasado mes de mayo.
El secretario general de UGT en Asturias, Javier Fernández Lanero, saluda al presidente del Principado, Javier Fernández, en la reunión que mantuvieron el pasado mes de mayo. / ÁLEX PIÑA
  • El Ejecutivo se abre a un diálogo «sin exclusiones» al que incorpora a los populares, aunque el papel de Javier Fernández en la gestora es el escollo

En vista de que la vía del acuerdo por la izquierda parece prácticamente cegada, al Gobierno regional comienzan a lloverle los cantos de sirena -o las presiones, según se mire- para que cambie de estrategia y busque al PP para sacar adelante los presupuestos de 2017. Cantos de sirena procedentes del propio PP, que ayer reiteró su emplazamiento al Ejecutivo para que se avenga a negociar sobre la base de su exigencia de suprimir una parte del impuesto de Sucesiones. Y presiones que llegan desde el entorno del propio PSOE, desde la UGT, el sindicato hermano, cuyo secretario general, Javier Fernández Lanero, dio por buena cualquier fórmula, «la que sea», incluyendo el entendimiento con los populares, para que Asturias tenga unas cuentas de nuevo cuño el próximo ejercicio.

Todo el mundo en el Gobierno y en el PSOE asume que la posibilidad de llegar a acuerdos en materia presupuestaria con Podemos e IU es una quimera. Y no por responsabilidad de Gaspar Llamazares y los suyos, a los que se reconoce su disposición al diálogo, sino por la actitud de Podemos, a cuyos responsables se afea una actitud de obstaculización permanente. El portavoz del Ejecutivo, Guillermo Martínez, ya puso ayer poco énfasis en la apuesta casi exclusiva por ese entendimiento a tres y abrió el foco hacia un diálogo «sin exclusiones» del que no se deja fuera al PP.

Un entendimiento entre socialistas y populares, sin ser la opción más deseable para UGT, sí sería mejor que otra prórroga en opinión del secretario general del sindicato, que pidió «flexibilidad» a Gobierno y oposición para sentarse a negociar, aparcando los «intereses partidistas» en beneficio de todos.

Fernández Lanero consideró «lógico y natural» que hubiera un acuerdo de la izquierda pero señaló que, de ser imposible, su apuesta es pactar «con quien sea necesario», incluyendo el PP, para que el presupuesto salga adelante. «Lo importante no es con quién se pacta sino lo que se pacta», anotó, precisando que, en caso de un hipotético consenso con la derecha, sí habría que garantizar que el proyecto no sufriera modificaciones sustanciales, especialmente en el capítulo del gasto social.

La negociación sitúa pues al PP en una posición preponderante. Los populares parecen disfrutar con ello, ya que a diario remarcan esa voluntad de acuerdo que en términos políticos hace mella en el Gobierno y singularmente en su presidente, Javier Fernández, que en su calidad de líder de la gestora del PSOE que favoreció la investidura de Mariano Rajoy huye de cualquier gesto de acercamiento a la derecha para evitar que cale el discurso de la 'entente cordial' que tanto le echa en cara Podemos. La líder popular, Mercedes Fernández, echó más leña al fuego al rechazar que se plantee una abstención que permita que el presupuesto se apruebe 'de tapadillo' y defender que quiere «influir» en esas cuentas por la vía de actuar sobre el impuesto de Sucesiones, aunque no sea de forma directa porque el capítulo de ingresos ya no se puede tocar. Quiere un acuerdo con todas las de la ley y no subterfugios porque, razona, su partido tendría que asumir el coste de respaldar políticas socialistas en las que no cree.

«Pan comido»

Aunque en público el Gobierno desvincula el papel de Fernández en la gestora de la política asturiana, en privado asume que son dos temas indisolublemente vinculados. En otras circunstancias, razonan sin tapujos desde el PSOE, el pacto presupuestario con el Partido Popular sería «pan comido».